Cientos de personas desafían la lluvia por Santa Águeda en Cruces

Cientos de personas desafían la lluvia por Santa Águeda en Cruces
Maika Salguero

Una hilera constante de devotos ha animado esta mañana de domingo la repetición de la romería en Barakaldo, donde no han faltado la música y la gastronomía

SERGIO LLAMAS

Las devoción a Santa Águeda ha pesado más que las fuertes lluvias para los cientos de baracaldeses y vecinos de pueblos aledaños que se han animado esta mañana a subir las cuestas del monte Arroletza y participar en la repetición de la romería. Cubiertos con chubasqueros y combatiendo el viento con paraguas, los fieles que no pudieron participar en la cita del martes –y los que se quedaron con ganas de más– han remontado desde primera hora las subidas de los barrios de Cruces y Basatxu para llegar hasta la ermita, donde no faltaba el ambiente festivo. «Aunque llueva, este día sabemos que la gente no va a faltar», ha señalado el párroco, Oscar González.

Tampoco han faltado los cánticos, ni la música de los txistularis. «Tocamos todos los años. Llueva o nieve», ha apuntado Jon Iñaki, de Portugaleteko Txistu Zaleak. Además de alegrarse los oídos, quienes han participado en la fiesta también se han animado los estómagos con talos, rosquillas y productos de caserío, como los quesos que ha acercado José Ramón Etxabe, de Urretxu (Gipuzkoa). «El martes fue mejor día, pero hoy también está viniendo bastante gente», ha celebrado.

Una tradición capaz de reunir a todas las generaciones
Irantzu Miguel, Nerea Martín y Jon Eguzkiagirre (de los barrios de Cruces y Retuerto, en Barakaldo).
Irantzu Miguel, Nerea Martín y Jon Eguzkiagirre (de los barrios de Cruces y Retuerto, en Barakaldo). / Maika Salguero

«El martes no pudimos subir por el trabajo y las clases, así que hoy hemos aprovechado», explican los jóvenes que tienen costumbre de acudir a Santa Águeda todos los años. «Hay que ir arriba a comer el talo, sobre todo con el día que ha salido, que da más apetito», afirma Jon, que también ha aprovechado el viaje para comprar pan y empanada que llevar a casa. «Hay que hacer gasto en los puestos», añade. La lluvia y las cuestas no les ha echado para atrás, aunque una vez arriba no se han demorado mucho pese al «buen ambiente». «Cuando hace bueno subimos una toalla y nos quedamos de 'parlada', pero con el día que ha salido imposible», afirman.

Cristina Mikelez, Izaskun Larrañaga, Lara Rodríguez y Laura Remesero (Barakaldo).
Cristina Mikelez, Izaskun Larrañaga, Lara Rodríguez y Laura Remesero (Barakaldo). / Maika Salguero

Empapadas, pero felices de haber aprovechado la mañana, este grupo de baracaldesas no se han rendido a pesar de la lluvia. «La idea de darnos la vuelta se nos ha pasado por la cabeza, pero no le hemos hecho caso», afirman las jóvenes, de 23 años, que cogieron afición a Santa Águeda de acudir con el colegio cuando eran pequeñas. «Íbamos con un palo y cantábamos. Ahora la gracia es tomarse alguna cosa arriba y comprar alguna cosa», afirman. Además de queso, tampoco faltan los dulces. «Es que hemos subido solo por las rosquillas», bromean.

Lali Simal, Marga Rojas, Toñi Castro, Maite Mentxaka, Angelines Moreno, Trini Casamero, Lourdes Núñez, Mari Carmen Alcelai, Eugenio Chaparro, Elena Moral, Ricardo Sáez, Antonio Correo, Alfonso Romero, Carlos González, Rafael Escalante, Eladio Pérez, José Fernández, Teresa Díez y Águeda Luis.
Lali Simal, Marga Rojas, Toñi Castro, Maite Mentxaka, Angelines Moreno, Trini Casamero, Lourdes Núñez, Mari Carmen Alcelai, Eugenio Chaparro, Elena Moral, Ricardo Sáez, Antonio Correo, Alfonso Romero, Carlos González, Rafael Escalante, Eladio Pérez, José Fernández, Teresa Díez y Águeda Luis. / Maika Salguero

El grupo de montaña Ibilbideak, de Astrabudua, ha visto tiempos peores que el de esta mañana. «Aquí hemos venido hasta con nieve», recordaban este domingo los valientes, que partieron a las nueve de la mañana de San Mamés para afrontar una caminata de 15 kilómetros. «Salimos todos los jueves y los domingos. La lluvia no nos asusta. Nos ponemos los ponchos y a seguir», afirman. Tomar algo arriba y ver la ermita de Barakaldo, a los pies del monte Arroletza, es una recompensa más. «Eso y coger el talo», agregan.

Ziortza Lafuente con sus hijos Izei (5 años), June (5 años), Aratz (7 años), los abuelos Doni Lafuente y Merecedes Iglesias y un amigo de Santurtzi, Ángel Miravalles.
Ziortza Lafuente con sus hijos Izei (5 años), June (5 años), Aratz (7 años), los abuelos Doni Lafuente y Merecedes Iglesias y un amigo de Santurtzi, Ángel Miravalles. / Maika Salguero

Los pequeños Izei, June y Aratz están acostumbrados a caminar. Por eso la subida a Santa Águeda no representa ningún desafío para esta familia baracaldesa. «La lluvia nos asustó un poco pero nos refugiamos en la cafetería (en Basatxu) hasta que pasó lo peor, y luego seguimos para arriba», comentó Ziortza ya junto a la ermita. «Esta vez teníamos que venir porque ya llevábamos tres años sin subir, sobre todo por el mal tiempo», apuntó la mujer.