Dos centenares de personas salen a la calle en Barakaldo para rechazar la última agresión sexual

Una imagen de la manifestación de este domingo. /Argitan
Una imagen de la manifestación de este domingo. / Argitan

La víctima es una mujer nicargüense que no tiene papeles y su presunto agresor ya ha sido detenido

EFE

Más de 200 personas se han concentrado este domingo en la Herriko Plaza de Barakaldo para expresar su rechazo a la agresión sexual ocurrida el pasado viernes en un bar del barrio de la zona Beurko Bagatza. Tras una pancarta con el lema 'Erasorik ez erantzunik gabe-Ninguna agresión sin respuesta', la concentración silenciosa, convocada por organizaciones feministas de la localidad y a la que se ha sumado el Ayuntamiento, se ha prolongado durante media hora.

La alcaldesa de Barakaldo, Amaia del Campo, ha señalado que con la protesta llevada a cabo se ha querido «transmitir una voz unánime» de que en Barakaldo «no vamos a tolerar este tipo de conductas». Ha indicado que «las mujeres estamos ya hartas de que alguien se crea con derecho de atacarnos solo por el hecho de ser mujeres» y ha asegurado que Barakaldo va a estar «apoyando a todas las víctimas» y que el municipio rechaza «cualquier expresión de violencia y de discriminación contra las mujeres».

Colectivo desfavorecido

La portavoz del centro asesor de la mujer Argitan, Liz Quintana, ha señalado que con la concentración que se ha realizado se ha querido denunciar la agresión sexual «a una mujer nicaragüense» ocurrida el viernes y por la que fue detenido un varón. Ha destacado que no es «un caso aislado», sino que forma parte de «toda una estructura de violencia que se ejerce contra las mujeres y que tiene diferentes formas de expresión».

También ha señalado que en este caso la víctima ha sido «una mujer migrada sin papeles» y ha asegurado que «existen otras muchas situaciones en las cuales se aprovechan supuestas ofertas de trabajo para ejercer violencia machista sobre mujeres migradas». Ha manifestado que las agresiones machistas son «un goteo continuo» que no es «fruto de la casualidad y la mala suerte», sino de «una violencia estructural» por lo que ha reivindicado un cambio de estructuras en el que las mujeres dejen de ser «ciudadanos de segunda»

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