El Correo

«Cada uno en su casa», clama Zierbena al celebrar 24 años de su desanexión

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Los vecinos de Zierbena han celebrado la efeméride. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

  • La independencia del municipio galipo sobre Abanto se firmó, gracias a un referéndum, el 15 de octubre de un ya lejano 1992

«Vivió toda su vida aquí: se casó, trabajó, tuvo sus hijos aquí y murió aquí. Pero a Gabriel se le recuerda como ‘el de Muskiz’, porque nació allí». Así son los de Zierbena. Pedigri galipo con label de calidad. Se es o no se es. Sin medias tintas. Orgullo y suficiencia a brazadas. Tanto como para echarse el pueblo a sus espaldas y, un 15 de octubre de 1992, proclamarse independientes de Abanto y Ciérvana. Una efemérides que los vecinos conmemoraron ayer entre grandes dosis de emotividad y algo de balance crítico: «Capricho» para los menos; «necesidad que el tiempo no ha hecho más que corroborar», para la mayoría.

«Con barro hasta las rodillas, así llegábamos a casa en Kardeo», recuerda José Luis Lanbarri junto a Julio Ruiz en la iglesia de San Román, mientras esperan a la «misa de la desanexión». Ambos se casaron allí el 20 de octubre de 1962 con apenas una hora de diferencia. «A mí me cogió una de Kardeo y a Julio una de Valle», se regodea el primero antes de volver a entrar en harina: «Es que Gallarta no se gastaba un duro en nosotros, en el barrio a lo más nos tiraba un camión de grijo en el arcén y los vecinos teníamos que turnarmos para allanar el camino hasta la carretera, allá arriba. Y si llovía, todo para abajo y vuelta a empezar». Ahora, sin embargo, «pues todo adoquinado, los servicios de suministro soterrados... un Kardeo genial». Y en La Cuesta «pues otro tanto, sin aceras, una pequeña bombilla iluminaba toda la calle...», enumera Eduardo Renovales, orgulloso a sus 86 años de nacer y vivir en la misma casa, «y lo que me queda».

Este clima de malestar fue el que animó a una veintena de amigos a luchar por su identidad como pueblo. Y tras recoger 562 firmas de apoyo iniciaron un recorrido de siete años de informes, recursos y todo tipo de protestas. «Allí estaba yo en las manifestaciones con mi ‘Ford Sierra’ recién comprado», recuerda Julio Ruiz con pena, ya que «se me acaba de romper la junta del carter, una avería gorda, pero yo lo arreglo, este coche sigue conmigo».

Al final se salieron con la suya. «Yo mismo firmé en Juntas Generales la reanudación del proceso tras una treta del alcalde de Abanto, Luis María Vallejo, que logró suspendernos nueve meses la desanexión», se enorgullece Ángel López. «Ahora puede parecer pan comido, pero durante mucho tiempo trabajamos muy duro porque ni nos planteábamos llegar tan lejos y no se puede parar si te propones ser un pueblo vivo», asegura Iñigo Ortuzar, actual alcalde y también protagonista hace 24 años.

El Superpuerto y la playa

Los más escépticos, sin embargo, restan conexiones entre la creación del Ayuntamiento y la actual bonanza de Zierbena. Es el caso de Eduardo, para quien «eran otros tiempos y todos los municipios han mejorado». «Yo soy de Gallarta y, qué quieres que te diga, aquí han hecho mucho el Superpuerto, Petronor y la playa», sentencia Santiago López.

Lo cierto es que los mayores reconocen mantener cierto resquemor hacia «los gallartinos». «Cada uno en su casa», zanja una vecina. Arrate, sin embargo, era niña cuando Zierbena se independizó y ha vivido una relación normalizada. «Estudié en Gallarta y me llevo de maravilla con muchos de allí», asegura. Aunque Eduardo Renovales, memoria viva local, pone las cosas en su sitio: «Debe ser algo muy nuestro lo de los piques porque con Santurtzi tampoco congeniábamos, aunque solo en las regatas. Lo cierto es que ellos nos pusieron el mote de ‘galipos’».

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