Sestao, cien años del 'orgullo de un pueblo'

El equipo en la 1920/21/
El equipo en la 1920/21

El club verdinegro celebra su primer siglo de vida bajo sus dos denominaciones, Sport y River, y con la fiel compañía de una afición entregada

SILVIA OSORIO

Hablar del Sestao es hablar de grandeza, de fútbol con mayúsculas. Por historia, por afición, por trampolín de jugadores. El Sestao es uno de los grandes del fútbol nacional. Es algo más que el orgullo de un pueblo, como reza su lema más emblemático. Ya son cien años junto al club verdinegro -bajo sus dos denominaciones, Sport y River-, un siglo de vida en el que ha habido alegrías y tristezas, celebraciones y decepciones, tardes gloriosas y otras para olvidar... Pero siempre con el espíritu de lucha por bandera, ése que le ha mantenido en todo este tiempo unido a su pueblo.

En cien años de historia, la entidad de la Margen Izquierda ha sabido estar arriba. Para el recuerdo quedan sus temporadas en Segunda A, en especial la 86/87, con Javier Irureta al frente, en la que sólo dos goles le privaron de ascender a Primera. También acontecimientos indeseables, como su desaparición en la temporada 1995/1996. Sin duda, los momentos más amargos, pero que sirvieron para aprender de los errores cometidos y que sacaron a escena a un equipo con una base muy sólida, que fue capaz de empezar de cero y resurgir de sus cenizas hasta llegar a la categoría de bronce, con varios ascensos y descensos de por medio, pero siendo hace dos sólo dos años campeón de liga.

La fundación data de octubre de 1916. Situado a escasa distancia de Bilbao, el municipio fabril era a finales del siglo XIX un importante centro metalúrgico. La pujanza de la sociedad sestaoarra crece a la par que el deporte en el pueblo y en la primera década del XX, la afición por el ciclismo, las traineras o los deportes tradiciones vascos se incrementa de manera notable, ocupando el ocio de la juventud. El fútbol no es ajeno a aquella tendencia. Además, la época coincide con el desarrollo del Athletic Club y la influencia de los rojiblancos empieza a sentirse. Así, un grupo de catequistas de las Escuelas del Patronato pone en marcha el Sestao Sport, una sociedad polideportiva que disfruta de otras disciplinas como remo, ciclismo o atletismo.

Ya con su emblemática elástica con franjas verticales verdes y negras, el Sestao Sport echa a rodar en la explanada de Las Llanas, donde establece su terreno de juego y donde asciende, a principios de los años 20, a Primera Categoría Serie A. Tan sólo un año antes, el club tuvo su primer presidente, José de Uribe. En esos años, la entidad ya acoge a más de mil socios. Así se llega hasta 1923, un año importante, pues Ricardo Roda toma el mando y el estadio de Las Llanas sufre su primera gran reforma. El club es testigo de la llegada del profesionalismo -tiene lugar la creación del Campeonato Nacional de Liga- y con él desciende a Segunda Categoría Preferente, manteniéndose en esta división hasta la temporada 33/34, tras la cual recobra la Primera Categoría al crearse los campeonatos súper-regionales.

Con la Guerra Civil, el club sufre un parón de su actividad hasta el 38. Un año después, traspasa al Athletic al joven centrocampista José Luis López Panizo, una de las figuras más célebres de la cantera sestaoarra. En la siguiente temporada, el Sestao es invitado a formar parte la Segunda División. Después de varios ascensos y descensos, se estabiliza en Tercera hasta que retorna a Segunda en la temporada 53/54, siendo aquel año campeón de liga. Descendido de nuevo a Tercera, en los años 70, el equipo vizcaíno consigue reunir buenas plantillas, intentando por todos los medios regresar a una categoría superior. Y después de varias promociones, en la 76/77 consigue una de las plazas que dan derecho a debutar para la siguiente, la 77/78, en la recién creada Segunda B. En esta categoría tiene un inicio complicado, consiguiendo asentarse en las posteriores campañas a base de tesón bajo la directiva de Jon de Zubiaga.

Desaparición y resurgimiento

Iniciados los 80, la entidad verdinegra se hace más fuerte y alcanza mayor nivel, destacando sendos cuartos puestos en las ediciones 81/82 y 82/83, entrenada ésta última por Mané. Pero el gran éxito llega en la 84/85 de la mano de Jabo con el ascenso a la categoría de plata. Con Juan José Azpitarte como como máximo mandatario, el conjunto verdinegro hace un buen papel en la 85/86, finalizando en décimo puesto con un joven Ernesto Valverde en la delantera. Un año después, coquetea con la máxima categoría, pero el equipo de Irureta no la alcanza finalmente. En la temporada 88/89 se incorpora al banquillo Blas Ziarreta y logra la estabilidad en la categoría, además de proporcionar futbolistas de renombre como Mendilibar, Estíbariz o Jon García.

Pese a la estabilidad deportiva, los problemas financieros comienzan a aflorar. Son años duros, pero el club logra mantenerse en la categoría de plata, hasta que en 1991 es obligado a transformarse en Sociedad Anónima Deportiva con un capital de 70 millones de pesetas de los de la época y arrastrando ya una importante deuda. Tras un descenso, en la 95/96, el Sport regresa a Segunda A, pero con pérdidas sumadas de años anteriores. Aquella campaña vuelve a perder la categoría, aunque presenta los avales económicos necesarios para competir. Sin embargo, los impagos a los jugadores hacen mella y ese año desciende por vía administrativa a Tercera División, una situación crítica con una deuda acumulada de 250 millones de pesetas, que llevan al club a su desaparición.

Con una afición hundida moralmente ante la pérdida de una entidad con ochenta años de historia, ese mismo verano del 96 un grupo de exdirigentes y socios deciden partir de cero y crear el Sestao River Club con la firme convicción de rescatar al fútbol en la localidad y devolverlo a lo más alto. Así, el 10 de julio nace el nuevo equipo con un presupuesto de 4 millones de pesetas y Luis María Boada como presidente.

El equipo comienza a competir en Segunda Regional, hasta que en la 98/99, con Iñaki Zurimendi en el banquillo, asciende a Tercera. Después de unos años de estancamiento, habrá que esperar a la 2003/2004, ya bajo el mandato de José Carlos Garaizar y con Carlos Pouso como técnico, para amarrar el gran objetivo: la Segunda B. La alegría no duró mucho, ya que ese mismo año descendió a Tercera. Después logra volver a la categoría de bronce, hasta que en la campaña 2009/2010 regresa a la división autonómica y de nuevo, en una sola temporada, a las órdenes de Carlos Docando, logra el ascenso.

Fue el inicio de la nueva etapa de Segunda B, de un nuevo horizonte. En la memoria de todo aficionado verdinegro está aquella última eliminatoria de play off en el estadio de La Montañesa, en la que se logró el deseado objetivo en el último suspiro con un magistral gol de falta, obra de Isaak Aketxe. Tras el paso de varios entrenadores por el banquillo, de la mano de Ángel Viadero el Sestao logró ser campeón de liga e ilusionar de nuevo a su parroquia con la división de plata.

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