El policía que mató a sus padres en Barakaldo era "muy cariñoso con ellos"

Cristina, la asistenta que cuidaba a los ancianos, visiblemente afectada por el triste suceso./
Cristina, la asistenta que cuidaba a los ancianos, visiblemente afectada por el triste suceso.

Conmoción entre los vecinos del matrimonio al que disparó mortalmente su único hijo, que luego se suicidó

UNAI IZQUIERDO

Antonio y Beni necesitaban atención. La mujer padecía Alzheimer y había sufrido un ictus. La enfermedad le impedía hablar y se comunicaba por gestos con su marido que desde hace un tiempo tenía vértigos y estaba en rehabilitación. Este pasado fin de semana sufrió una crisis.

Iñaki, su único hijo, de 51 años, era policía municipal en Bilbao y les visitaba "hasta tres veces al día". En esta tarea le ayudaba Cristina, una asistenta que les cuidaba varios días a la semana y que se enteraba de lo ocurrido por la presencia de las cámaras. A las once de la mañana, como cada lunes, tocaba el timbre y Antonio le abría la puerta. Hoy ni siquiera ha llegado a hacerlo. "Teníamos un trato muy familiar, era como un padre", relata entre sollozos. "Eran majísimos, el hijo y ellos. Venía todos los días y nos organizábamos". El golpe ha sido tremendo para esta trabajadora, que no tenía ni idea de la tragedia: "Me hablaban de su hijo continuamente, decían que era el mejor hijo del mundo".

El matrimonio vivía en la calle La Bondad de Barakaldo, frente al hospital San Eloy. Los vecinos de la pareja siguen conmocionados por el suceso. Josemari, un residente en el mismo bloque, les conoce desde que llegaron al edificio hace 47 años desde la aldea Santa María de Vilariño, en A Coruña: "¡Qué van a estar pachuchos, estaban bien! El hijo estaba muy pendiente de ellos, nadie se lo esperaba, era muy cariñoso con ellos". Isabel, otra vecina, cuenta que eran "personas normales, equilibradas". Ninguno escuchó los disparos.

Los vecinos de la calle Juntas Generales, donde vivía Iñaki con su familia (a tan sólo 150 metros), confirman estas palabras: "Un chaval fabuloso, muy buena persona". Hoy en el barrio baracaldés de Santa Teresa nadie habla de otra cosa, todos se preguntan qué ha podido pasar por la cabeza del hijo para acabar con la vida de sus padres y con la suya propia.