«El Puerto Viejo está mejor físicamente, pero le falta alma»

Una barca delante de las casas típicas de este barrio/BERNARDO CORRAL
Una barca delante de las casas típicas de este barrio / BERNARDO CORRAL

El Ayuntamiento quiere conocer hasta dónde llega el área de influencia de este barrio marinero. Los vecinos sostienen que no llega más allá de sus pintorescas viviendas

TXEMA IZAGIRRE

Los habitantes del Puerto Viejo reducen el área de influencia de este barrio. Para ellos es poco más que el cogollo de casitas marineras. La reducción se fragua con el paso del tiempo. Los jubilados recuerdan cómo eran aquellos años de su niñez. Lo hicieron hace unos días en un taller organizado por el Ayuntamiento, dentro de un estudio para conocer hasta dónde llega el área de influencia de la barriada marinera.

«Cuando éramos críos venían a bañarse al Puerto, a coger ‘magurios’ (caracolillos) y a jugar», recuerda Iñaki. Entonces Algorta estaba en cuadro si se compara con el desarrollo urbanístico actual. El casco urbano terminaba en Villamonte porque apenas había bloques de viviendas en Fadura, donde la carretera general de avenida de Los Chopos era un foco de retenciones interminable, con el polideportivo sin construir.

En aquella época muchas alumnas de Algorta estudiaban en las monjas de Puerto -que es como se les llamaba-, llegando desde cualquier barrio a pie. Eran tiempos muy distintos porque hoy los límites se acaban precisamente en el edificio más alejado que pertenece a estas religiosas.

«En Etxetxu siempre había buen ambiente. Había gente jugando al punto o a pelota a mano», rememora Joseba, un octogenario de referencia en el barrio marinero. Como anécdota, aún se acuerda de cómo una vecina pidió que pusieran un santo en su vivienda para que dejasen de jugar y las paredes de su casa no retumbasen con los pelotazos. A día de hoy allí sigue la figura.

En aquellas décadas el barrio era autosuficiente. «Entonces no salíamos del Puerto. Había dos tiendas, tres bares, huertas… Teníamos de todo», destaca Jesús. También con los 80 años superados, este hombre echa la mirada atrás y asegura que «el Puerto Viejo está mucho mejor físicamente ahora, pero le falta alma».

Fuera lo que fuese, para los mayores el área de influencia se ha ido diluyendo por factores como el desarrollo de la ciudad, la contaminación del agua o la mejora de las condiciones de vida. «No hay garajes, es complicado aparcar, así que muchos vecinos de entonces buscaron comodidades y se fueron a otro sitio de Algorta», comenta otro residente. Para estas personas mayores el golpe, el gran cambio, se produjo «después de las urbanizaciones de las décadas de los 60 y los 70».

Pero el Puerto Viejo sigue siendo singular y especial. Para la alavesa afincada en Getxo, Libe Fernández Torróntegui, este barrio «es una parte muy identitaria de Getxo y Algorta en la actualidad; una zona muy turística y vinculada con los principios getxotarras». Esta joven lleva unos años viviendo en el municipio y considera que parte de la población originaria se fue de allí «quizás por déficit de confort».

El caso es que actualmente se busca esa línea de influencia del barrio marinero; hasta su influencia cultural. Por eso se organizó el taller, al que acudieron 15 personas. Pero falta poder dibujar esos límites imaginarios según la opinión vecinal. A las conclusiones extraídas en esta cita se le sumarán las recogidas por internet y de otras fuentes para tener listo el resultado final de este estudio impulsado por el Consistorio.