El puerto de Plentzia tuvo una frenética actividad comercial durante la Edad Media

Gonzalo Duo, junto a Kata Aramburu, Amaia Elgezabal y Ángel Maruri, representantes del museo. / I. S. L.
Gonzalo Duo, junto a Kata Aramburu, Amaia Elgezabal y Ángel Maruri, representantes del museo. / I. S. L.

La villa marinera, junto al resto de puertos del Cantábrico, forjaron una alianza que les convirtió en los más importantes del sur de Europa

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNA PLENTZIA.

La ubicación y protección del puerto natural de la villa de Plasentia, ahora conocida como Plentzia, en el siglo XIII para la actividad comercial le convirtió en uno de los más importantes de la cornisa cantábrica. Si bien, su barra angosta y poco profunda ha sido siempre un obstáculo para la navegación, una situación muy similar a la de Ondarroa o Tapia, entre Lugo y Asturias. Esta es una de las principales conclusiones recogidas en el libro 'Cultura Marítima del Cantábrico en la Edad Media', que ayer se presentó en la villa marinera por la mañana y por la tarde en el municipio asturiano de Llanes.

El volumen es fruto del I Congreso de Cultura Marítima en el Cantábrico durante la Edad Media celebrado el pasado me de Julio en el Museo Plasentia de Butrón, con la participación de los directores de los museos Marítimos de Asturias y Santander, historiadores y expertos en diferentes materias relacionadas con la mar.

A lo largo de dos días ofrecieron su visión sobre temas como los conflictos entre puertos pesqueros del Cantábrico, que ahora se recoge en este volumen, según el coordinador del encuentro, Gonzalo Dúo. Gracias a la documentación analizada en aquellas jornadas se comprobó que existió «un entramado cultural entre los puertos del Cantábrico durante la Baja Edad Media».

Este estudio en conjunto de la historia marítima del Cantábrico, desvela que «se desplegó una fuerza marítimo-comercial igual a la del norte del Atlántico, la más importante de Europa». La coexistencia entre todos ellos, no exenta de rivalidad, pero también de colaboraciones , perduró durante siglos. Un ejemplo fue el armador plentziano Antonio Menchaca de la Bodega. En el siglo XIX constató que la ría de Plentzia estaba cegada por la acumulación de sedimentos y por ella no podían salir los barcos de mayores dimensiones. Ante este escenario Menchaca «no dudó en trasladar su negocio a Santander, acompañado de todo su equipo», relata Dúo.

En la mar las cosas eran diferentes a en tierra. «Los acuerdos entre comerciantes marítimos se cerraban con un apretón de manos, sin papeles». Esta confianza mercantil tiene su origen en las «especiales relaciones que se establecían en los barcos donde el capitán tenía puesta toda su confianza en su segundo generando una cadena hasta llegar a la tripulación, la vida de todos estaba en juego en la mar», concluye el coordinador del I Congreso de Cultura Marítima en el Cantábrico durante la Edad Media.

El resultado final es un volumen de 260 páginas en blanco y negro, con numerosas ilustraciones. El mismo, con una tirada inicial de 150 ejemplares, saldrá a la venta al precio de 20 euros. Los promotores de esta iniciativa tienen prevista la traducción del libro al inglés y su distribución en las bibliotecas de los puertos del sur de Inglaterra.