'Magdalena', el último gran barco botado en Plentzia

El 'Magdalena' surca la ría de Bilbao, a la altura del Ayuntamiento. / F. H. C.
El 'Magdalena' surca la ría de Bilbao, a la altura del Ayuntamiento. / F. H. C.

La historia de este navío fue recordada ayer durante las Jornadas de Patrimonio de la villa marinera

ÍÑIGO SÁNCHEZ DE LUNAPLENTZIA.

El 'Magdalena' se hizo a la mar hace un siglo y, con sus 130 toneladas, fue el último barco botado y construido en Plentzia. Su historia la sabe bien el capitán de la Marina Mercante, Ignacio Francés, sucesor de la saga de los armadores Francés Hermanos Cía, propietarios de aquel navío. Su fabricación y peripecias fueron recordadas ayer durante las Jornadas de Patrimonio que estos días se celebran en la localidad costera.

El 'Magdalena' un imponente 'pailebot' capaz de navegar tanto a máquina como a vela. Una adaptación de la goleta, con una arboladura más reducida, sin gavia y el trinquete de menor tamaño. En la práctica era «más veloz y fácil de maniobrar que las goletas», señala Francés. Arbola dos o más palos de igual o similar longitud, sin cruzar, aparejados con velas cangrejas o bermudianas en todos su mástiles. Su nombre proviene del inglés pilot's boat, porque fue «utilizado por los prácticos de los puertos ingleses durante la segunda mitad del siglo XIX», recuerda el capitán. Este tipo de embarcación tuvo su época dorada entre los años 1880 y 1925 y su éxito se basaba «en su alta rentabilidad, porque era una construcción de bajo coste, se elaboraba cerca o en el puerto base y se utilizaban maderas autóctonas».

«En el agua se gobernaba con una pequeña tripulación y un escaso equipo de navegación, era de buena maniobrabilidad, versatilidad de carga», destaca Ignacio Francés. Con una eslora de 24, 87 metros, entre sus tripulantes había marineros de diversas localidades de Uribe-Kosta. Su bautismo de agua fue un auténtico acontecimiento en la villa marinera donde no faltaron las autoridades, numeroso público y los armadores. No faltaron ni los txistularis, ni los tamborileros, que aportaron ese toque festivo que tiene toda botadura.

Su primera travesía fue «acompañada por un buen número de embarcaciones». Su singladura concluyó en 1934. Fue justo después de una travesía entre Asturias y Plentzia. «Ya atracado, descargó una tormenta tan fuerte que llegó a romper las estachas y el barco se fue a pique parcialmente quedando inutilizado», recuerda Francés. La suya es una estirpe de gran arraigo en la villa marinera.

Los primeros en llegar a Plentzia eran mercaderes galos que merecieron fueros urbanos especiales para que se quedaran y enriquecieran a los autóctonos con sus conocimientos mercantiles. Su bisabuelo, Luciano Francés, se casó en la propia localidad con Basilisa Gorordo, dando origen a una saga familiar que perdura en la historia.