Kokotxas al pil-pil en el espacio exterior

Alumnos de Urdaneta que han participado en el desarrollo de este menú innovador. /COLEGIO URDANETA
Alumnos de Urdaneta que han participado en el desarrollo de este menú innovador. / COLEGIO URDANETA

Alumnos de Urdaneta ganan con un innovador menú para astronautas a base de un alga el premio al proyecto más viable de la First Lego League

LOIU.

Vivir en el espacio exterior es una aventura continua. La falta de gravedad marca todos los movimientos y actividades de los astronautas, entre ellas la alimentación, que se ve seriamente limitada. Casi todo lo que les llega está deshidratado. Y aunque lo que degustan en la Estación Espacial es altamente nutritivo, no es sabroso. El propio Pedro Duque, ahora ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, ya reclamó hace unos años un «incremento de la calidad y variedad de los alimentos». Y esto es precisamente lo que han logrado en el colegio Urdaneta de Loiu.

Trece alumnos de 4º de ESO y 1º de Bachiller son los artífices de 'Space Nutrition', un proyecto desarrollado dentro del programa internacional First Lego League, que despierta el interés por la ciencia y la tecnología a través de experiencias de aprendizaje. Hace unos días se celebraron en España las fases autonómicas. En Euskadi, Urdaneta se alzó con el segundo premio en robótica y el tercero en su plan científico. Y logró la candidatura Global Innovation Award, destacando su proyecto como el más viable de entre casi 60.

Cada año la First Lego League lanza un desafío en todo el mundo para que los jóvenes identifiquen un problema y diseñen una solución. Esta vez el tema fue el viaje al espacio, con motivo del 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna. Las mentes de los estudiantes de Urdaneta empezaron a dar vueltas y uno de ellos, Ignacio Palacio, propuso centrarse en la nutrición. Una encuesta en la que el 88% de los astronautas admitía echar de menos la comida terrestre acabó de decidirles. Para seguir adelante se rodearon de expertos como Juan Senén, veterinario especializado en sanidad y conservación de los alimentos; la nutricionista deportiva del Athletic y Bilbao Basket Toscana Viar, y el chef Paul Ibarra. Con él descubrieron el agar-agar, «un alga que en polvo y cocinada con cualquier alimento se convierte en sólido o gelatinoso, manteniendo todo su sabor, y se podría enviar sin problemas al espacio».

Para el concurso elaboraron un menú con kokotxas al pil-pil, albóndigas en salsa y yogurt griego, pero tienen más platos. Lentejas con verdura, costilla y chorizo, chipirones en su tinta, guiso de ternera o compota de manzana, teniendo en cuenta las necesidades nutricionales de los cosmonautas. «La idea es que hagan cinco comidas al día porque necesitan 3.000 calorías».

Llevar un kilo de alimentos al espacio cuesta 20.000 dólares, incluido su tratamiento. Ahora todo podría ir en botes de aluminio, preparados para calentar, y se abarataría el coste. «Necesitan ingerir 2 kilos de comida al día, que serían 9 botes. Si se multiplica por las seis personas que forman la expedición y las seis semanas que dura cada envío, todo cabría en menos de 0,4 metros cúbicos», afiman los estudiantes, que esperan revolucionar la vida a años luz de la tierra.