Juegos de mayores para niños en Leioa

Niños y mayores de Leioa juegan juntos en el centro de día. /I. S. L.
Niños y mayores de Leioa juegan juntos en el centro de día. / I. S. L.

Escolares de Primaria y ancianos de la localidad participan en un proyecto intergeneracional

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNA LEIOA.

Juegos tradicionales como las tabas, cromos, soldaditos, iturris o el yo-yo, salieron ayer de un viejo cajón para ser protagonistas de una jornada intergeneracional. Participaron alumnos de 4º de Primaria del colegio Txomin Aresti y usuarios del centro de día Leioa-Estartetxe de la Diputación, gestionado por el IMQ Igurco.

Desde primeras horas de la mañana los participantes se distribuyeron en diferentes mesas donde los más mayores explicaron como eran estos entretenimientos de antaño para pasar posteriormente a la práctica entre risas y caras de felicidad por ambas generaciones, la mayor compuesta por personas de entre 70 y 90 años.

Los lazos entre todos ellos se han fraguado a lo largo de los últimos meses con la visitas periódicas que los escolares hacen al centro. «Los mayores reclaman estar con los menores que ya conocen, no les gustan mucho los cambios», apunta con una sonrisa la responsable de Convivencia de Txomin Aresti, Jaione Elgezabal. Antes este tipo de encuentros se realizaban con alumnos más mayores. Los de ahora tienen entre 8 y 10 años. Las personas mayores les transmiten valores. Por su parte «los niños les aportan su inocencia y alegría», concluye Elgezabal.

A sus 92 años Milagros Trabudua se movía como un pez en el agua con sus nuevos amigos. «Parece que tengo los años de ellos. He rejuvenecido», bromeaba a la par que decoraba chapas con fotocopias de caras de corredores ciclistas antes de emprender una etapa del Tour. Feliz con este encuentro, no dudaba en reconocer que sus pequeños amigos «me aportan mucha alegría» en sus visitas.

De su retorno a la infancia recuerda anécdotas como fabricar «yo-yos con grandes botones de abrigo porque no teníamos dinero para comprar unos nuevos». Fruto de la escasez económica de la época «teníamos que desarrollar más la imaginación a la hora de jugar, ahora tienen todas las cosas al alcance».

En el otro lado de la balanza, Fernando Cardozo, a sus diez años de edad seguía atentamente todas las indicaciones de sus aitites y amamas ocasionales. «Aprendemos mucho de ellos y, encima, nos divertimos jugando a cosas que no conocíamos», mientras se afanaba por recoger cromos con la palma de la mano. Dos generaciones, separadas por décadas, con ganas de compartir y pasar tiempo juntas.