Más de dos décadas cuidando de Plentzia

Enrique Riera, Martín Fernández y Meche Ibagurengoitia. / OLATZ HERNÁNDEZ
Enrique Riera, Martín Fernández y Meche Ibagurengoitia. / OLATZ HERNÁNDEZ

La villa despide en un acto sorpresa a Martín, Merche y Enrique, médico, enfermera y pediatra, jubilados recientemente

OLATZ HERNÁNDEZ PLENTZIA.

En un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce, el médico pasa a ser un miembro más de la familia. En Plentzia lo saben bien. Cientos de vecinos se juntaron el domingo para homenajear a Martín Fernández, Merche Ibargurengoitia y Enrique Riera, tres sanitarios que llevan décadas atendiendo a los ciudadanos en el ambulatorio y que se van a jubilar.

La localidad se volcó para decir adiós a quienes han cuidado de su salud con cercanía y cariño. Todos estaban compinchados para darles esta gran sorpresa. Incluso sus familias, que sirvieron como gancho: «Mi hija me había dicho que íbamos a dar un paseo antes de comer y mira lo que me he encontrado...», decía aún asombrado Martín. Una multitud los esperaba frente al Consistorio.

Los dantzaris, de entre 3 y 14 años, del Itsas Eder Dantza Taldea bailaron un aurresku y varias piezas alegres. También hubo música en directo, con guitarras y un coro, de la mano de Plentziako Musika Eskola, que compuso una canción especial para la ocasión. Los homenajeados apenas podían aguantar las lágrimas. Casi todos los niños y mayores allí reunidos habían pasado por sus consultas.

«Al médico siempre vas con miedo o dolor y ellos siempre han transmitido confianza. Han sido tres personas especiales e importantes para toda la comunidad», apuntaba una madre. Para eso, Enrique Riera siempre ha tenido buena mano. El pediatra del pueblo se jubila en mayo, después de 22 años en el centro de salud de Plentzia. «Es un lugar privilegiado para trabajar, con gente estupenda y muy amable», destacó.

Parte de ese trabajo lo ha hecho en colaboración con Merche. «Como enfermera me he ocupado principalmente de inyecciones y curas», apuntaba ella. A pesar de encargarse de asuntos tan espinoso, los niños se deshicieron con ella en besos y abrazos durante la despedida. Alguno todavía guardaba las distancias. «Que ya no pincho, ¿eh?», lanzaba Merche en broma.

Antes de llegar a la población costera, en 1998, estuvo en el hospital de Basurto atendiendo a niños en en radioterapia y quimioterapia. «La mayor ilusión de mi vida era seguir con críos, aunque me daba un poco de miedo porque iba a trabajar en mi pueblo», recuerda. Al llegar, todo fueron facilidades. Le tocó con Enrique, amigo de la familia, y con quien ha tenido «mucho 'feeling'». «Hemos hecho una buena labor. Las familias han sido maravillosas», decía aún con un nudo en la garganta.

«Gente excelente»

Martín también recibió atenciones de pequeños y mayores. Después de pasar por León y otras ciudades se asentó en esta localidad, donde ha ejercido de médico de familia durante tres décadas. «Nuestro trabajo tiene sus dificultades. Sin embargo, me he encontrado con gente excelente que me lo ha facilitado mucho», apuntaba. ¿Lo mejor? «El contacto con la gente. Mira qué homenaje tan emotivo nos han hecho...».

Como regalo, cada uno recibió una figura personalizada y una manta hecha de retales, con dibujos de los niños y niñas del pueblo. En el ambulatorio se colocará una placa en recuerdo a ellos. Hubo lágrimas, claro, porque el homenaje también tenía algo de despedida. «Pero si nos vamos a ver paseando...», tranquilizaba Enrique a una niña que se puso a llorar. «Merche, Naia te quería saludar, ¿te acuerdas de ella?», decía una madre. Y Merche respondió con total naturalidad: «¿Cómo no me voy a acordar?». Los tres se han convertido en parte indispensable de la gran familia de Plentzia.