Cuatro cosas buenas de correr desnudo por la playa

Participantes, durante la prueba./JORDI ALEMANY
Participantes, durante la prueba. / JORDI ALEMANY

40 personas participan en la XIX edición de la Carrera Nudista de Sopela

Luis López
LUIS LÓPEZ

Hay, al menos, cuatro cosas de buenas de correr en pelotas por la playa. La primera es que la lluvia se convierte en un fenómeno meteorológico irrelevante. Es verdad que a primera hora de este domingo, antes de la XIX Carrera Nudista de Sopela, algunos torcían el morro al mirar la previsión meteorológica porque anunciaban tormentas. Miraban al cielo y decían, «a ver si aguanta». Pero enseguida relabajan el gesto. «Y si no, ¿qué?». Pues nada.

Al final el tiempo fue excelente y a las 13.30 comenzó la prueba con cuatro decenas de participantes. La atmósfera era familiar; un paisaje de sana camaradería y movimientos pendulares. ¿Por qué apenas había mujeres (tres) que ni terminaron la carrera? «Eso me pregunto yo», responde Alberto Agujeta, portavoz de club de atletismo Munarri, de Sopelana, que junto con el Ayuntamiento organiza la prueba. Una de las animadas era Piedatxu, 68 años. «Yo estaba por aquí y he dicho, 'pues allá voy'. Me apunto a todo. Pero no tengo ni idea de por qué no se animan chicas como aquellas», señala, desafiante, a un par de jóvenes que presenciaban el evento desde la barrera. «Yo no corro ni vestida», se escabulle una de ellas.

Como siempre, la carrera tuvo lugar en la playa de La Salvaje en marea baja y sobre la arena mojada. Hay dos categorías: la testimonial, de un kilómetro, y la absoluta, de cinco. Tras varias ediciones en las que se celebró en meses otoñales con escasa participación, en 2017 el certamen regresó a julio y logró atraer a casi sesenta corredores (sólo dos mujeres). Se ha decidio mantener esa dinámica, haciéndola coincidir con las fiestas de Larrabasterra, con el fin de facilitar la presencia de más gente. Aunque en esta ocasión, la concurrencia se quedó en 40. «Hace años había premios en metálico, hasta 600 euros, y llegaron a correr más de 150 personas», recuerda Alberto Agujeta.

Hay otra cosa buena de correr en pelotas por la playa: que después de la carrera el personal puede pegarse un chapuzón y luego no tiene que esperar a que se le seque el bañador. «¡Además, no deja marca en el moreno!», apunta uno de ellos de camino al agua.

Cuando casi todos están en el mar Joxean, de Donosti, llega a la meta. Ha sido el último en completar el recorrido, las cinco vueltas de un kilómetro cada una. Ha venido expresamente desde la capital guipuzcoana para sumarse a la cita. «Hay que reivindicar que esto es natural, que no tiene nada de malo. Llevaba años queriendo venir, y ahora me he dicho, 'de esta no pasa'». Se le notaba quizás un poco decepcionado porque, con la playa repleta, poca gente estaba presenciando la carrera más allá de familiares y amigos de los participantes. Lo mismo es que ver a gente desnuda ya no llama tanto la atención. Lo mismo es que estas cosas sorprenden poco. Lo mismo eso es bueno. «Visto así...».

Aunque, como siempre, hay gente descontenta, quizás atormentada. Lo que ahora se llama 'haters'. «Mira que les gusta dar la nota», comentaba con gesto huraño un chaval tatuado. Y aquí viene la cuarta cosa buena de correr en pelotas en la playa: que es voluntario. Si quieres lo haces y si no, no.

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