El ascensor del Puerto Viejo conquista a los mayores

La vegetación envuelve la estructura ante la que ayer se formaban ya las primeras colas. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
La vegetación envuelve la estructura ante la que ayer se formaban ya las primeras colas. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

El elevador panorámico, objeto de agrios debates en Getxo por su estética moderna, se inaugura para satisfacción de quienes enfrentaban a diario las empinadas escaleras

TXEMA IZAGIRRE GETXO.

El Puerto Viejo ya tiene un ascensor como reclamaban sus vecinos. Para acceder al corazón del barrio de pescadores ya no hay que encarar las centenarias -y empinadas- escaleras, todo gracias un elevador panorámico que ha sido objeto de críticas por el impacto que supondría su estética moderna. Un argumento que parece no contar para los residentes, muchos de ellos de edad avanzada, satisfechos en la práctica de una solución que les hace más fácil el día a día.

Sobre el acto inaugural brillaba ayer la frescura de Antoni Cabeza, una vecina que cogió del brazo al alcalde, Imanol Landa, y le recordó lo sucedido en público. «Un día le dije que nos hiciera un ascensor. '¿Dónde?', me preguntó. Y le traje aquí, que era donde antaño tirábamos las basuras. Hoy está hecho», reía feliz la mujer. Su naturalidad hizo saltar por los aires el protocolo, con los representantes de los partidos políticos dispuestos para la foto. Cabeza interrumpió dos veces a Landa, pero se ganó la complicidad de los presentes al recordar que un transporte así «hacía falta».

Lo corroboró Juan Carlos Sola, director de Fekoor, asociación que agrupa a quienes padecen una discapacidad física u orgánica, porque «nada facilita más la movilidad de las personas que un ascensor». Ni rampas ni escaleras mecánicas valen del todo a quienes como él necesitan una silla de ruedas para desplazarse. Si antes Sola tenía que escoger a qué parte del Puerto Viejo iba, si a la superior o a la inferior, ahora ya no le preocupa en un Getxo que «es de los municipios que más elevadores ha puesto».

Los residentes eran de su misma opinión. «Esto viene muy bien para todos, lo mismo señoras mayores que el cochecito de los niños», lanzó María Ángeles de Diego. Otra vecina, María Uyarra, se unía al agradecimiento. «Antes hacíamos gimnasia y ahora ganamos en comodidad», abundaba esta joven madre que saca a diario a pasear a su bebé. Conchi Morales auguró incluso un aumento del turismo: «es una manera de que nos visite más gente y de que disfrute de las fiestas».

Ayer fue un día especial para muchos. Por ejemplo, el pasado 24 de junio hizo seis años que se ordenó como sacerdote Jovaisa Herrán, que de niño también correteó por el barrio marinero. A él le correspondió por petición vecinal bendecir con el hisopo el nuevo equipamiento. «A Antoni le he preguntado si llevaba muchos años sin bajar aquí, y me ha respondido que sí. Creo que el ascensor representa una ayuda inestimable para los vecinos, que son quienes más lo utilizarán, y para cualquiera que se acerque», abundó el joven párroco de Miribilla, «ilusionado» por haber sido invitado.

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