Juzgan a un ertzaina y un empresario de Bilbao por un alijo de 862 kilos de coca
Se exponen en la Audiencia de Valladolid a 10 años de cárcel por traficar con la droga, incautada en sacos de carbón
A. Muñoz
Martes, 11 de noviembre 2025, 00:13
La Audiencia provincial de Valladolid juzga desde ayer a un ertzaina de la comisaría de Balmaseda, a un empresario bilbaíno dedicado a la compraventa de ... marisco y a un tercer implicado por el mayor alijo de cocaína decomisado nunca en Castilla y León: 862 kilos impregnados en sacos de carbón. La droga iba a ser distribuida en el País Vasco. A la cabeza de este supuesto entramado se encontraba al que calificaron como «narcotraficante histórico» Julio P. A., de origen vizcaíno y que contaba con la colaboración de un agente de la Ertzaintza. El tercer acusado es un ciudadano argelino, considerado por los investigadores como el «testaferro» de la red.
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La droga cruzó el Atlántico hasta que en el puerto de Sines, en Portugal, se inició una investigación que explotó definitivamente en Medina del Campo en abril de 2021, aunque tenía como destino Bilbao. La operación acabó con los tres detenidos.
Durante la primera sesión del juicio, en la que los tres acusados se enfrentan a una petición de pena de diez años cada uno, declararon los agentes que realizaron los seguimientos de los camiones en los que viajaban la droga, así como de Julio P.A. y de uno de sus cómplices, que se movían en un coche particular.
Fue la autoridad aduanera y tributaria de Portugal la que detectó la cocaína en uno de los contenedores al llegar a Sines, el 23 de abril de 2021. Tres días más tarde, el cabecilla y su testaferro viajaron hasta el país vecino con la intención de aportar la documentación para la retirada de ese carbón impregnado de cocaína. Con los trámites completados, los dos contenedores pusieron rumbo hasta Medina del Campo en dos camiones cuyos conductores desconocían lo que transportaban.
Antes de llegar a Medina del Campo, hicieron noche en Badajoz y Madrid. «En ese momento había aún toque de queda por la pandemia y en las proximidades de la nave se revisaron todos los coches estacionados que había en ese momento», contaron los policías.
Hasta que empezaron a llegar los camiones. Un día uno y al día siguiente, el segundo (el que portaba la droga). Fue en ese momento cuando los agentes descubrieron la implicación del tercer acusado, el ertzaina. Con los dos vehículos pesados en el interior, la operación explotó y en ese momento se detuvo a los tres sospechosos.
Así arrancó una ardua investigación para detectar la droga. «Sabíamos que venía cocaína, pero no en qué parte», apuntaron los policías en sede judicial. Porque lo que allí encontraron fueron más de 1.300 sacos con un peso bruto de 40.000 kilos. «No fue fácil detectar los sacos contaminados. Ese señor -por Julio P.A.- es muy listo», dijeron.
En los últimos sacos
La cocaína venía en los últimos sacos en ser descargados. Los acusados confiaban en que, ante una posible inspección, los agentes solo miraran en los más próximos a la puerta. Hasta tal punto fue complicado detectar la cocaína que los investigadores tuvieron que efectuar 76 muestras, todas ellas por duplicado y con la complejidad de detectarla con los narcotest. Ante las dificultades, los agentes pusieron en práctica un método rudimentario que resultó efectivo. «El carbón no responde al calor. Es necesario mucho para que prenda. Así que acercamos un mechero y, si estallaba y se convertía en chicle, sabíamos que ahí estaba la droga. Además, ese carbón era de mala calidad», desvelaron la decena de policías que testificaron ayer.
De esta forma pudieron cuantificar que el peso neto de las sustancias estupefacientes intervenidas era de 862 kilos, con una pureza del 25,24%. El valor económico, de haber llegado al mercado ilícito, hubiera sido de 11 millones de euros si se hubiera vendido por kilos; de 29 millones, por gramos; y de 65 millones, por dosis.
A la espera de que declaren los tres acusados, estos se enfrentan a penas de diez años de prisión y a una multa económica de 33 millones cada uno. Según recalcó la Fiscalía, los hechos son constitutivos de un delito de tráfico de drogas que causan grave daño a la salud, siendo de notoria importancia la cantidad incautada con una conducta de extrema gravedad por haberse llevado a cabo simulando una operación de comercio internacional entre empresas.
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