Iparraguirre se convertirá en un bulevar con un carril, terrazas de diseño y un techo de luz

Una iluminación tendida en zig-zag servirá como elemento uniforme para todo el eje hasta alameda Urquijo.

El proyecto renuncia a peatonalizar el tramo más cercano al museo Guggenheim y elimina todo el aparcamiento

XABIER GARMENDIA

Al concejal de Obras y Servicios, Asier Abaunza, no le gusta calificarlo como «el proyecto más ambicioso» de Bilbao. Tiene razón en que no es el más caro ni el que más va a revolucionar la capital vizcaína, pero sin duda es uno de los planes que más expectación ha creado en los últimos tiempos. Tras años de idas y venidas, con muchas reticencias vecinales por la temida proliferación de terrazas, la calle Iparraguirre está, ahora sí que sí, a punto de vivir su esperada transformación. El objetivo principal es convertirla en un gran bulevar semipeatonal que sirva de unión entre dos de los principales equipamientos culturales de la capital vizcaína: el museo Guggenheim y el Azkuna Zentroa.

Las obras para la renovación comenzarán el próximo mes de abril y de momento se circunscribirán al tramo comprendido entre la plaza San José y la alameda Mazarredo, en las inmediaciones del edificio diseñado por Frank Gehry. Cuando esas tareas culminen, llegará el momento de afrontar la segunda fase hasta la alameda Urquijo. Con un presupuesto de 1,8 millones de euros y un plazo de ejecución de doce meses, el Ayuntamiento mantendrá el actual carril de sentido único para los vehículos, pero suprimirá las 35 plazas de aparcamiento que hay en los laterales. Este movimiento permitirá que cada una de las aceras gane dos metros de anchura –pasarán de 3,5 a 5,5 metros– con un suelo de granito en sustitución de las clásicas baldosas bilbaínas.

El cambio principal, por tanto, es el que se refiere al estacionamiento. Las plazas eliminadas se ganarán con una reordenación en la perpendicular Juan de Ajuriaguerra, que sustituirá el aparcamiento en línea por otro en batería. En lo que respecta a la acera, compartirá la misma cota con la calzada, sin un escalón de diferencia entre ellas. La separación, en todo caso, será bastante apreciable, ya que se instalará en el suelo una iluminación sincronizada con los semáforos para advertir a los peatones. «Es una línea continua que funciona como los bolardos que ya hay en Ercilla o a la salida del Azkuna Zentroa», ha detallado Abaunza.

La iluminación, de hecho, tendrá un papel absolutamente protagonista en todo el eje. Una hilera en zig-zag conectada a través de las farolas se suspenderá en el aire para escenificar la citada unión entre el Guggenheim y la Alhóndiga. Este elemento será el primero en cumplir esa finalidad, ya que se instalará de forma íntegra durante las obras del primer tramo, independientemente de que el proyecto urbanístico hasta Urquijo no se vaya a completar hasta 2021. Las luces, además, crearán una especie de tela de araña encima de la plaza San José y en las cercanías de la pinacoteca.

Precisamente allí se encontrará otra de las novedades del proyecto. La reconfiguración permitirá cerrar puntualmente al tráfico la zona perpendicular a Lersundi y Barrainkua para que el Guggenheim saque a la calle exposiciones temporales o actividades. «Hemos estado en contacto con la dirección del museo para ofrecerle un espacio abierto en el que organizar campañas para atraer a más gente», ha explicado Abaunza. En este área, se pintarán sobre el granito unos grandes puntos blancos que «indicarán la antesala» del centro cultural.

Ni un metro más de terrazas

Con este proyecto definitivo, el Consistorio renuncia al plan inicial, que pasaba por la peatonalización integral del primer tramo. En ello ha tenido mucho que ver la oposición vecinal. Los residentes mostraban reparos ante el corte del tráfico rodado y la posibilidad de que la medida facilitara la ampliación de las terrazas al igual que en la cercana calle Ledesma, donde los veladores se han adueñado de gran parte de la acera y han expulsado la actividad comercial.

Zanjar esos temores ha sido uno de los objetivos principales de Abaunza en la presentación del proyecto. Tanto es así que repitió hasta en tres ocasiones que no se concederán más licencias que las existentes. «Ni se van a abrir más ni se va a ampliar la huella que existe hoy en día», ha reiterado. En los veladores, eso sí, se sustituirá el actual mobiliario por otro de madera, el mismo para todos. Las sombrillas de color claro se mezclarán así con los cerezos japoneses y otras especies de hoja verde que se plantarán a lo largo de toda la calle. Los actuales, por su parte, serán trasplantados a otras zonas de la villa.

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