Investigadores de la UPV desvelan los secretos del ojo del rorcual varado en Sopela

Elena Vecino, catedrática de la UPV, muestra parte del ojo./p. urresti
Elena Vecino, catedrática de la UPV, muestra parte del ojo. / p. urresti

Las células recuperadas de la retina del cetáceo son el triple de grandes que las humanas

TXEMA IZAGIRRE

Las ballenas tienen menor agudeza visual, distinguen menos colores que los seres humanos y tienen las células de la retina el triple de grandes. Es parte de lo que ha podido confirmar el equipo multidisciplinar encabezado por la catedrática de biología celular, Elena Vecino, que estudia el único ojo que le dejaron algunos desconocidos al rorcual común de unas 30 toneladas que varó en la playa de Atxabiribil, en Sopela, el pasado 3 de febrero, y que murió pocas horas después.

Vecino tenía ayer la agenda repleta porque el Bizkaia Aretoa acogió un congreso internacional de oftalmología, 'Glaucoma y nervio óptico', en el que presentó los resultados preliminares de una investigación que no ha hecho más que comenzar. Fueron unos diez minutos los que dedicó a explicar una experiencia pionera en el mundo, frente a prestigiosos especialistas internacionales, entre los que destacaba el profesor Sansar C. Sharma, que será investido hoy doctor Honoris Causa en una ceremonia que tendrá lugar en el Paraninfo de la UPV de Leioa a las 11.30 horas.

Una de las mejores noticias para el desarrollo futuro de la investigación es que en el laboratorio de Vecino las células de la retina sobre las que realizaron cultivos siguen vivas. «Las neuronas han crecido y se han regenerado en cultivo», resalta satisfecha la catedrática.

Una de las cosas de las que se puede extraer conclusiones es del tamaño. «Ya hay en la literatura referencias a que los animales de grandes dimensiones tienen células también de gran tamaño. En este caso se cumple la proporcionalidad, como esperábamos que iba a suceder». «Si normalmente las células tienen 30 micras, estas pueden alcanzar las 75 ó 100». Es decir, tienen hasta tres veces el volumen de las humanas.

Cierto es que el rorcual común de Sopela tenía menos cantidad de células que otros mamíferos, aunque fueran más grandes. Eso viene a significar que «no tiene una retina tan funcional como la nuestra o que trabaje en la agudeza». La visión de este cetáceo era menos detallada que la de un hombre y captaba una menor cantidad de matices cromáticos. Lo que no es tan grande es «el nervio óptico, porque no hay tantas células, cuando éste es su prolongación», explicó Vecino.

Ha transcurrido muy poco tiempo para averiguar algo relacionado con el glaucoma, una de las vías abiertas en la investigación. Sí se sabe que el ojo de la ballena tiene una masa cartílago-ósea, que protege el globo ocular de las presiones existentes en las profundidades. Precisamente es la presión, en este caso la intraocular, la que produce el glaucoma humano, que es la primera causa de ceguera irreversible, que afecta a más del 2% de la población mundial.

Enfermedades mentales

La aparición de la ballena de Sopela ha proporcionado a los investigadores de la UPV un interesante campo de investigación. Y es que los peces son capaces de regenerar su nervio óptico si se deteriora. No ocurre lo mismo con los mamíferos. Pero los rorcuales son mamíferos que viven en el mar. Y los estudios sobre estos órganos en cetáceos eran inexistentes. En este escenario, el equipo de Vecino se propone averiguar si los ojos de las ballenas son capaces de restituir parte de los daños que les produce vivir en el océano.

También investigarán la presencia de posibles enfermedades como el alzhéimer o el párkinson. Y es que el ojo de la ballena actúa como chivato y buscan en él presencia de las moléculas que están detrás de estas dolencias neurodegenerativas.

Temas

Upv, Sopela