Inversores vizcaínos se hacen con el edificio del Café Iruña por 18 millones de euros

El inmueble tiene seis pisos y fachadas a las calles Colón de Larreátegui y Berastegui. /PEDRO URRESTI
El inmueble tiene seis pisos y fachadas a las calles Colón de Larreátegui y Berastegui. / PEDRO URRESTI

Una veintena de empresas ocupan el histórico inmueble, de seis plantas, que en un principio había salido a la venta por dos millones más

LUIS GÓMEZ I LUIS LÓPEZ

Va a ser cierto que en el mercado inmobiliario bilbaíno todo lo que se pone en venta, tarde o temprano, acaba teniendo salida. Por muy millonaria que sea la operación. El último caso es el del edificio del Café Iruña, emblemática construcción en pleno corazón de la villa, que la familia Heredia-Spínola ha vendido por unos 18 millones de euros. Toda la operación, desde su salida al mercado hasta las negociaciones y finalmente la enajenación, se han llevado a cabo con la máxima discreción. Finalmente, según ha podido saber EL CORREO, ha sido un fondo de inversión vizcaíno –también mostraron su interés fondos internacionales– el que se ha hecho con el inmueble.

En un principio, el precio de salida era de 20 millones de euros, pero a las pocas semanas se ajustó hasta los 18. ¿Cómo es posible que semejante 'golosina', con históricas fachadas hacia Colón de Larreátegui y Berastegui, en el mismo centro neurálgico de Bilbao, haya necesitado de una rebaja y varios meses en venta para culminar la operación? Hay varios motivos. Según explican los expertos, uno de los principales inconvenientes es que el edificio viene «con bichos», que es el término despectivo que en el argot inmobiliario se utiliza para significar que hay inquilinos. Y, lo que es peor, muchos de ellos con rentas bajas.

En concreto, en este inmueble desarrollan su actividad una veintena de empresas, que van desde despachos de abogados y procuradores, a asesorías, salones de masajes, yoga y pilates, corredurías de seguros, consultas psicológicas, centros de estudio, una residencia de la tercera edad... Algunos mantienen contratos de alquiler con vencimiento a largo plazo, lo que obligará a los nuevos dueños a desarrollar intensas negociaciones si pretenden sacárselos de en medio y realizar un cambio radical en la explotación del inmueble.

En este sentido, ya está circulando por las redes sociales el próximo cierre del Café Iruña, icono bilbaíno desde 1903, una información que este lunes desmintieron de forma categórica sus propietarios, el Grupo Iruña Servicios de Hostelería. Es decir, que el negocio continúa –tiene contrato hasta 2020– y ni mucho menos hay planes de cierre.

Un refugio

Al margen de todo esto, otro de los problemas que los expertos apreciaban en este edificio y que podrían hacer su venta más difícil de lo previsto eran sus características internas, «sin patio de manzana», lo que hace «muy oscuros» los espacios centrales, sobre todo si el objetivo es utilizarlo para viviendas.

Pues bien, con eso y con todo, el edificio ya se ha vendido y viene a reconfirmar que Bilbao sigue siendo atractivo para el negocio del ladrillo. En realidad, el mercado inmobiliario lleva tiempo consolidado como el refugio para muchos inversores que, con los tipos de interés en mínimos, buscan dónde poner a producir su dinero, aunque sea con rentabilidades moderadas. Esas rentabilidades en el sector del ladrillo están siendo bastante superiores a los productos más conservadores que ofrece el mercado financiero; y también tienen un riesgo inferior a las aventuras más impetuosas. En fin, que un edificio siempre será un edificio, y tras la crisis económica y la reconfiguración del mercado hay oportunidades que están aprovechando, sobre todo, los fondos de inversión.

Esto es común a casi toda España. Pero en Bilbao, además, hay atractivos adicionales: el nivel de renta es alto y el suelo, escaso. Una buena combinación para hacer negocio en el mercado de la vivienda. Por otro lado, el entorno es estable, muy alejado de los sobresaltos catalanes, donde las oportunidades también serían importantes si el conflicto soberanista no ejerciese como eficacísimo repelente para las inversiones. Además, con la desaparición de ETA Euskadi se ha quitado los zapatos de plomo.

En ese campo prenden bien operaciones como la del edificio del Café Iruña, pero también, y especialmente, el de la torre BBVA, el edificio del Santander en la Gran Vía, la vieja sede de la BBK, la de Telefónica...

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