Israel: Esto sí es una crisis

ENRIQUE VÁZQUEZ

He informado al primer ministro que en razón de su conducta en los últimos acontecimientos y de la falta de confianza en él, he decidido dejar el gobierno y el parlamento (.) un vocabulario con el que el ministro israelí de Defensa, Mohse Yaalon, se ha divorciado del jefe del gobierno israelí, Benjamin Netanyahu, y oficializado la profundidad de una crisis política que el primer ministro tendrá dificultades para explicar.

Benjamin ('Bibi') Netanyahu es conocido como un maniobrero sin escrúpulos y la vida política israelí es particularmente cruda, clánica y tiene la notable característica que en el pequeño país todo el mundo se conoce. La única explicación oficiosa adelantada por el primer ministro y sus ayudantes es que le convenía ampliar su mayoría (de solo un diputado en la Knesset), de modo que buscaba la entrada en el gobierno de otro partido para lo que abrió conversaciones al efecto.

Empezó con el segundo partido, el laborista, dirigido ahora por el irrelevante Isaac Herzog, quien pese a las advertencias al efecto picó el anzuelo y ayudo involuntariamente a mantener el escenario de un pretendido cambio a mejor hasta que, escarmentado, tiró la toalla y entonces Netanyahu hizo lo que siempre había tenido en la cabeza: recurrir a Avigdor Lieberman, varias veces ministro en el pasado, líder del partido de los israelíes de origen ruso (Israel Beiteinu o Nuestra Casa Israel) cuyos seis diputados son un tesoro.

Una elección y un mensaje

Para convencer a Lieberman le ofreció nada menos que el ministerio de Defensa y otras gabelas suponiendo lo que era mucho suponer que el titular del puesto, el veterano Yaalon, del Likud, el partido de Netanyahu, aceptaría el enjuague porque se le ofrecería el ministerio de Exteriores, pero el trato no funcionó y, lo que es más relevante, no solo renunció al cambalache, sino que abrió una grave crisis de confianza.

Hay varios datos a considerar aquí. Netanyahu se había reservado para él mismo la cartera de Exteriores porque supuso que algún día la necesitaría para reordenar el escenario a su gusto. Yaalon no es un paloma ni mucho menos, pero hizo saber que su autoridad al frente de Defensa le convertía en el guardián más respetado del país, las Fuerzas Armadas, y tomó partido por las declaraciones de vicejefe de Estado Mayor, general Yair Golan, quien se mostró muy crítico con ciertas actitudes públicas y oficiales y, causando una verdadera conmoción nacional, dijo que veía en el país rasgos de las espeluznantes tendencias de la Alemania hace ochenta o noventa años. Yaalon, sencillamente, se negó a reprenderle o cesarle

Diferencias antiguas

En puridad, las diferencias entre segmentos castrenses y determinados gobiernos son relativamente frecuentes en Israel pero las FFAA se acomodan al silencio que una democracia exige a los uniformados sobre asuntos políticos. Por eso, pero sobre todo porque Netanyahu sopesó que no tenía toda la autoridad moral para cesarlo sin más, dejó enfriar el asunto y proceder a una maniobra de más amplitud: llevar a Exteriores a Yaalon, meter a un inquietante ultra en el gobierno, mejorar su posición parlamentaria y afrontar así el porvenir.

Tal porvenir es ominoso y el primer ministro ha optado por abordarlo a su manera, con desdén y dejando claro que él es quien manda. En efecto, su golpe de autoridad, que el resto de partidos de la mayoría todos de la derecha neoliberal o religioso-grupal parece haber sido asumido sin más como si no fuera con ellos. Pero irá a medio plazo porque, y esto es lo más relevante de la crisis inducida por Netanyahu, Israel va a hacer frente por fin a lo que parece, aunque no se oiga ni un tiro, su mayor desafío: Washington, literalmente harto de su conducta, ha traspasado la crisis israelo-palestina a eso que vagamente se llama comunidad internacional pero esta vez en serio.

Hay un preciso calendario al respecto: el tres de junio, en París, gran conferencia internacional iniciativa francesa, realquilada por los norteamericanos en París con todo el mundo presente a través de docena y media de países, incluidas las superpotencias. Se hará una declaración instando a las partes a negociar sobre las bases de las resoluciones de la ONU, del todo favorables a los palestinos. Israel rehusará y tranquilamente, el Consejo de Seguridad de la ONU votará en otoño una resolución que, atención, Washington por fin no vetará exigiendo a Israel evacuar los territorios ocupados en 1967 y aceptar un estado palestino en el área descrita por la ONU en 1948

El resultado político se explica muy bien con un feo neologismo: la resolución sudafricanizará la resistencia y de hecho legitimará la violencia insurreccional palestinaSi el lector se sorprende por lo que parece un cambio de humor de Washington piense que para entonces, Barack Obama solo será presidente saliente, esas semanas doradas en las que se toman últimas y aplazadas decisiones cruciales. Un recuerdo al respecto: un tal Ronald Reagan cuando le quedaban días en la Casa Blanca, ordenó en 1989 abrir un diálogo político sustancial con la OLP (la de un tal Yassir Arafat).