El cazador que llevó a Palmer hasta 'Cecil': "Pidió que le cortáramos la cabeza y la piel y así lo hicimos"

"Él sólo estuvo aquí unos pocos días. Disparó al león que quería y pagó por el trofeo, que era el cráneo", relata Theo Bronkhorst

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"Él sólo estuvo aquí unos pocos días. Disparó al león que quería disparar y pagó por el trofeo, que es el cráneo y la piel". El testimonio es de Theo Bronkhorst, el cazador profesional que guió a Walter James Palmer hasta el Cecil, el león más famoso de Zimbabue, para darle caza, y que este miércoles fue acusado de no impedir la muerte del felino. 1.000 euros y la entrega de su pasaporte ha sido la fianza impuesta por el tribunal de Hwange para evitar la cárcel tras ser imputado por "no evitar un acto de caza ilegal". Su juicio se celebrará el 5 de agosto.

En una entrevista a AFP, el cazador detalla y da su versión de lo que ocurrió la noche del 1 de julio y de cómo Palmer no sólo quería dar caza a un gran león sino que también le pidió la caza de un gran elefante. "Esto salió mal desde el principio", asegura este granjero, convertido en cazador por motivos económicos.

Bronkhorst confía en no haber fallado en sus tareas. Insiste en que se comprometió con Palmer en cazar animales y le dispararon a un viejo león macho, el cual consideró que había pasado su edad reproductiva. Palmer pagó 55.0000 dólares por la expedición.

Sobre la foto, en la cual aparece posando junto al cuerpo de Cecil, como se hace habitualmente en las partidas, el zimbauense señala que "fue tomada con la cámara del cliente" y asegura que no tiene acceso a ella. Aunque si la tuviera "no se la daría nunca a nadie".

"No estaba previsto que la caza se llevara a cabo en los terrenos donde finalmente se hizo. En el último momento tuve que desviarme de la zona de caza unas 8 millas", explica desde Bulawayo. La caza se llevó a cabo finalmente en la granja 'Antonieta', propiedad de Honest Ndlovu y limítrofe con el Parque Natural de Hwange donde residía Cecil. Ndlovu no ha sido acusado de nada, por el momento, a la espera de que declare para el Estado, aunque su abogado ha apuntado a que probablemente se convierta en un testigo clave contra Bronkhorst en el juicio que comenzará el próximo 5 de agosto.

Según su versión de los hechos, ese día salieron a la caza cuando el sol ya estaba ocultándose. "Encontramos el cadáver de un elefante que decidimos utilizar como cebo para la cacería", asegura. "Después lo colocamos en un árbol camuflado entre hierbas y ramas, y esperamos (...) Lo primero que vimos acercase fue una leona y detrás de ella un gran león. Un magnífico animal".

"Alrededor de las 10.00 horas de la noche, Palmer disparó con su arco y flecha contra el macho", cuenta. En ese momento, el cazador profesional no pudo confirmar si Cecil había resultado herido, ya que las heridas producidas por un arco y una flecha son complicadas de valorar. Así que cómo Cecil huyó y la noche ya estaba encima decidieron marchar a casa y regresar a primera hora de la mañana.

Esa noche, Bronkhorst empezó a dudar de si lo que habían hecho era correcto. "Perdí mi granja en 2000 y me veo obligado a cazar, pero sólo lo he hecho cinco veces en el último año. Me gusta llevar una vida tranquila", se defiende.

"Estaba muy preocupado por lo que había sucedido y por el león", dice. "A las 09.00 horas regresamos, y lo encontramos malherido, le rodeamos y el cliente le remató con su arco y su flecha". Fue entonces cuando se acercaron y vieron que el animal llevaba un GPS en su cuello. En ese momento, Bronkhorst se dio cuenta de que Palmer había matado a un animal protegido. Ciertamente, habían cazado a una de las principales atracciones del parque nacional Hwange de Zimbabue.

"Tanto yo como el cliente estamos destrozados por el tema del collar, porque en ningún momento lo vimos antes de dispararlo", señala.

La versión de las autoridades de Zimbabue es distinta. Según ellos, el equipo de caza deslumbró a Cecil con su coche, Palmer le disparó, le siguieron dos días hasta que le encontraron moribundo y le remataron disparándole con un fusil.

"Estamos destrozados... dejé el collar en el lugar del cebo y fue estúpido y negligente por mi parte", continúa.

"Es cierto que yo debería haber avisado a las autoridades del Parque, lo admito. Pero hicimos lo que nos habían pagado. Cortamos la cabeza y le quitamos la piel, porque eso es lo que había pagado el cliente".

"Después fuimos a mi casa cerca de Hwange y Palmer me preguntó si le podía encontrar un ejemplar de elefante que superara las 63 libras (el peso de un colmillo), un gran elefante, pero le dije que yo no estaba capacitado para ello, y decidió marcharse al día siguiente a Bulawayo, dejándome a cargo de los trofeos, que se los llevé a la ciudad a la espera de que el taxidermista lo preparara para su exportación a EEUU", se excusa.

Al igual que hiciera Palmer, Bronkhorst también ha negado que tuviera conocimiento de que Cecil era un león tan famoso: "Sólo me enteré por los medios de comunicación. Yo no le conocía".

"Hicimos todo legal. No preveo ninguna sentencia de prisión, creo que esto se ha sobredimensionado por las redes sociales y creo que hay un complot deliberado para prohibir toda caza, especialmente la caza del león en Zimbabue", insiste el operador del safari de caza mayor.

Bronkhorst lamenta haber abatido a "un animal magnífico" que ni siquiera sabía que existía. Lo ocurrido posiblemente ha cambiado su vida y la de su familia y su trabajo para siempre... "recibimos muchas, muchas amenazas de muerte", finaliza