Las playas reciben la primera avalancha con quejas en Gorliz por la OTA

Miles de vizcaínos aprovecharon ayer la fantástica jornada de sol para desplegar la toalla y darse el primer chapuzón veraniego./JORDI ALEMANY
Miles de vizcaínos aprovecharon ayer la fantástica jornada de sol para desplegar la toalla y darse el primer chapuzón veraniego. / JORDI ALEMANY

Un sistema «carísimo» y que sólo permite el pago con monedas o con una «complicada aplicación móvil» enfada a los usuarios

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

«¿Que si tengo ocho euros en monedas? Pues claro que no. Pero cuánta gente creerán que lleva ocho monedas de euro encima para venir a la playa». La indignación en Gorliz por la OTA subió ayer de calibre en la primera jornada de afluencia masiva las playas vizcaínas. Mientras miles de vizcaínos atestaban los arenales en la jornada idónea para el primer chapuzón veraniego, en el parking de la playa de Gorliz lo único que se escuchaba era el monumental enfado de los visitantes.

«¡Ocho euros y no se puede pagar con tarjeta ni con billetes! Esto de Gorliz es surrealista. ¡Será por playas!», gritó un conductor por la ventanilla mientras ponía rumbo a otra cala cercana. La trabajadora de la OTA se esforzaba en aplacar los ánimos de los conductores y en explicar un sistema que todos calificaban como «carísimo y complicadísimo». Hay dos bonos y cuestan cinco euros, uno de mañana (de 9 a 15 horas) y otro de tarde (de 15 a 21 horas). Si quieres los dos, sale por ocho euros. Se compran en las máquinas, que ayer amanecieron cubiertas con silicona, y que no aceptaban billetes ni tarjetas, sólo monedas. «Si sólo quieres dos horas cuesta dos euros, pero tienes que darte de alta en una aplicación de móvil. Estoy acabando de hacerlo ahora y llevo media hora de reloj. ¡Vaya rollo!», se desespera Begoña Parro, recién llegada desde Etxebarri con la familia. Para usuarios poco avezados en tecnología la aplicación puede resultar frustrante, aunque también hay quien completa los trámites en pocos minutos. «Mi matrícula, el modelo de coche, el color, ahora que me mandan un mail de activación. Me estoy desesperando», admite Aitor Osa, mientras sus dos hijas, Eneritz y Leire, aguardan sentadas con cara de aburrimiento por la espera. «Demasiado lío para un día de playa y encima ocho eurazos», zanja.

Naturalmente, el recurso más sencillo es dirigirse al chiringuito a por cambios. Una idea que provocó que el dueño acabara colocando un cartel bien visible: «No hay cambios para la OTA. Pedid en el Ayuntamiento». El hartazgo es general. Xabi García confía en que «si vienes más veces la aplicación puede ser útil y agilizar», aunque el precio le resultó «bastante caro». No alcanzaba a comprender por qué el sistema no admite «algo tan fácil como meter dos euros y que salga un ticket con el tiempo que corresponda».

Una de las más indignadas era Estitxu López Bengoetxea, que acudió con su hermana Amaia. «Es caro y no hay ninguna facilidad para pagar. La gente va a la playa con algo de chatarrilla, no con ocho euros encima. Me he apañado con la aplicación que, por cierto, no tiene 'paypal' y no es tan seguro. Yo me he creado una tarjeta virtual pero eso tampoco lo sabe hacer todo el mundo. Ya que te hacen pagar, que te pongan las cosas más fáciles», reclama una asidua que viene desde Bilbao a Gorliz «todos los veranos hasta que me voy de vacaciones».

8 euros cuesta dejar el coche todo el día en la playa de Gorliz. Si se opta por un bono de mañana (de 9 a 15 horas) o de tarde (de 15 horas a 21 horas) sale por cinco euros. Actualmente no se puede pagar con billetes ni tarjetas. Para duraciones más cortas es necesario registrarse en una aplicación móvil

Algunos conductores volvían cabreados a sus coches con un paquete de patatas o una botella de agua pequeña para alcanzar los ocho euros en monedas que permitían pisar la arena. En las máquinas de la OTA más alejadas de la playa el caos era todavía mayor ya que la única trabajadora del servicio no podía acercarse por el aluvión de dudas y quejas a su paso. Un mensaje dejado en un parabrisas de un Audi resumía la historia: «NO he conseguido pagar. Si queréis cobrar, venid a buscarme a la playa».

El día perfecto para el primer chapuzón llena los arenales

Bastaba mirar por la ventana a primera hora de ayer para predecir lo que estaba a punto de suceder. Miles de vizcaínos se lanzaron a la carretera desde bien temprano y atestaron todos los arenales vizcaínos. Un lleno generalizado, desde La Arena, en la frontera con Cantabria, hasta las calas de Lekeitio y Ondarroa, cerca ya de la muga con Gipuzkoa. Uno de los lugares donde más se dejó notar que el buen tiempo ha vuelto con fuerza fue en Bakio, Sopela y Gorliz.

La carretera que une la mayor parte de las calas de la Margen Derecha registró tráfico muy lento a mediodía. El aparcamiento volvió a ser una tarea complicada en el entorno de Urdaibai, especialmente en Laga, Laida y Mundaka.

Tras quince días con una meteorología no apta para bañistas, el sábado de sol radiante se exprimió hasta el último rayo y las largas hileras de coches de regreso se hicieron esperar hasta el anochecer. Además del buen tiempo, ayudó el regreso de las banderas verdes tras diez días de contaminación por aguas fecales, que afectó a un buen número de playas la semana pasada. Muchos, además, alargaron la jornada para enlazarla, en los arenales, con la celebración de la mágica noche de San Juan.

Marcelo Ruiz, que atiende la heladería más próxima al arenal, habla sin pelos en la lengua. «La OTA aquí ha sido una chapuza gigantesca. Tenemos el minuto más caro del mundo entero y si quiere le pongo algunos ejemplos. Protesta todo el mundo y es normal. Esto es un robo, y punto». Ruiz, que califica la aplicación de móvil como «un rollo infernal», calcula que sus ventas se han reducido un 80%. «Hay algo de gente, pero los días laborables el aparcamiento estaba completamente vacío». Tiene fotos que lo prueban. «Esto es una ruina», lamenta. Le indigna que «en Gorliz, debemos decirlo, no había un problema de plazas de aparcamiento. Esto sólo tiene un afán recaudatorio».

Caída de facturación

El problema no se limita a la playa. «El pueblo entero está vacío. Nuestros clientes se han despedido hasta octubre. Es así», valora Arantza Allende, tesorera de la asociación de comerciantes. «En la panadería han sobrado tres cestas de pan, peor que en invierno. El Hondar Txoko, pensado para niños, está facturando el 10% de lo habitual. Hay muchos sitios para ir y un grupo grande te viene con varios coches y la tarde les sale 40 euros más. En el gimnasio la gente se está dando de baja y van a otros lados», censura. Los clientes de su bar, el 'Txispas', y de los comercios próximos, suelen llegar desde Lemoiz y Armintza y «ahora están yendo a Mungia a hacer las compras». La asociación mantendrá las protestas semanales contra el recién implantado pago por estacionar que «ahora cabrea más cuando vemos que no se cobra en agosto ni en Bilbao». «Esto sólo ha tenido una cosa buena. Ahora estamos todos a una contra la OTA».

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