Incendio en un edificio de Otxarkoaga

«Si llego a quedarme dormido en la siesta, me quemo vivo»

Los inquilinos han tenido que salir a la calle./LUIS CALABOR
Los inquilinos han tenido que salir a la calle. / LUIS CALABOR

La humareda que invadió la escalera de una de las torres de Otxarkoaga al quemarse un bajo desató la alarma entre decenas de vecinos obligados a encerrarse en sus casas

JOSÉ DOMÍNGUEZ

Pasadas las tres de la tarde, Antonio Amaya Muza, cuya familia es conocida en Otxarkoaga con el apodo de los 'Arturo', iba a echarse una siesta tras una mañana de trabajo en el mercado ambulante de Bolueta, pero apenas tuvo tiempo de cerrar los ojos. «Menos mal que no me quedé dormido, porque me quemo vivo», repetía ayer mientras observaba desde el exterior su casa «calcinada». Fue tumbarse «y sentir un tufillo a quemado que me hizo salir de la habitación». Entonces vio que de la puerta de su hijo «salían llamas». Corrió a la sala, en el otro extremo de la casa, y encontró allí a su vástago y a su mujer viendo la televisión. «'¡Fuego, fuego!', salimos los tres dando gritos».

La rápida intervención de los Bomberos permitió desalojar las plantas más bajas del número 17 de la calle Pau Casals pero, al tratarse de una torre de 15 alturas y debido a la intensa humareda negra que inundó el hueco de la escalera, pronto la orden pasó a ser la contraria: quedarse en casa, sellar la puerta con toallas húmedas para que no entrase hollín y abrir las ventanas. Una decisión acertada, porque en menos de una hora el fuego era sofocado por los tres camiones que acudieron desde el parque de Miribilla. Su rápida intervención no evitó que se desatara la alarma entre las decenas de vecinos que quedaron encerrados.

Concepción Gutiérrez fue una de las que no aguantó y huyó por el vestíbulo, aunque vive en el quinto piso. Y a punto estuvo de pagarlo muy caro. «Tengo 78 años, vivo sola y no lo he pensado mucho porque, cuando me quise dar cuenta, estaba rodeada de humo negro y no veía nada», confesaba. Desesperada, decidió taparse la cabeza y correr escaleras abajo. Logró alcanzar el portal, pero no antes de caerse «rodando por las escaleras; no sé ni cómo he conseguido salir».

Iratxe Urkijo vive en el sexto y ella sí hizo caso de las indicaciones. Se quedó quieta durante «una hora casi eterna», hasta que le confirmaron que ya podía bajar. «Mira qué negras tengo las manos de lo manchado que está ahora todo, dentro y fuera de casa», remarcaba.

«No me avisó nadie»

Alejandra Aguilella Larralde también tuvo que quedarse. En su caso porque vive en el piso 14 y, sobre todo, porque «no me avisó nadie. Me han dicho los bomberos que no se aclaraban con nuestro portero automático, que obliga a teclear cada número por separado, más la letra y, por último, dar al botón verde». En realidad se enteró de lo que estaba ocurriendo por un mensaje de whatsApp que le envió una amiga y vecina del mismo bloque «que sí había logrado salir a la calle».

Tras enfriar el interior del inmueble, los Bomberos analizaban ayer los restos calcinados para concretar el origen y las causas del fuego. Aunque Antonio Amaya aseguraba tenerlo claro. «Ha sido intencionado, alguien debe haber tirado algo ardiendo desde fuera porque estaba abierta la ventana del cuarto de mi hijo, de 35 años y con un pequeño problema psíquico», decía. Y remarcaba que el fuego se había originado «en un armario, donde no hay ningún enchufe ni nada».