Heroína y deporte en la calle Urquijo

En el número 27 de la calle Urquijo, a donde se entra por dos túneles, está habitualmente lleno de suciedad. /Manu Cecilio
En el número 27 de la calle Urquijo, a donde se entra por dos túneles, está habitualmente lleno de suciedad. / Manu Cecilio

Vecinos de este callejón en el que hay un gimnasio de crossfit y un taller de pintura piden medidas para rehabilitar la zona

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Urquijo 27 se encuentra a apenas 500 metros de La Alhóndiga. Esta dirección corresponde a un callejón de unos 500 metros al que sólo se puede acceder por dos pequeños túneles, uno situado en la propia Urquijo y el otro en la calle Elcano. Se trata de un enclave situado en pleno corazón de Bilbao, pero que pasa desapercibido para la inmensa mayoría de personas que atraviesan a diario estas calles. Básicamente, porque es muy difícil llegar al callejón si uno no dirige sus pasos expresamente a alguno de los locales que hay aquí: un gimnasio de crossfit por el que pasan decenas de personas todos los días, un estudio de pintura, un taller de coches y la puerta trasera de un bingo.

Lo que tampoco mucha gente conoce es que Urquijo 27 es una calle con mucha más suciedad de la habitual, que también frecuentan heroinómanos, indigentes y chavales del instituto que buscan allí un lugar discreto para fumar porros. Un sitio en el que se puede ver a deportistas corriendo mientras esquivan jeringuillas usadas a apenas un metro de distancia de jóvenes que se están inyectando dosis de heroína. A cualquier hora del día.

Muchos vecinos y usuarios de estos servicios reclaman medidas al ayuntamiento para revertir esta situación. El problema es que Urquijo 27 no es como cualquier otro espacio público de Bilbao. Una de las claves es que algunos vecinos no se ponen de acuerdo a la hora de decidir qué medidas tomar para mejorar este enclave. Y el Consistorio se justifica afirmando que, en gran medida, tiene las manos atadas.

Según dicen portavoces oficiales del Ayuntamiento de Bilbao, el Consistorio tiene limitadas sus actuaciones en este rincón de la villa porque se trata de «un espacio privado». Las fuentes consultadas reconocen que se trata de un lugar en el que se ha detectado suciedad y que, además, está catalogado como de interés en materia de seguridad por la Policía Municipal. La propia Guardia Urbana ha solicitado en alguna ocasión a los servicios de limpieza que adecenten la zona. Tampoco es infrecuente ver a agentes identificar y animar a irse a los 'sin techo' que duermen aquí. Pero desde el equipo de gobierno de la villa insisten en que se trata de un espacio privado –como si fuese un portal de un edificio de viviendas– y que corresponde a las comunidades de propietarios adoptar las medidas que consideren oportunas.

Menores y niños

A muchos de los inquilinos del callejón no les valen estas explicaciones. Según dicen, llevan meses reclamando ayuda y creen que la administración podría actuar, igual que lo hace en otros ámbitos. Por ejemplo, cuando les exigen que lleven una tubería por un recorrido determinado. Algunos se pusieron de acuerdo para poner unos focos para alumbrar durante las noches. Pero no es suficiente. Leire, que dirige un estudio de pintura orientado también a una perspectiva educativa, reconoce que algunos vecinos de las comunidades de propietarios se oponen a tomar medidas por ahorrarse unos euros. Esto provoca, por ejemplo, que el asfalto de la calle esté sin arreglar o que no saliese adelante el proyecto para poner unas puertas o unas verjas en las entradas del callejón. «Si las administraciones dicen que no pueden hacer nada, lo mínimo que deberían hacer es exigir a las comunidades de propietarios que tengan esto en condiciones. Lo que no puede ser es que nos encontremos a chicos pinchándose droga en la cabeza o que haya vecinos que tiran la basura por la ventana», insiste esta bilbaína.

El gimnasio de crossfit de Urquijo 27 lleva apenas un año y medio abierto. Desde entonces, decenas de personas pasan por aquí a diario. También menores y niños que acuden con sus padres. Ellos también han reclamado medidas al Ayuntamiento y a la comunidad de propietarios. Y han tenido que llamar a la Policía local en numerosas ocasiones. Se han llegado a encontrar rastros de sangre y heces humanas en la puerta de su local. Sobre todo, temen que si no se toman medidas pueda llegar a pasar algo.

 

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