«Me gustaría oír 'eso lo inventó una mujer'»

De izquierda a derecha, Rosi Terán, Eztizen Álvarez, Marta Santamaría, Michelle Siranaula y María Pérez. /FERNANDO GÓMEZ
De izquierda a derecha, Rosi Terán, Eztizen Álvarez, Marta Santamaría, Michelle Siranaula y María Pérez. / FERNANDO GÓMEZ

Alumnas del instituto de FP Elorrieta Erreka Mari de Bilbao hablan de sus sueños en el Día de la Niña en la Ciencia

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

En el Instituto de Formación Profesional Elorrieta Erreka Mari de Bilbao las chicas no son mayoría. Si atendemos al sexo de las personas matriculadas se aprecia lo que en todos los centros de FP, una clara polarización. Casi siete de cada diez alumnos son varones. Ellos son mayoría en las familias formativas de Fabricación Mecánica y Programación, mientras en los estudios de Química, por ejemplo, la presencia femenina está más equilibrada. Ayer, Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia, fue una jornada dedicada a las alumnas. Para ellas, que andan con exámenes, reservaron en el primer piso una «habitación propia», que diría la escritora británica Virginia Woolf, para participar en una mesa redonda.

Acudieron varias docentes y pocos profesores. La directora del instituto, Iraide Olivares, estaba allí. Además de un Premio Euskadi de Investigación y eminencia en Cristalografía, Maribel Arriortua, y una exalumna que ha prosperado hasta convertirse en responsable de calidad de una compañía, Idoia Casado. Dijo que en su empresa «no se habían planteado tener baños para chicas» cuando ella empezó, pero que ahora hasta le han puesto una taquilla. Dos pesos pesados completaban el aforo. Una doctora en Químicas y una doctora en Filosofía. Dos voces de ciencia... y de la Política. La consejera de Educación, Cristina Uriarte, y su homóloga en el ministerio, Isabel Celaá, respectivamente. Ambas animaron a las asistentes a «desarrollar su talento en lugares como la ciencia, donde no se ha visto tanto a las mujeres», resumió Celáa. Algunas de las que tienen este firme propósito están aquí. La que suscribe este artículo se compromete a localizarlas en unos años para contar sus éxitos.

Michelle Siranaula | Sodupe. 19 años «Somos tres chicas en clase»

«La gente conoce más la labor de los programadores, nosotros somos los que hacemos las redes», explica esta estudiante de Administración de Sistemas Informáticos en Red. «Somos tres chicas en clase. En Bachiller pasaba lo mismo. De los 23 que estábamos en la rama tecnológica, seis éramos chicas». Cursa la modalidad dual, de modo que trabaja por las tardes en Tubacex, empresa que fabrica tubos de acero inoxidable sin soldadura. «Mi jefe me ha dicho que hasta ahora sólo ha coincidido con otra mujer». Michelle aspira a trabajar en Google y sueña con inventar «una aplicación útil». «Y que digan, mira, lo hizo una mujer».

Eztizen Álvarez | Bilbao. 26 años «Era veterinaria, pero vi que esto tiene más salida»

El nombre de lo que estudia es tan largo como una receta de la alta cocina: Programación en la Producción de la Fabricación Mecánica. Es decir, esta bilbaína de 26 años busca un puesto en la empresa del metal «programando máquinas» o «haciendo piezas» para aviones, por ejemplo. Son dos chicas en clase, en primero. Trabajó tres años como veterinaria, pero vio que no le compensaba. «Se gana muy poco y trabajas muchas horas», advierte. Así que ha vuelto a estudiar matemáticas y trigonometría. No se le ocurre el nombre de ninguna científica.

Marta Santamaría | Villarcayo. 19 años «Me animaron a hacer FP y pasar de la Universidad»

«Si una mujer se propone llegar alto, lo va a lograr», sostiene esta joven de 19 años, que cursa Operaciones de Análisis de Control y Calidad y ya se ve trabajando en un laboratorio de alimentos y haciendo ensayos no destructivos. «En mi casa mi madre me animó a estudiar Formación Profesional. Hay gente en mi familia que ha ido a la Universidad y no ha tenido una salida, en cambio, los que han hecho FP, sí», dice.

Rosi Terán | Bolivia. 20 años «Pido a los chicos ayuda con las piezas pesadas»

Rosi Terán es una amante de la tecnología CNC, que es la que permite utilizar máquinas mediante comandos programados. «Elegí un bachiller de letras porque no me veía capaz, pero tenía el gusanillo metido en el cuerpo y, al final, me decanté por unos estudios tecnológicos. Y sé que he acertado. Me lancé y en casa me apoyaron». Ella, que hubiera querido «inventar la impresora 3D», es la única mujer en una clase de veinte. «El año pasado era igual, así que estoy acostumbrada». «A veces me siento menos capaz que ellos, por ejemplo cuando tengo que pedirles que me ayuden a mover las piezas pesadas».

María Pérez | Zeberio. 18 años «Quería estudiar algo relacionado con la química»

Laboratorio de análisis y Control de Calidad, lo ideal para una chica como María Pérez, natural de Zeberio, que quería «hacer un grado relacionado con la química» y lo encontró en el instituto Elorrieta Erreka Mari. Como las demás, no ha oído hablar de científicas que hayan llegado a lo más alto. Los nombres de Amalie Emmy Noether (matemática), Lise Meitner (física) y Jocelyn Bell (astrofísica) le suenan poco menos que a 'chino'. Ve «muy difícil» aunque «no imposible» inventar algo. «Alguna teoría o algo así, no estaría nada mal», apunta.

 

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