El Gorbea sin Jacinto Sagarna

En primer plano, Jacinto Sagarna, y al fondo el monte Gorbea./E. C.
En primer plano, Jacinto Sagarna, y al fondo el monte Gorbea. / E. C.

El fallecimiento del veterano pastor conmociona al mundo rural que hoy asiste al estreno en Orozko de un documental sobre los mayorales de este monte

L. PÉREZ / J.J. HERNÁNDEZ

Los jóvenes de Abadiño solían parar en la pequeña bodeguita del barrio de Astola cuando volvían de entrenar en el campo de fútbol. Allí echaban sus primeros chatos de vino y disfrutaban con las historias y la charla amable del que todos recuerdan como «un hombre bueno». Eran los años de juventud de un vinatero llamado Jacinto Sagarna, que más tarde ganaría fama mundial como el pastor del Gorbea. En Abadiño se le recuerda con «mucho cariño» y ha caído como un jarro de agua fría la noticia de su fallecimiento el pasado sábado, a los 83 años. Hoy los vecinos le darán su último adiós en un funeral oficiado en la parroquia de San Trokaz a partir de las 18 horas.

«Le conocí desde crío, con 9 años, y le tenía un gran aprecio, un afecto personal. Fue una persona de la que no encontrarás a nadie que se haya cabreado con él. Un 'jatorra', un hombre muy bueno». Así lo describe el alcalde de Abadiño, José Luis Navarro. El regidor le recuerda como jurado de la corderada de San Blas y echando un cable en lo que hiciera falta. «Muy amigo de sus amigos», era frecuente encontrar visitantes en el pueblo deseoso de preguntarle qué tiempo iba a hacer aquel verano. «Las previsiones meteorológicas son siempre muy generales pero hay que reconocer que, si decía que iba a llover mucho en septiembre y octubre, acertaba». Sagarna se había curtido en los montes de su Zeanuri natal, donde ya pastoreaba ganado con nueve años. Eran otros tiempos y podía tirarse sin bajar desde mayo hasta las Navidades. «Aprendió mucho del comportamiento de los animales y de cómo les afectaban los cambios de tiempo», explica Navarro. A Zenauri aún regresaba un par de veces al año. «No solía faltar en la comida de quintos», recuerda Eusebio Larrazabal.

Sagarna, que heredó de su padre el título de pastor del Gorbea, analizaba las témporas en los días previos al equinoccio y el solsticio, registraba las temperaturas en diferentes puntos del Gorbea, y añadía información de «vientos, nubes y animales». Así lanzaba su previsión para toda la estación. «En el campo me di cuenta que los animales se iban a la cuadra sin cenar y al día siguiente nevaba», explicó en este diario, con el que colaboró durante años. Dicen que acertaba a menudo pero él prefería recordar un logro de su padre, Pablo Sagarna: «Predijo que nevaría en ese monte en pleno agosto. Y nevó el día 14».

El azar es caprichoso y esta tarde, mientras sus vecinos y amigos le despiden, se estará estrenando en la sala Donibane de Orozko la primera parte de 'Pastores de Gorbea. Pasado, presente y futuro del pastoreo en el macizo de Gorbea', un documental que dirige el bilbaíno José Luis Urrutia. Ayer el director lamentaba el fallecimiento de Sagarna. «En la primera etapa de grabación hemos entrevistado a los pastores que nos resultaron más cercanos a la zona de Orozko. Estaba previsto que Sagarna interviniese en los próximos meses», lamentó.

La noticia de su muerte sacudió ayer los municipios más rurales y los círculos de pastores. «Hace años se fue a vivir a Abadiño, pero todavía recuerdo cuando vivía la familia en Zeanuri. Su padre tenía una chabola en el monte y él, además de pastor, estuvo una época repartiendo vino por el pueblo con un burro», rememora Enrique Etxebarria, otro de los pastores de la zona con mayor experiencia «Todos nos conocemos y es una pena que los mayores fallezcan sin relevo».

Vivir sin agua

Vecino de Zeanuri, Etxebarria explica en el documental los cambios que ha experimentado el oficio. «Ahora ser pastor es una gloria. Antes vivíamos muy mal, en malas condiciones, en chabolas sin luz, ni agua, ni comodidades. Por no haber, no había ni caminos. Hoy en día hay de todo y hasta se puede subir en todoterreno». Sesenta años de profesión atestiguan sus palabras. A la espera de cumplir las 75 primaveras, se resiste a jubilarse de por vida. «Empecé a las 14 años. Siempre lo vi en mi casa, aquí todos se han dedicado a esto, desde mi abuelo. Tampoco se vive tan mal. Si te gusta, tiene ventajas. No te riñe nadie, hablo con las ovejas y con algún montañero que me encuentro», defiende. El documental sobrevuelas campas de Arraba, Itxina, Oketa y Austigarmin penetrando en la historia sentimental del Gorbea, una memoria de la que ya será siempre parte Jacinto Sagarna.