El fiscal cree que el profesor abusó del alumno y mantiene la petición de 3 años de cárcel

El acusado, José María M., numerario del Opus Dei, sigue el juicio. / Fernando Gómez

Estima «creíble» el testimonio del exalumno pero advierte de que si el tribunal aplica el nuevo Código Penal la pena que reclama sería de 20 meses

Koldo Domínguez
KOLDO DOMÍNGUEZ

Visto para sentencia. La vista oral del 'caso Gaztelueta' ha concluido este jueves por la mañana en la Audiencia Provincial de Bizkaia con la presentación de los informes de conclusiones de cada parte. La Fiscalía ha mantenido su petición de 3 años de pena de cárcel para el antiguo profesor del colegio de Leioa acusado de haber abusado sexualmente de Juan C., uno de sus alumnos, que en el momento de los hechos tenía 12 años. Para el Ministerio Público, a lo largo de la vista –que arrancó el pasado jueves– ha quedado probado que el docente abusó del estudiante en su despacho durante las sesiones de tutoría que mantenía con él.

Según lo expuesto por el fiscal, Alejandro Torán, el profesor puso en marcha a lo largo de dos cursos un «plan preconcebido tendente a la finalidad de satisfacer su fin libidinoso». Pero de esos hechos no hay testigos de referencia y los testimonio del procesado y la víctima son la «única prueba directa». «¿Y a quién creemos? ¿Qué testimonio es válido para romper la presunción de inocencia?», se ha preguntado de forma retórica. Según la jurisprudencia de la propia sala y del Tribunal Supremo, para darse por buena una narración de este tipo debe acreditarse que se trata de «una declaración creíble, sin un móvil de venganza y que sea persistente en el tiempo y sin contradicciones». «Si no supera ese triple filtro, debe ser eliminada», ha detallado el fiscal.

El fiscal acepta que la narración de Juan C. cumple las dos primeras premisas, no así la tercera, al menos en su integridad. El Ministerio Público estima que el joven ha mantenido desde su primera declaración y hasta su declaración la pasada semana en la vista que el profesor le «acariciaba, le enseñaba fotos de mujeres desnudas en el ordenador de su despacho y le realizaba tocamientos en los muslos, espalda, pecho, trasero y, hasta en cuatro ocasiones, en los genitales por dentro de la ropa». Por ello, estos hechos los da por buenos y los mantiene en sus conclusiones.

Sin embargo, el joven no expuso desde el principio los hechos más graves, los que se refieren a que el procesado le obligó a masturbarse frente a él y que le introdujo bolígrafos por el ano. En concreto, el último lo denunció en 2015, cuando presentó su querella en el juzgado de Getxo. Además, su relato respecto a estos dos abusos ha variado desde la fase de instrucción a la vista oral. El fiscal cree que no se da, por lo tanto, el elemento de la «persistencia en la incriminación», y en consecuencia esta parte del testimonio no supera el triple filtro y lo desestima.

Pese a la supresión de esos dos abusos más graves, el fiscal estima que la «continuidad delictiva no varía» y hay otros actos que justifican la acusación de un delito continuado de abusos sexuales. Además, no incluye ningún agravante –ni de superioridad ni confianza– porque son «inherentes al abuso».

El Ministerio Público ha planteado al tribunal una «calificación alternativa» para los hechos denunciados, en función del Código Penal que aplique. Si se recurre al antiguo, al que estaba vigente en 2008 (año en el que comenzaron los presuntos abusos), la petición de pena sería de tres años. Pero si se decanta por el actual, abriría la puerta a una rebaja sustancial de la condena, que quedaría en 20 meses de cárcel. De darse este caso y el profesor es condenado, no llegaría a ingresar en prisión al carecer de antecedentes penales.

La acusación particular, por su parte, ha mantenido su petición de 10 años de cárcel por un delito de abuso sexual, mientras que la defensa del profesor ha vuelto a reclamar su libre absolución.

«Repugnante»

«Cuestionar a estas alturas el testimonio de mi hijo me parece simplemente repugnante», ha manifestado el padre del exalumno antes de entrar a la Audiencia Provincial de Bizkaia para asistir a la última sesión del juicio, en el que Fiscalía, acusación particular y defensa presentan sus conclusiones definitivas.

Aunque ha eludido realizar más valoraciones sobre la postura de la Fiscalía, el progenitor sí que ha querido mostrar su satisfacción con los dictámenes de las peritos, «que han sido muy claros y contundentes» y con el trabajo de los jueces, que ha calificado de «profesional y aséptico». Tras declarar que, a su entender, el juicio está sirviendo para sacar la verdad a la luz, ha señalado que «la opinión pública no tiene ninguna duda de que lo que ha dicho mi hijo es cierto de 'pe a pa'».

Acusación: «O se cree a Juan o no se le cree. Y los peritos sí lo hacen»

«Suplico que se haga justicia». Así concluyó Leticia de la Hoz, la abogada del exalumno de Gaztelueta, la exposición de su informe final. Y pidió al tribunal que estime su querella y condene al profesor a 10 años de cárcel por abusos sexuales continuados a lo largo de dos años, incluida la penetración con objetos. A su entender, ha quedado demostrado que el docente «minó poco a poco y de forma perversa» al joven, le fue «destruyendo como persona» para poder aprovecharse de él durante las sesiones de preceptuación.

La letrada destacó que todos peritos han dado credibilidad al testimonio del joven, incluidas las cuatro forenses de la Audiencia. De ahí que arremetiera contra la Fiscalía por sólo aceptar una parte de los hechos. «Mire no, aquí se cree o no se cree. Lo otro es un irracional lógico», expuso.

Además, y también dirigido al Ministerio Fiscal, quiso dejar claro que las «víctimas de delitos sexuales» cuentan los hechos «cuando pueden». «Roza el absurdo exigir a una víctima de abusos sexuales que lo cuente cuando a nosotros nos gustaría», aseguró.

De la Hoz calificó de «milongas» todas las explicaciones dadas por los profesores y exalumnos de Gaztelueta para tratar de exculpar al acusado, como que su despacho estaba «muy transitado», si la puerta no se cerraba con llave, si existía un filtro en el ordenador para no ver contenidos eróticos o las actas notariales firmadas por todos ellos y en las que mostraban su confianza en el procesado.

Además, aseguró que es un «chiste de mal gusto» dar a entender que el joven padecía problemas psíquicos previos porque sufrió dos ataques de ansiedad y le recetaron Orfidal, y tildó de «ridícula» la hipótesis del «falso recuerdo» aportada por la defensa para explicar el relato de los abusos que hace el joven.

Defensa: «No hay ninguna prueba, y sí muchas dudas y lagunas»

Ya que le era «imposible» demostrar que su cliente no había cometido los hechos de los que está acusado, el objetivo durante el juicio de Eduardo Ruiz de Erenchun, el abogado defensor, era aportar elementos que generaran al tribunal una duda razonable. Y ayer, en su informe final, así lo aseguró para argumentar su petición de libre absolución. «Hay muchos datos que permiten dudar de algunas cosas, hay muchas lagunas, aspectos difícilmente explicables (...). Podría llegar a cometerse la injusticia terrible de condenar a un inocente».

Ruiz de Erenchun confesó que él cree a la víctima, pero estima que lo que el joven cuenta no ocurrió. A su juicio, «llegó a convencerse» de esos hechos tras sufrirlos durante sus «pesadillas horribles» y alucinaciones en las que se le aparecía el acusado. E incluso que su propia familia y los psicólogos que le han tratado le han podido inducir «sin pretenderlo» a creerse los abusos. Es la teoría de 'falsa memoria' defendida por uno de sus peritos. «Ninguno de nosotros sabe lo que pasó», aseguró. Según el letrado, tampoco hay «elementos de corroboración» de la declaración del joven, sino que todos los expertos «dicen lo que Juan cuenta, pero no determinan que sea cierto».

En su alegato, también apuntó que «no hay ni una sola prueba» que demuestre, no ya los propios abusos, sino que el profesor participara en el acoso escolar del joven, le humillara en clase, le mostrara fotos eróticas, o que su estrés postraumático fuera provocado por el supuesto 'bullying' que sufrió años después. «La acusación tenía que haber demostrado todo eso y no lo ha hecho», valoró.

El acusado, José María M. renunció a su derecho de dirigirse al tribunal al final de la sesión.

 

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