Fila magistral

Ya se oposita para poder preparar las oposiciones

Fila magistral
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Nos hemos acostumbrado a que las convocatorias públicas de empleo ofrezcan panorámicas que, por lo multitudinario, disciplinado y significativo, recuerdan vagamente a las exhibiciones militares en Pyongyang. Me refiero a esa atmósfera tensa de los días de examen en el BEC, a las enormes naves desangeladas y los miles de opositores formando hileras perfectamente simétricas. También a la jerarquía de los chalecos reflectantes. Ya las declaraciones de los opositores antes de entrar al examen. «Sabemos que es difícil, pero hay que intentarlo», les cuentan a los reporteros. Yuno piensa en la unanimidad con la que en Corea responderán que el gran líder lo está haciendo perfecto, fetén, divino, si por lo que sea pregunta la Televisión Central.

La dificultad de conseguir una plaza en esas oposiciones masivas no tiene solo que ver con la complicación de los temarios, sino también con la aritmética. La proporción en la que el número de aspirantes supera los puestos que se ofertan facilita que el proceso termine adquiriendo un extraño aire de lotería. El trabajo pasaría así a ser el premio extraordinario, obviando su vieja y contrastada condición de castigo divino.

Habría que mirar si todo eso, las grandes cifras, los enormes pabellones, la psicología de masas, no favorece demasiado la desproporción. Más de trescientas personas pasaron la noche del domingo al raso, frente a una conocida academia de Pozas, haciendo cola para poder matricularse y preparar allí la OPE de Magisterio de 2019.

La academia ofrecía 140 plazas y había recibido 1.600 solicitudes. Decidieron que ayer por la mañana irían haciendo las matrículas según la gente fuera llegando al centro. Pero la gente no llegó. La gente ya estaba fuera. Los aspirantes a alumnos durmieron en la calle, turnándose con los amigos, involucrando a los padres, pertrechándose de termos, mantas y sillas plegables. Fue como, si en lugar de un sitio en una academia, buscasen una entrada en pista para el gran concierto. Quienes defendían su turno en plena calle eran los maestros del mañana. Y estaban haciendo algo bastante preocupante: opositar para poder preparar una oposición. También, eso sí, ganar 'autoritas' para organizar filas de niños en el patio, si después de todo tienen suerte y pueden llegar a cumplir un día su vocación.

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