Una fecha para recordar y nunca olvidar

El cementerio inglés de Loiu ha recibido hoy un nutrido grupo de visitas/Luis Ángel Gómez
El cementerio inglés de Loiu ha recibido hoy un nutrido grupo de visitas / Luis Ángel Gómez

El Consulado Británico celebra el 'Día del Recuerdo' en el cementerio de Loiu para honrar a los caídos en las dos grandes guerras mundiales

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

A la úndecima hora del undécimo día del undécimo mes. Con una puntualidad exquisitamente británica, una nutrida colonia de ciudadanos de origen inglés y representantes de distintos cuerpos consulares de Bilbao han rendido honor este domingo a la mañana a marinos y soldados de distintas nacionalidades caídos en combate, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial.

En el corazón del cementerio británico de Loiu, el 'Día del Recuerdo' (en inglés, Remembrance Day; también conocido como Día de la Amapola, Día del Armisticio o Día de los Veteranos) ha subrayado, con una absoluta solemnidad, la existencia de fechas que han quedado marcadas para siempre en la historia para recordar y nunca olvidar. No olvidarse de la memoria, entre otros, de los 56 caídos de la Commonwealth, pilotos y artilleros, muy jóvenes todos ellos, que lucharon contra el fascismo y cuyos restos reposan en el camposanto vizcaíno.

Las tumbas nos hablan de hombres que murieron siendo casi niños. De gente como A. S. Kidson, un marinero de solo 19 años, o el piloto T. L. Wilson, piloto de la Royal Canadian e hijo de Alexander Wilson y Jessie Wilson, que falleció el 20 de agosto de 1942 a los 26. O del sargento R. H. Linton, muerto el mismo día cuando acababa de cumplir 22 años. También del ingeniero de vuelo A. C. Wells o del 'fireman' (así reza en su lápida) Leong Yow, un bombero cuya vida se apagó en el fragor de una contienda desarrollada el 29 de mayo de 1940 a los 27 años.

La mayoría de las víctimas fueron enterradas al principio en otros cementerios de las costas del norte y noroeste de España, donde «la gestión de mantenimiento permanente no resultaba fácil», ha recordado Félix Velasco. Fue lo que llevó a trasladar posteriormente sus cuerpos, junto a otros siete caídos de la Primera Guerra Mundial, a Loiu. Un cementerio donde a todos los muertos se les trata por igual. La distancia entre las tumbas es siempre la misma y tampoco se hacen diferencias con los rangos y jerarquías. Lo mismo da que fuesen soldados, capitanes o sargentos. Sí se distinguen la labor que realizaban. Unos eran marineros, otros pilotos, otros cocineros.

Esperanza

Pequeños y mayores se han acordado de ellos colocando juntos a sus restos una pequeña cruz y una amapola, en medio del ensordecedor ruido de algunos aviones que despegaban del aeropuerto. Nick Greenwood, cónsul británico en Bilbao, ha lanzado una de esas frases que remueven conciencias e invitan a la reflexión en tiempos políticos tan convulsos como los actuales: «Que nos sirvan las guerras para recordar los errores en los que no se deben incurrir jamás y no pasar por alto que las mismas tuvieron lugar hace no mucho tiempo. Mi abuelo vivió una de ellas. Vivamos, por tanto, en paz», ha pedido este domingo, cuando se cumple un siglo del final de la Primera Guerra Mundial.

 

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