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Muerte en las vías

José Ignacio Torres se llevó el susto de su vida con un hombre ebrio que caminaba por las vías del metro a la salida de un túnel en Las Arenas. /Sergio García
José Ignacio Torres se llevó el susto de su vida con un hombre ebrio que caminaba por las vías del metro a la salida de un túnel en Las Arenas. / Sergio García

Cinco maquinistas implicados en arrollamientos sobrellevan el trauma de ver saltar a alguien delante de su máquina. «No conducimos coches, necesitas 800 metros para frenar»

Sergio García
SERGIO GARCÍA

Ocurrió cuando conducía el tren de La Robla, en algún punto entre Balmaseda y Zalla, hace cuatro o cinco años. «Prefiero no obsesionarme con las fechas, es peor». Eso sí, recuerda que era otoño y última hora de la tarde, porque anochecía antes. «Había una curva muy cerrada y el foco hizo un barrido del talud y la vía. Al principio me pareció un maniquí, pero me extrañó que tuviera el cuello sobre el raíl. Hay un segundo, tal vez dos, pero te parece una película larguísima. Activas el freno de emergencia, el pito, ráfagas intermitentes... La cabina está a cierta altura y lo pierdes de vista enseguida. Entonces escuchas el ruido del golpe, tan impactante que te deja helado». Marcos, 38 años, ha estado moviendo las manos y de pronto se detiene, como si todavía no diera crédito. «El caso es que libró, fue milagroso. No sé si porque la máquina llevaba acoplado el quitarrés o porque ese convoy hace un ruido ensordecedor para espantar el ganado. Quizá se arrepintió en el último momento o el silbato le llevó a levantar la cabeza, pero bastó para que las ruedas no se la arrancasen de cuajo». El maquinista –pertenecía a la antigua Feve, ahora Renfe ancho métrico– pidió al interventor que bajara a tierra, «yo no estaba en condiciones», y este comprobó que el suicida estaba herido pero vivo. Resultó que había matado a su padre y ahora cumple condena. Vivir para ver.

 

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