Faltan cuponeros de la ONCE de Euskadi para cubrir las jubilaciones

Kiosko de la ONCE en Vitoria./igor aizpuru
Kiosko de la ONCE en Vitoria. / igor aizpuru

TERRY BASTERRA

Son una parte fundamental de la vida del barrio. Reparten suerte, pero también conversan con los vecinos y crean unos lazos que van más allá de la simple venta de un boleto. Los cuponeros de la ONCE son un símbolo de la organización, pero la edad media de la plantilla es alta y en Euskadi no hay suficiente relevo para sustituir a los que se jubilan. Muchos jóvenes con más de un 33% de minusvalía completan su formación universitaria o de FP gracias al apoyo de la ONCE, pero lo que persiguen es trabajar en el sector para el que se han preparado. Lo de ser cuponero no entra dentro de sus planes de vida.

Maider Lobo es una de las 510 personas que los venden en el País Vasco. Lo hace en Uribarri. A sus 23 años -es de las más jóvenes- ha perdido un 76% de la visión por la enfermedad de Stargardt. Pero eso no le ha quitado la alegría. «Yo hablo mucho y este trabajo te enriquece. Hay gente que viene solo a comprar el cupón o el rasca, pero los mayores, sobre todo, lo que quieren es conversar un rato. Con algunos me puedo pasar media hora. Al final estableces una relación de cariño mutuo con muchos clientes. Aunque suene a broma, desde que estoy de vendedora he engordado. Todos los días me trae alguien un pincho. Y, por su puesto, me lo como».