Vascos de altos vuelos

«Hay que estar donde nuestro perfil sea un más y no un menos»

Sheida durante una de sus clases de danza en Londres./e. c.
Sheida durante una de sus clases de danza en Londres. / e. c.

Salió de Bilbao con 17 años para buscar su sitio, y tras recorrer medio mundo bailando, lo encontró en la capital inglesa

LEIRE FERNÁNDEZ

Sheida Mas es cuanto menos peculiar. Ya sus raíces familiares son curiosas y en sus rasgos morenos y con personalidad puede apreciarse su ascendencia iraní. «Mi padre vino de Irán a Bilbao con 17 años y aquí se quedó». Su comienzo en la danza también es muy poco tradicional, ya que hizo el camino contrario al resto de bailarines. «Empecé en la danza con 16 años, pero pillé carrerilla. Lo habitual en la danza es empezar con el ballet de muy pequeña y con la base del clásico pasar al contemporáneo y al moderno y yo fui al revés», recuerda.

Enamorada totalmente del hip hop, recibió formación en Barcelona, después dio clases de contemporáneo y acabó estudiando clásico. «Me vi coreografiando a gente con mucha base clásica y yo no tenía ninguna, además de que era muy joven y la mayoría eran mayores que yo, así que quería tener la terminología técnica que me faltaba».

Con 17 años decidió tomarse un 'año sabático' para pensarse hacia dónde quería llevar sus pasos, pero sus pies ya tenían decidido que lo que querían era bailar. «Me surgió la oportunidad de hacer una gira con una compañía de Canadá por ese país y por Estados Unidos y pensé que era buen momento para aprovecharlo y así pensar qué hacer después, pero enseguida vi que eso era lo mío. Yo vengo de familia de médicos, así que no se planteaban que pudiera no ir a la universidad. Les parecía bien que bailara, pero en mi tiempo libre, como hobby no como profesión», reconoce. Sin embargo, con el tiempo «vieron todo lo que he sacrificado por la danza y que era lo que quería y ahora lo llevan bien».

Tras su paso por Canadá empezó a coreografiar y a recibir una formación más intensa. «En Madrid acudí al estudio de Alicia Alonso donde me dieron lo que me faltaba, conocimiento de técnica, terminología… y luego fui a parar a Lausanne, en Suiza». Sheida recuerda esos tres meses en Suiza como de los más duros, pero la experiencia valió la pena.

«Estaba obsesionada con Maurice Béjart. Yo tenía claro que quería enfocarme a la coreografía y él era una de las figuras que más me impactó y necesitaba ver cómo funcionaba su escuela y cómo era su legado, porque él había muerto en 2007, pero había dejado establecido quién tenía que ser el director de la escuela y de la compañía. Pude asistir como oyente y ver cómo trabajaban en ambas. Pero el país fue complicado porque son muy diferentes a nosotros y, encima, estaba en la parte francesa sin saber francés y mucha gente no entendía inglés», rememora.

«Las clases también eran en francés, pero como la terminología de la danza está en ese idioma ahí no tenía problema. Además a las 17.30 todo cierra, ya no hay abierto nada en la calle y nosotros somos muy nocturnos». Como no tenía contrato con ellos no cobraba nada, solo podía estar de oyente, «me tenía que pagar todo, así que estuve 3 meses con ellos y me di cuenta de que no era mi sitio, fue muy enriquecedor ver su trabajo, pero me quedó claro que no era una compañía en la que yo encajara». Así tuvo que buscar cuál era su sitio e hizo varias audiciones en diferentes países pero nada. «Unas amigas que trabajaban en Londres me dijeron que fuera unos días de vacaciones y compré un billete para 10 días, pero nunca cogí el vuelo de vuelta. Al segundo día en Londres ya tenía claro que era el sitio que había estado buscando, tenemos que estar donde nuestro perfil sea un más y no un menos. Allí hay mucha fusión en la danza y mi perfil encajaba».

Así empezó a dar clases en un estudio que acababa de abrir, Base Dance, y de ahí le han ido saliendo otros trabajos, como clases para mujeres patrocinadas por Adidas, además de crear su propia compañía, Mas Dance.

En cuanto a volver reconoce que no se lo ha planteado aún, pero sí le «apetece mucho traer a la compañía y hacer un cursillo aquí en Bilbao, es una asignatura pendiente que tengo».

«Tenía claro que quería una compañía que reflejara mi fusión»

Tres años después de llegar a Londres pudo por fin crear su propia compañía, Mas Dance. «Necesitaba los recursos para crear la compañía que yo tenía en la cabeza. Así que me enfoqué en dar clases y en darme un poco a conocer. Luego, llegó un momento que todo fue encajando y la registré, busqué un estudio... Cuando lo tuve todo elegí a los bailarines, cogí a diez que solían venir a mis clases y que conocían mi trabajo. Tengo bailarines de todo el mundo, un sudafricano, un portugués, un coreano, dos catalanes, dos italianas, un argentino, dos chicas inglesas… es muy interesante lo que sale de una sesión con todos mezclados porque somos muy diferentes, pero la unidad que se ha creado es increíble. Como yo tengo esa fusión en mí, quería que mi compañía lo reflejara», afirma.