Escolares de 8 a 12 años aprenden a montar un coche eléctrico en la 'cantera' de la automoción

Los pequeños dedican una semana a montar el chasis del vehículo y después se centran en la carrocería./ignacio pérez
Los pequeños dedican una semana a montar el chasis del vehículo y después se centran en la carrocería. / ignacio pérez

AIC y la multinacional Gestamp organizan en Boroa un campus de verano pionero para crear talento que alimente al sector

Izaskun Errazti
IZASKUN ERRAZTI

En Bizkaia existen más canteras que la de Lezama. Desde hace tres años el barrio de Boroa, en Amorebieta, asiste al nacimiento de otra que nada tiene que ver con el fútbol ni con el Athletic, pero que funciona en base a la misma filosofía. Aquí también se trata de jugar y de crear talentos, pero no pensando en la Liga, sino en la automoción. Automotive Intelligence Center (AIC), centro europeo de generación de valor para este sector que aglutina a entidades públicas y privadas, y Gestamp, la multinacional del diseño, desarrollo y fabricación de componentes para el automóvil con la que comparte instalaciones, son los artífices del campus de verano en el que entre los meses de junio y julio participan en dos tandas de quince días 40 escolares vizcaínos de entre 8 y 12 años.

Se trata de una iniciativa pionera en España en materia de automoción, muy frecuente en países como Reino Unido, que busca despertar vocaciones pensando en que en el futuro alguno de los participantes pueda acabar trabajando en un sector que es puntero en Euskadi. El objetivo, explican desde AIC, es desarrollar en estos niños «actitudes como la innovación y la cooperación, además de aptitudes técnicas que les puedan facilitar su propio desarrollo personal». Y todo ello jugando en inglés. El campamento, que se celebra de lunes a viernes de nueve de la mañana a dos de la tarde, tiene como hilo conductor el montaje de un coche eléctrico. La primera semana, los alumnos se centran en el chasis y la segunda, en la carrocería. «Formamos dos grupos y cada uno debe montar un coche. Son los chavales los que tienen que organizarse y cooperar, dentro de sus limitaciones», apunta Yeray Escolástico, monitor del Summer Camp. «Unos son mejores con las herramientas, otros cogiendo medidas para la carrocería, con el diseño de la pintura... Es trabajo en equipo», añade.

A lo largo de dos semanas, los escolares también aprenden a hacer un dron, un juego de mesa interactivo con electricidad y hasta tienen ocasión de demostrar sus dotes como cocineros. Sin dejar de salir al parque acuático de Gorliz y al de aventura de Güeñes, como en cualquier campamento que se precie. Pero si algo les motiva por encima de todo es saber que el último día echarán a rodar sus flamantes coches, en una carrera que supone toda una atracción para padres y madres y monitores.

«Futuras promesas»

Amaia Elorriga, de Gestamp, sigue muy de cerca las evoluciones de los niños en el campus. «Para nosotros son futuras promesas, porque nuestra idea es ir desarrollando en ellos una semilla y que puedan ver un futuro en la automoción», indica, al tiempo que invita a hacer una reflexión. «Las series de televisión han marcado el futuro de muchos de nosotros. Ha habido de abogados, médicos, periodistas... Pero nadie ve en la 'tele' algo que le lleve a ser matricero, y explicar ciertos oficios resulta bastante difícil. ¡Qué mejor que vean que la automoción es para todos!», añade.

La faceta formativa de AIC, que cuenta con el apoyo de la Diputación, no acaba en la infancia. Continúa durante el verano con grupos de estudiantes de entre 15 y 17 años que quieran conocer la industria, con universitarios y alumnos de FP de grado /postgrado de distintas especialidades interesados en trabajar en las empresas de la automoción, y hasta con aquellos que busquen un conocimiento más profundo del sector como paso previo antes de empezar a trabajar. «La idea es hacer una especie de circuito», señala Gonzalo Garrido, portavoz de la entidad. «Y todo en base a experiencias, no se trata de dar clases. Para eso ya están los centros educativos. Debe ser algo complementario», concluye.

«Los coches me gustan, pero lo mío son los videojuegos»

Enar, de 9 años, disfruta de su primera experiencia en el Summer Camp. Lo ha pasado bomba haciendo una bandera -«me falta el palo»-, una mano robótica y un diseño por ordenador. Ahora se afana en el montaje del coche. «Hago de todo», celebra. Haritz, por su parte, es todo un veterano. «Ya estuve el verano pasado, y repito». A sus 11 años, sólo podrá participar en el campamento una vez más, «pero lo disfrutaré a tope, como siempre», afirma el chaval, al que le gustan los coches, aunque lo suyo, admite, «son los videojuegos».