Las empresas se ponen al día para luchar contra el cambio climático

Un motorista se protege la semana pasada de la polución en Bilbao./Ignacio Pérez
Un motorista se protege la semana pasada de la polución en Bilbao. / Ignacio Pérez

Tanto las pymes como las grandes empresas se están poniendo al día con los retos del medio ambiente. Si suponen un ahorro, se asientan antes

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

«Queremos dar a conocer lo que algunas empresas ya están haciendo para combatir el cambio climático, que no siempre lo identifican como tal, y también el objetivo es contagiar a otras empresas que acuden para que sigan sus pasos». Kristina Apiñaniz, directora general de Aclima -un clúster que agrupa a 80 firmas relacionadas con el medio ambiente, además de instituciones y centros tecnológicos-, sabe bien que «además de mitigar, deben adaptarse al cambio climático». Quienes tienen más batalla por delante son las pymes. «El día a día les come», admite. Cuando los cambios suponen un ahorro, se implantan de forma más rápida y fácil.

Edu Uribesalgo | Ternua

«Toda nuestra colección es de tejidos biodegradables»

«Desde el inicio tuvimos claro que debíamos minimizar el impacto. Las colecciones que hemos sacado en 2018 son prendas hechas con materiales reciclados -algodones de segundo uso, por ejemplo- y han sido producidas teniendo en cuenta la salud del trabajador y el medio ambiente y sin el uso de químicos dañinos». Edu Uribesalgo, director de innovación de Ternua, va más allá. «Trabajamos con tejidos biodegradables». Es decir, donde antes un pantalón de monte tenía cuatro materiales y era imposible darle un segundo uso, ahora sólo tiene un material -como el poliéster- y es reciclable. «Estamos rebajando la huella y obligando a usar menos agua, petróleo y energía», celebra. A su juicio, «nuestro cliente lo valora porque son montañeros y es un colectivo muy concienciado con este tema». «Hacer productos, como antes, recurriendo a una materia prima para que acabe en la basura, no tiene sentido».

Gonzalo Sáenz de Samaniego | Ostatu

«Hacemos una agricultura mucho más sostenible

En la bodega Ostatu tienen ahora «una gestión más eficiente en el temas energético, con menor consumo de agua, luz y químicos» pero la auténtica revolución la están experimentando en las viñas. Cuenta el viticultor Gonzalo Sáenz de Samaniego que «potenciamos unos viñedos más acordes a los territorios donde están, mantenemos cepas viejas y queremos que se hagan más longevas sujetando las producciones y eliminando productos químicos en los cultivos. Es una agricultura mucho más sostenible y natural». También están apoyando variedades autóctonas que era minoritarias entre el monocultivo de tempranillo como mazuelo y graciano, que vienen replantando hace años. Aunque todavía no despega la venta de ese vino etiquetado como ecológico cree que «el futuro va por esa línea». Sus viñas tienen «cubiertas vegetales». «Fue un choque cultural, porque siempre se habían hecho laboreos habituales y frecuentes. Ahora dejamos la vegetación espontánea y hay mayor biodiversidad».

Tania Gamero | Aernnova

«La eficiencia ha mejorado un 42% desde 1990»

«En el sector aeronaútico el mayor impacto ambiental es la vida operativa de los aviones, que oscila entre 25 y 30 años. La clave es mejorar la aerodinámica al máximo y reducir el peso», considera Tania Gamero, responsable de Medio Ambiente de Aernnova. «Hasta el año 2000 la presencia de materiales compuestos era residual y ahora el crecimiento es exponencial. Antes era casi todo aluminio aeronáutico y ahora no», valora. Hay una cifra reveladora. «El sector se ha triplicado desde 1990 pero el consumo de queroseno sólo ha crecido un 85%, lo que habla de que la eficiencia ha mejorado un 42%». ¿La próxima clave? Esos 7.500 aviones que van a ser retirados de la circulación en dos décadas.

Alejandro Martínez | Eroski

«Somos los que mejor utilizamos los plásticos»

El director de Salud y Sostenibilidad de Eroski, Alejandro Martínez, defiende que hay que «promover la alimentación con productos ecológicos, fomentar la compra de pescado sostenible, certificado, apostando por la eliminación progresiva de un montón de sustancias controvertidas, como pesticidas, conservantes, colorantes artificiales y tratamientos postcosecha, entre otros». La apuesta de Eroski pasa también por «las condiciones de trabajo en la cadena de suministro». Uno de sus mayores éxitos es que «Greenpeace nos sitúe como quienes mejor estamos trabajando el plástico en toda la distribución española. Algo estamos haciendo bien». Usan bolsas compostables y otras recicladas en más de un 50%. Su objetivo es mejorar la logística por «el impacto que representa» para el medio ambiente.

Emilio Martin | More BBVA

«Para 2030 queremos usar solo energías renovables»

«En el BBVA asumimos la responsabilidad que nos corresponde porque tenemos presencia en 30 países, con 75 millones de clientes y casi 130.000 empleados. Por un lado, ofrecemos soluciones innovadoras a nuestros clientes para una economía baja en carbono y, por otro lado, integramos en nuestras decisiones los riesgos climáticos». Emilio Martin-More, director de Sostenibilidad, apuesta por «los créditos verdes y el bono verde que hemos emitido», pensado para proyectos sostenibles. «Contratamos cada vez más energía de fuentes renovables y aspiramos a que sea el 100% en 2030». En los sectores con mayor impacto ambiental «tenemos unas líneas rojas para limitar lo que financiamos y las condiciones en que lo hacemos. Creemos que hay que limitar las energías de combustibles fósiles», apunta. «Estamos orgullosos de haber fijado objetivos concretos para 2030 y rendiremos cuentas. Los bancos jugamos un rol importante. Queremos movilizar 100.000 millones de euros para 2025 en financiación sostenible».

M. Epelde | Kursaal Rehabilitaciones

«Una fachada aislada rebaja el coste a una décima parte»

Marta Epelde, de Kursaal Rehabilitaciones, explica que «el 60% de los edificios están construidos antes de cualquier directriz medioambiental europea» y recordó que «la mayor parte de la energía se gasta en calentar y enfriar una casa». Particulares de chalets y caseríos, que esperan beneficiarse de una menor factura, y grandes empresas acuden a ellos pero «cuesta más en las comunidades, donde no basta cambiar las ventanas porque la clave es mejorar el aislamiento de la fachada». Una buena intervención puede rebajar el coste a energético a una décima parte.