Errores y aciertos de la campaña

Los candidatos de los principales partidos, en el debate celebrado durante la campaña electoral./
Los candidatos de los principales partidos, en el debate celebrado durante la campaña electoral.

Dos expertos analizan las estrategias de las principales fuerzas políticas y sus efectos en los resultados electorales

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

Valorar los efectos de una campaña política cuando las papeletas han sido recontadas es como acertar los números de la lotería después del sorteo. En el caso de unas elecciones, no obstante, la ausencia de certezas científicas y la mezcla de variables psicológicas y sociales hace que sea difícil y complejo saber por qué ha pasado lo que ha pasado. Pese a todo, es posible extraer algunas consecuencias. La polarización entre PP y Unidos Podemos ha permitido a los populares mantener su ventaja e incluso ampliarla, mientras que parece evidente que la formación de Pablo Iglesias no ha sabido gestionar esa situación favorable. De la misma forma, en una campaña tan marcada por el fracaso de las negociaciones para formar Gobierno tras los comicios del 20 de diciembre, parece obvio que el PSOE ha conseguido que el peso de la culpa caiga sobre Unidos Podemos, mientras que Ciudadanos ha quedado lastrado por su fallido pacto con Pedro Sánchez y sus intentos de abrir otros debates han sido inútiles. Estas son algunas de las conclusiones de los expertos.

PP: Pulsión de Gobierno y 'Brexit'

Antón R. Castromil, profesor de la Universidad Complutense y analista de comunicación política, considera esencial el hecho de que el PP haya sabido «responder a las expectativas de quienes tenían una pulsión de Gobierno. Se ha convertido en el voto refugio de quienes se sentían preocupados por la incapacidad de crear un nuevo ejecutivo». Castromil sostiene que esta ha sido la clave de su éxito -la posición estratégica de su mensaje-, algo que hubiera funcionado exactamente igual si Mariano Rajoy no hubiese tenido una importante implicación personal en la campaña, protagonismo que en las elecciones del 20-D brillo por su ausencia. Por su parte, el asesor en comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubi, cree que en el triunfo del PP se debe leer con atención la postura de los populares ante el 'Brexit'. «Las 48 horas previas a unas elecciones son deterninantes y, en este caso, el PP es el que ha tenido el mensaje más claro a la hora de presentarse como una garantía de estabilidad y enviar un mensaje de tranquilidad. Sus rivales, sin embargo, se quedaron paralizados tras los resultados del referéndum en Gran Bretaña y desaprovecharon una gran oportunidad».

El factor debate

Una de las dudas que se han planteado tras las elecciones es saber qué efecto pudo tener el novedoso debate a cuatro entre los candidatos de los principales partidos que se celebró en los primeros días de la campaña. Según Castromil, «es evidente que fue un debate encapsulado, demasiado largo y que quizás no respondió a las expectativas de la sociedad. Como mucho, sirvió para que cada líder consolidase la imagen que de forma previa ya se tenía de él. Desde luego que todo suma pero no fue determinante». Gutiérrez-Rubi, por su parte, cree que los candidatos acudieron a la cita con un táctica equivocada. «Cuando juegas a no perder en vez de a ganar, lo único a lo que puedes aspirar es a un empate. Y en el debate a cuatro todos los participantes estaban más preocupados por no perder que por la victoria. Así que todos empataron y nadie se llevó el gato al agua», afirma.

PSOE: el voto útil y el efecto 'vagón de cola'

El partido socialista ha tenido el peor resultado de su historia, pero el hecho de que la expectativa que le ofrecían las encuestas era ser reducido a la tercera posición por Unidos Podemos ha conseguido que sus cifras se vean como un victoria. Los expertos, no obstante, creen que Pedro Sánchez sí que consiguió una remontada y consiguió dar la vuelta a los sondeos. «Supo manejar perfectamente el 'efecto de vagón de cola', en el que los votantes clásicos, al ver que su opción se queda reducida a los últimos puestos reaccionan y acuden a votar si anteriormente se habían abstenido o jugado con otras opciones», según el profesor Castromil. También opina que una de las claves de Pedro Sánchez para sobrevivir es haber sabido ganar la pelea por la culpabilización». «Es evidente que el líder socialista ha sabido explicar que si se repetían las elecciones eran porque Pablo Iglesias así lo había querido, con lo que le ha hecho pagar el precio de la falta de Gobierno». Antoni Gutiérrez Rubí, por su parte, sostiene que el PSOE ha conseguido como un voto útil de la izquierda «frente a un Unido Podemos que estaba más obsesionado por los pactos y por su relación con los socialistas que por presentarse como un partido de Gobierno».

Unidos Podemos: Arrogancia, momentos de brillantez y demasiada 'metapolítica'.

El 'sorpasso' era el cielo al que aspiraba la cúpula de la formación morada. La coalición entre Podemos y IU se ha quedado con los mismos escaños (71) y 1,2 millones de votos menos que el 20-D. En opinión de Antón R. Castromil, el mensaje de Pablo Iglesias ha vuelto a estar teñido de esa arrogancia que ha servido más para movilizar a los socialistas, temerosos de verse devorados por Podemos, que a sus propias bases». Para el experto, también ha sido determinante el hecho de que en la campaña se haya hablado más de 'metapolítica' -pactos, liderazgos, coaliciones...- que de propuestas sociales o iniciativas concretas. «Unidos Podemos ha acabado perdiendo una de las claves que le había permitido estar en un ascenso permanente al pasar a hablar de los socialistas de forma constante», añade. Por su parte, Antonio Gutiérrez-Rubi considera que Podemos no supo hacer una lectura inteligente de quiénes eran sus votantes. «En las encuestas, un 20% de los partidarios de Podemos se declaraban de centro. Cuando pactaron con Izquierda Unida asustaron a ese porcentaje que, aunque no es muy elevado, es clave para asegurarse una victoria». Gutiérrez-Rubi reconoce que la formación morada ha tenido unos momentos «brillantes» en cuestiones de comunicación política, como el catálogo de Ikea reconvertido en programa electoral. «Pero eso no es suficiente. El votante suma percepciones y finalmente llega a una convicción con su voto. Y si tiene una sensación muy positiva hacia una opción, pero luego se acumulan las negativas, es evidente que no va a votar a ese partido», asegura el consultor.

Ciudadanos: La factura de la frustración por su pacto con el PSOE

Ciudadanos ha perdido 400.000 votos y ocho escaños por la fuga de una parte de su electorado ahcia el PP y por los efectos de la Ley D'Hondt y el sistema de circunscripciones. «Su pacto con los socialistas tras el 20-D no parece haber sido entendido por sus bases, que han visto cómo no servía para nada a la hora de formar Gobierno y, por lo tanto, no aportaba nada más que frustración», asegura Castromil. Para este profesor, Albert Rivera ha tenido que «pagar el precio del acuerdo». Gutiérrez-Rubí, por su parte, recuerda que el líder de Ciudadanos empezó la precampaña muy fuerte, con un viaje a Venezuela que le situó como el líder de la iniciativa política y le dio protagonismo frente a Podemos. «Pero con el paso de los días ese movimiento se olvidó y no aportó ya nada a la campaña. Volvieron a hablar de pactos y a repetir su mensaje, con lo que que perdió el impulso que había cobrado», explica.

El debate

Una de las dudas que se han planteado tras las elecciones es saber qué efecto pudo tener el novedoso debate a cuatro entre los candidatos de los principales partidos que se celebró en los primeros días de la campaña. Según Castromil, «es evidente que fue un debate encapsulado, demasiado largo y que quizás no respondió a las expectativas de la sociedad. Como mucho, sirvió para que cada líder consolidase la imagen que de forma previa ya se tenía de él. Desde luego que todo suma per no fue determinante». Gutiérrez-Rubi, por su parte, cree que los candidatos acudieron a la cita con un táctica equivocada. «Cuando juegas a no perder en vez de a ganar, lo único a lo que puedes aspirar es a un empate. Y en el debate a cuatro todos los participantes estaban más preocupados por no perder que por la victoria. Así que todos empataron y nadie se llevó el gato al agua», afirma.