¿Por qué los partidos peor vistos serán los más votados?

¿Por qué los partidos peor vistos serán los más votados?

El PP y Unidos Podemos generan el mayor nivel de rechazo entre los españoles, pero serán las dos principales fuerzas políticas en las elecciones generales, según la encuesta del CIS. Ambos grupos han apostado por la polarización para movilizar a sus bases con mensajes duros y sin piedad; una estrategia que por ahora les beneficia, pero que tiene riesgos

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

¿Cómo es posible que los dos partidos que, según el CIS, van a tener más votos en las elecciones generales sean los que peor caen en la sociedad? La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas expone esta paradoja con cifras contundentes. Mariano Rajoy (3,09 sobre 10) y Pablo Iglesias (3,41) son los líderes que reciben una nota más baja. Ambos dirigen los partidos cuyo actuación es calificada como "muy mala" por una proporción más alta de españoles (32,7% en el caso del PP, 29,4% en el de Podemos); las mismas fuerzas políticas que generan mayor rechazo (un 57% asegura que bajo ninguna circunstancia apoyaría jamás a los populares al PP y el 54,4% que nunca lo haría a la marca morada) y las más situadas en los extremos (muy a la derecha unos, muy a la izquierda otros, según los ciudadanos). Aparentemente, lo tienen todo para perder; o, al menos, para no ser los preferidos en las urnas. Y, sin embargo, lo son: sus formaciones serán las más respaldadas el 26 de junio, según el mismo sondeo. ¿Por qué?

Esa contradicción es fruto de la polarización que el PP y Unidos Podemos -la alianza entre la marca morada e IU- han creado en las últimas semanas y con la que ha arrancado la campaña. Una estrategia que obedece al manual más básico: si temes a la abstención, consigue que los tuyos teman a los rivales y así correrán a las urnas. No importa que para movilizar a tus votantes tengas que utilizar argumentos tan duros que también cabreen al adversario y, por lo tanto, le movilicen. El objetivo número uno es que tu gente no se quede en casa el 26-J. Es la estrategia contraria a la que se pone en marcha cuando un partido está seguro de su triunfo. En ese caso el manual aconseja apostar por el silencio y una campaña plana, no sea que los rivales se asusten y acaben por movilizarse.

Y como el objetivo ante la inminente cita electoral es que los votantes no se queden en casa frustrados o desilusionados por el desenlace del 20-D, los dos partidos-alfa han puesto en marcha toda su artillería para demonizar al adversario. El PP, con sus mensajes sobre Venezuela, sobre la ruina económica que traería a su juicio un Gobierno contrlado por Pablo Iglesias, está aglutinando a sus bases. Y Podemos, tras haber dejado al PSOE fuera de sus dardos y colocado en su diana en exclusiva al PP, con la corrupción o los recortes, está consiguiendo lo mismo. En ese escenario, el PSOE se ha convertido en el árbitro y también en la víctima. Hay un dicho norteamericano que define a la perfección su situación: «Nadie compra camisetas del árbitro».

«La polarización de los anti»

Pero esta tipo de gestión del marketing electoral tiene muchos riesgos. David Díez LLamas, encargado de análisis políticos de la empresa de estudios de mercados Ikerfel, el efecto se describe como «la polarización de los anti». «Hay que conseguir que tus votantes tengan el suficiente miedo al otro partido como para que estén dispuestos a ir a las urnas con tu papeleta, aunque lo hagan tapándose la nariz». En su opinión, esta pugna entre los extremos se está convirtiendo en una tendencia internacional, ya que es el mismo enfrentamiento que se está produciendo en Estados Unidos entre Hillary Clinton y Donald Trumpl o el que ya se ha vivido en Austria, donde se enfrentaron ultraderechistas y ecologistas, con la victoria de estos últimos por un mínimo margen. Pero Díez Llamas alerta de uno de los peligros de esta movilización, con una referencia a la reciente historia vasca. En la campaña de las elecciones autonómicas de 2001, Jaime Mayor Oreja, candidato del PP a lehendakari, «utilizó unos mensajes que consiguieron movilizar al electorado del PNV e incluso a votantes que no iban a votar a Juan José Ibarretxe y que finalmente optaron por él ante el miedo al Partido Popular. Toda campaña en la que se usa la polarización tiene esos riesgos».

En el mismo sentido, el politólogo y experto en campañas electorales Iván Redondo es precavido a la hora de valorar los efectos que tendrá la polarización. Según su lectura, «el PP está creando un monstruo» ya que el más beneficiado por la crispación es Podemos. «Es obvio que los restos en el reparto de diputados por provincias son la clave en unas elecciones, ya que te permiten contar con el último escaño en las circunscripciones más disputadas. Pero, al utilizar el mensaje más duro, movilizas también a tu rival. ¿Cuál está siendo la consecuencia? Que aquellos escaños en disputa se los lleva la Unidos Podemos gracias a que sus votantes están ansiosos por votar gracias al PP». En su opinión, el caso de Euskadi evidencia de forma transparente los efectos de la polarización. El PSE y el PNV pierden un escaño cada uno, que va a parar a Unidos Podemos. «Es el efecto de la polarización. El partido de Pablo Iglesias recibe el premio de la polarización mientras que el PP no lo aprovecha». Pero Redondo alerta sobre otro de los efectos que tiene esta campaña de tensión máxima. «El propio CIS, y todos los sondeos previos, revelan que el caladero del PP está en los mayores de 50. El votante de centro derecha menos de 40 años sí que había encontrado un refugio en Ciudadanos, ya que no estaba dispuesto a votar al PP y su alternativa era la abstención. ¿Qué ha sucedido? La polarización ha dejado al partido de Rivera fuera del campo, con lo que no va a sumar escaños que permitan una hipotética confluencia con el PP capaz de gobernar. En este terreno, una campaña tan fuerte también se vuelve en contra del futuro de Mariano Rajoy».