«Es muy educado con la gente y con los animales»

Juan Zabala y Lagun en el acceso a su caserío, en Getxo. /Luis Ángel Gómez
Juan Zabala y Lagun en el acceso a su caserío, en Getxo. / Luis Ángel Gómez

El ganadero Juan Zabala ha tenido muchos perros llamados Lagun: «Los niños alegran la casa, los animales, también»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

En Yauri, el caserío de Juan Zabala en Getxo, viven cientos de animales. Hay cerdos, vacas, conejos, gallinas, cabras, pavos y ocas –dos de ellas reciben a las visitas montando un buen jaleo, como divas escandalizadas y afónicas–, pero muy pocos disfrutan del privilegio de tener nombre propio, ese detalle que delata una proximidad especial con el ser humano. «Algunas vacas ya tienen: Txata, Rubia, las más viejas de casa –repasa Juan–, pero para todas no sé si los nombres llegarían». Y, por supuesto, está Lagun, el último eslabón de una cadena de perros llamados Lagun que se puede remontar sin problema hasta la infancia del ganadero. ¿Siempre les pone Lagun? «Siempre, sí. Es un nombre bonito».

Es probable que Juan, un mito de las ferias vascas, no haya usado jamás la palabra 'mascota'. Desde luego, nunca la ha aplicado a ninguno de sus perros, que entran en otra categoría, la de animales de trabajo, dedicados al pastoreo y la guarda. «Mascota es para los pisos, pero yo creo que el perro es para la aldea o para el campo. Este es feliz aquí, es casero, anda suelto y no se marcha. Mira una cosa, mira otra, va oliendo por ahí...», explica.

Pero sería un error de urbanita pensar que con estos perros no se establece un fuerte vínculo afectivo, por mucho que duerman en el cobertizo de fuera y no a los pies del dueño: «Ya lo dice el refrán, al perro y al niño hay que darles cariño. Los niños alegran la casa, los animales también, y se les quiere mucho, sobre todo si los tienes desde chiquitines». A Lagun, el Lagun actual, se lo trajeron del Gorbea cuando era un minúsculo cachorrito de una semana. «Yo lo he criado», resume Juan, mientras el perro, que recela de las intenciones de los extraños, procura mantenerse a una distancia prudencial.

Lagun

Raza:
pastor vasco.
Edad:
10 años.
Peso:
unos 23 kilos.
Carácter:
dócil, noble, inteligente y buen guardián de la casa y el ganado.
Juan Zabala

Ganadero. De crío, en el viejo caserío que derribaron para hacer la autovía, estuvo siempre rodeado de animales. «Los perros los teníamos desde chiquititos hasta viejos. Pero tiempo de jugar nunca me ha quedado, porque siempre había algo que hacer».

¿Cómo es Lagun? «Muy noble, muy dócil y muy listo, porque solo le falta hablar. Cuida la casa y tiene muy buen olfato. Chilla cuando viene alguien, pero es muy educado con la gente y los animales. Tiene mucho respeto, que es importante. Aquí hay zorros, vienen por todas las esquinas y te arrasan, pero este los huele y te avisa volado», agradece. No siempre son zorros los que acechan el caserío: Juan se acuerda bien de aquel pequeño ratonero que hace muchos años les alertó de la presencia de ladrones. «Los pillamos cuando estaban robando conejos», detalla.

El lehendakari e internet

«El ganado es muy esclavo, tienes que estar todo el día pendiente. Estás amarrado sin cuerda, porque no te puedes ir a ningún lado», lamenta Juan, que ya está pensando en Santo Tomás, ese mercado en el que sus capones son siempre uno de los principales alicientes. «Llevo yendo cuarenta años, desde antes de que Garaikoetxea saliese lehendakari», comenta, y para esta edición ya ha presentado la solicitud por internet. Los mercados son el escaparate, vistoso y desbordante, de los productos del caserío, pero detrás se esconde un montón de trabajo diario del ser humano y también del perro: «Yo me levanto a las siete, a ordeñar, y este ya está ahí, mirando y esperándome. Me acompaña y me ayuda mucho con las vacas».

Lagun se anima por fin a acercarse y se queda pegado a Juan, que le peina con la mano esas melenas de león que le enmarcan la cara. «¡Hay que cortarle el pelo!», anuncia. Y después añade un brevísimo comentario, como una explicación sin sentimentalismos de su estrecha relación con el animal: «Yo nunca he vivido sin perro».

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