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Ana Patricia Botín, la heredera educada para gobernar un imperio

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Ana Patricia Botín es la primogénita del matrimonio Botín-O'Shea. / Ilustración: Mikel Casal

  • La nueva presidenta del Banco Santander acumula, a sus 53 años, una dilatada experiencia de gestión y había sido preparada por su padre para coger el relevo a su muerte

  • Su paso por Banesto y por la filial británica de la entidad apuntalan su brillante carrera

La nueva presidenta del Banco Santander es una mujer discreta, acostumbrada a los focos, a adoptar decisiones en las que están en juego millones y millones de euros, y que derrocha por los poros capacidad de influencia y ese cierto aura que otorga el poder. Ana Patricia Botín, miembro de una saga de banqueros, se ocupaba hasta ahora de la filial británica de la entidad, que ha brillado con luz propia desde que ella tomara las riendas el 1 de diciembre de 2010. Desde ayer, busca quien ocupe su silla. Ha sido designada para suceder a su padre a los mandos del mayor banco de España y del tercero del mundo por beneficios tras la inesperada muerte de Emilio Botín por un ataque al corazón.

Don Emilio venía preparando desde hace tiempo una sucesión ordenada como la que el mismo protagonizó hace 28 años. Aunque de cara a la galería aseguraba que no pensaba en la retirada, algunos de sus movimientos de fichas de la última década estaban dirigidos al paso que este miércoles ha formalizado el consejo de administración del Santander: el nombramiento como máxima responsable del grupo de la sexta mujer más poderosa fuera de EE UU, según 'Fortune'.

Ana Patricia Botín nació el 4 de octubre de 1960 en Santander. Fue la primera hija de Emilio Botín y Paloma O'Shea. Detrás de ella llegarían otros cinco vástagos: Carolina; Paloma; Carmen, exmujer de Severiano Ballesteros; Emilio IV y Javier. Su formación se enfocó enseguida a los negocios familiares. Se licenció en Ciencias Económicas en la universidad estadounidense de Harvard y se empeñó en aprender idiomas, domina cinco lenguas.

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Ana P, como la conocen cariñosamente en casa, está casada con el ingeniero agrónomo Guillermo Morenés, nieto del marqués de Borghetto. Con él tiene tres hijos. De su vida personal, que protege con celo, se sabe muy poco más allá de que comparte gustos musicales con su madre, Paloma, pianista de profesión, filántropa, y mecenas, nacida en Getxo. Sin embargo, su vida profesional ha hecho correr ríos de tinta. A sus 53 años su currículo es muy extenso.

De JP Morgan al BSN

Al acabar sus estudios, empezó a trabajar en la empresa financiera JP Morgan y no fue hasta 1988 cuando cogió de nuevo el avión de vuelta a España. Ese año comenzó su andadura en el Grupo Santander como directora de los mercados de capital en la División de Internacionales. Unos meses después, el 4 de febrero de 1989, fue nombrada consejera del banco.

A partir de ese momento, comenzó a ocupar diversos cargos dentro de la estructura empresarial del grupo. En 1991 recibió el puesto de directora general adjunta del Banco Santander. Y dos años más tarde ascendió a consejera delegada y presidenta del Banco Santander de Negocios (BSN). En 1994 se convirtió en directora general del Banco de Santander. Y en 1997, en presidenta del Banco Río de Argentina. Para los Botín, la expansión internacional de la entidad era muy importante y en ello centraron gran parte de su trabajo, lo que luego contribuiría a auparlos como un referente del sector.

La fusión del Santander con el Central Hispano en enero de 1999 provocó un nuevo movimiento de sillas. Esta vez, Ana Patricia se hizo con una plaza en el comité ejecutivo y otra en el de dirección de la entidad. Asimismo, asumió la responsabilidad de la Banca Mayorista Global. Cada vez asumía más galones y era evidente que su trayectoria la encaminaba a ser la mano derecha de su padre y su sucesora.

Dos fracasos

Sin embargo, algo cambió esta trayectoria. A los pocos días de recibir los nuevos cargos, la primogénita de Emilito, como le llamaban en casa para no confundirlo con el padre, renunció a los nuevos puestos y solo se mantuvo como miembro del consejo de administración de la entidad bancaria. La tentaban otros horizontes.

Así fue como llegó al grupo mexicano de comunicación Televisa, donde fue consejera, y a la presidencia de Suala y Coverlink. No obstante, no dejó de lado su labor en la empresa familiar, aceptó ser la directora del Banco de Venezuela, que formaba parte de la gran estructura del Santander.

Suala Capital Partners fue uno de los negocios que más dolores de cabeza le provocó a Ana Patricia. Lo fundó en el año 2000 y con él se anotó la mayor transacción de capital de riesgo en España en la operación de Mivisa. En 2001 compró esta firma murciana de tapas y envases por unos 300 millones de euros y cuatro años después la vendía multiplicando su precio por cinco. Sin embargo, con Suala tuvo también su primera gran china en el zapato: la suspensión de pagos de la empresa de transporte Paconsa, en 2005.

Unos meses después, Ana Patricia salió del fondo de capital de riesgo que ella misma había creado para no volver. Suala Capital cambió entonces su nombre por Impala en una operación de lavado de cara que no le sirvió para esquivar el destino. A la postre se convertiría en la primera víctima del capital riesgo español por la crisis financiera.

Con Coverlink tampoco tuvo mucha suerte. Esta 'incubadora' de negocios mantuvo una trayectoria accidentada con el estallido de la burbuja de internet. En 2001, la hija de Botín tuvo que comprar el capital del resto de socios para abordar el negocio a su manera y especializase aún más en el área de consultoría tecnológica y de negocio. Cambió su nombre a Razona.

El ascenso de Banesto

Ana Patricia Botín, en 2010, antes de dejar la Presidencia de Banesto.

Ana Patricia Botín, en 2010, antes de dejar la Presidencia de Banesto. / EFE

Mientras todo esto sucedía en Suala y Coverlink, Ana Patricia aceptó un nuevo cargo: la presidencia de Banesto. Fue en 2002. Emilio Botín buscaba asentar el negocio de esta entidad sobre la que había lanzado una OPA en 1998 para hacerse con el 97,5% de las acciones. Se convirtió así en la segunda mujer en presidir un banco tras la pionera Carmela Arias y Díaz de Rábago, que estuvo al frente del Banco Pastor desde 1971 hasta 2001.

Con la vuelta a los negocios de la familia, Ana Patricia tornó en una empresaria influyente a nivel nacional e internacional. De hecho, 'Financial Times' la incluyó en su lista de empresarias destacadas en 2005 y 2006. Y al tiempo que crecía su prestigio crecía su cartera. En 2005 entró en el Top 100 de las mujeres con más poder. En 2008 ascendió al puesto 51 y en 2010 ocupó el 38. Además, durante su gestión, Banesto mejoró sus resultados de forma exponencial y entró en el Ibex 35.

La mujer más poderosa en Reino Unido después de Isabel II

En 2010, dejó Banesto para dirigir la filial del grupo Santander en Reino Unido tras la marcha a Lloyd's del anterior responsable, Antonio Horta-Osório. Se trataba de un paso muy firme en su trayectoria puesto que el mercado británico era el segundo en importancia e interés para el grupo. Además, la hija mayor de don Emilio conocía muy bien donde pisaba. Su papel no pasó desapercibido desde el primer día.

El año pasado, una encuesta de la BBC publicada en febrero la consideraba la mujer más poderosa del Reino Unido tras Isabel II y la ministra de Interior, Theresa May. En junio se incorporó al Consejo de Administración de Coca-Cola. Y dos meses después, el Gobierno británico la designó como uno de los cinco miembros externos del recién creado Consejo de Servicios Financieros, Comercio e Inversiones, cuyo objetivo es promover el sector financiero del Reino Unido.

Ana Botín -en este proceso de sucesión ha perdido su segundo nombre- coge ahora las riendas del banco en un momento dulce pese a la crisis. El Santander es una de las entidades que ha conseguido solventar la recesión sin mayores problemas y sin perder ni un ápice de influencia en el mundo económico. En el primer trimestre de este año, la entidad había ganado 1.303 millones, un 8% más que en el mismo periodo del anterior ejercicio. Y su beneficio neto en España creció un 24%.