«Hemos adoptado la mentalidad del rico y se nos ha corrompido el alma»

El filósofo y teólogo Bernardo Pérez Andreo./
El filósofo y teólogo Bernardo Pérez Andreo.

FILÓSOFO Y TEÓLOGO

LETICIA SÁNCHEZ-SERRANO

De la mano de la editorial Desclée de Brouwer, el filósofo y teólogo murciano Bernardo Pérez Andreo vuelve a cargar duramente contra el capitalismo en su nuevo libro, 'La sociedad del escándalo. Riesgo y oportunidad para la civilización'. Para Pérez Andreo, el capitalismo es un modelo económico que ha generado grandes diferencias entre los ciudadanos y ha potenciado la dehumanización de la sociedad. En sus palabras, está muerto y «tenemos la oportunidad de potenciar los mejores valores del hombre para acabar con un modelo económico que ha permitido que el rico sea cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre».

Es usted una persona muy crítica con el sistema capitalista, ¿de dónde surge esa animadversión?

Es cierto y me baso en dos aspectos. Uno es de carácter práctico, ya que ha demostrado ser el sistema más injusto y otro tiene que ver con mi fe, porque va en contra del Evangelio. Me explico, en el sentido práctico es que, a pesar de que siempre se ha insistido en que se trata del sistema que más riqueza genera, los hechos demuestran que eso es incierto. En primer lugar, antes de que existiese el capitalismo, hace 500 años, la diferencia de pobreza en la población era de 10 a 1, hoy vivimos con una diferencia de 400 a 1, donde la riqueza de tres personas podría eliminar el hambre en el mundo. Es decir, la realidad es que se trata de un sistema radicalmente injusto. En cuanto a la fe, el capitalismo está basado en la ruptura de lo humano, por eso se contradice con el Evangelio porque va en contra del amor, la misericordia y la solidaridad que es precisamente la esencia del Evangelio. Las tres característica egoísmo, avaricia y la rapiña.

¿Qué sistema considera que sería el adecuado para acabar con esta injusticia social?

Uno más social. En este momento es cuando vienen los agoreros a hablar de comunismo, pero no, el comunismo está muerto y bien muerto está, se trata de crear un sistema humano basado en una economía colaborativa, del bien común que esté basada en la cooperación, donde yo pongo lo que sé hacer en beneficio de los demás y al revés. Una vez que funcionemos así se acabará el capitalismo y para ello no necesitamos ningún tipo de comunismo. Se trata solo de que el hombre se porte tal cual es. El problema es que nos han inculcado la ideología capitalista en la que el individualismo genera bien común a través de una mano invisible del mercado, pero lo único que se ha generado es un bien total que no se reparte entre todas las personas.

Precisamente al estar este pensamiento individualista tan arraigado en el hombre, ¿no sería necesario reiniciar el sistema para adoptar nuevos valores que humanizasen nuestra sociedad?

En reiniciar el sistema hay un peligro. Los que tenemos hijos sabemos que nuestros hijos tienen que comer mañana y dentro de diez años, vestirse, ser educados y para nosotros los experimentos son mejor hacerlos poco a poco. Soy más partidario de buscar herramientas dentro del sistema que tenemos ahora para salir de él.

Pero, ¿existen esas herramientas?

Efectivamente las hay. Hay una bondad intrínseca en el ser humano que hay aprovechar para extender esos valores, cada uno en su ámbito, porque estoy convencido de que el bien se contagia, por tanto, acciones personales que incidan en el mundo como, por ejemplo, reducir el consumo, son fundamentales. En segundo lugar, intentar utilizar los recursos que tenemos siendo conscientes de que son limitados, y, en tercer lugar, tenemos que ser conscientes de que todo puede ser reutilizado. Además de todo esto necesitamos acciones colectivas y esto debe hacerse cambiando políticamente. Con leyes justas que se ajusten a la humanidad para ir transformando poco a poco el sistema. Es importante tener en cuenta que contamos solo con una o dos décadas de plazo para cambiarlo todo y si no lo conseguimos entonces no quedará nada e iremos al apocalipsis.

En su libro, habla de las crisis E4 que ha generado el capitalismo, ¿en qué consisten?

Hasta ahora hemos tenido crisis cíclicas cada diez 15 años, eran crisis de crecimiento del capital, pero ahora estamos en una crisis sistémica, donde el capitalismo ha llegado al límite, no hay más mercados que exprimir, no hay más personas que explotar. Y es entonces cuando el capitalismo entra en crisis a la que yo llamo E4 porque tiene cuatro dimensiones: Espacial, porque dentro de poco no cabremos en este planeta. Esta crisis va vinculada a la Energética, ya que no va a haber más petróleo lo que nos lleva a la Ecológica, porque este sistema despilfarra recursos y genera contaminación y, por último, la Económica porque no podemos seguir viviendo del futuro. Con esto último me refiero a que cuando estalló la crisis en 2007 la deuda era enorme y ahora tenemos diez veces más. La razón es que lo único que se ha hecho es que el Banco Mundial ha seguido generando dinero y dándoselo a los bancos y en consecuencia generando aún más deuda. Ahora, el sistema financiero se está comiendo los próximos años.

Titula el libro, 'La sociedad del escándalo', ¿cree que hemos perdido el pudor como sociedad?

Absolutamente. Esta es una sociedad obscena, donde todo queda a la vista y ya no existe pudor alguno. Los corruptos son corruptos y no les da vergüenza. También es de escándalo porque, como dijo el Papa el 5 de noviembre, «se hunde un banco y hay recursos económicos por todos sitios, se hunde un barco cargado de refugiados y no hay ni un euro para salvarlos». Eso es un escándalo. Que tres personas tengan la riqueza que alimentaría a los 3.000 millones más pobres, es un escándalo y lo que nos debería sublevar es que no nos subleve. El problema es que los demás hemos adoptado la mentalidad del rico. Como decía el presidente de Cáritas, Sebastián Mora en la presentación de mi libro en Madrid, el problema no es que haya unos pocos ricos, el problema es que hay muchos que queremos ser ricos. Y es que parece que nadie sueña con justicia y solidaridad, pero sí con tener más cosas. Se ha corrompido el alma. por eso suelo decir que hay que exorcizar el alma, sacar el diablo que se ha metido dentro.