Udabarri marca el ritmo a los 'Cármenes' zornotzarras

Veteranos del grupo de danzas Udabarri posan tras la actuación que hace unos cuatro años retomaron el día del Carmen en Larrea. / N. C.
Veteranos del grupo de danzas Udabarri posan tras la actuación que hace unos cuatro años retomaron el día del Carmen en Larrea. / N. C.

Distintas generaciones de dantzaris animaron en Larrea el día grande de las fiestas, que contó con la presencia de centenares de personas

NAHIKARI CAYADOAMOREBIETA-ETXANO.

La sombra cotizaba alto ayer en Larrea. Las personas más madrugadoras corrieron a colocar las sillas bajo los frondosos árboles, mientras que las tardíos no pudieron esquivar los rayos de sol que azotaron con fuerza durante la mañana. Con abanico y botella de agua en mano, nadie se quería perder la cita. Y es que ayer, Amorebieta-Etxano celebraba el día de su patrona en la gran fiesta del Carmen que reunió a miles de fieles.

«Es una fecha señalada en el calendario de los zornotzarras y de los municipios de alrededor», confirmaban Narciso Etxeandia y Carmen Gorrotxa, un matrimonio de Arratia que aseguraba no perderse la cita anual. Con el paso de los años, han sido testigos de la evolución de la fiesta, que parece no estar calando hondo en las nuevas generaciones. «Sigue viniendo muchísima gente, pero sí que se echa en falta a la juventud. Antes la mayoría éramos jóvenes», recordaban ambos.

Dos de los dantzaris de Udabarri, que actuó tras la misa mayor, compartían la opinón. Hace tres o cuatro años que los veteranos del grupo han retomado la tradición de bailar en Larrea, pero los menores »siempre han estado ahí». Para ambos zornotzarras «es un honor» bailar el día del Carmen en Larrea, pese a admitir que «ya no es como antes, las tradiciones están cambiando y se nota».

Tradición

Entre los rostros más jóvenes presentes en la fiesta se encontraban Unai y Eneritz, que disfrutaban de la jornada junto a un grupo de amigos y sus hijos. «Sí que es cierto que antes no veníamos nunca, porque normalmente solíamos salir de fiesta el día anterior», confesaban en tono jocoso. «Ahora, como ya no podemos salir de noche, disfrutamos las fiestas por el día, como lo hacíamos de txikis».

Además de la misa mayor, los asistentes a las campas de Larrea pudieron comprar rosquillas. «Es una tradición para la familia venir aquí y comprarlas, están riquísimas», admitía Sole mientras se abanicaba para hacer frente a la calurosa jornada. Unos metros más adelante se encontraban unos aitites al cuidado de su pequeña nieta Maider, de cinco años. «El año pasado vinimos y le compramos un globo. Este año nos lo pide ella», señalaban mientras se decidían por el más bonito.

La mayoría de las personas presentes abogaban por mantener esta celebación, que aúna religión, cultura y música en el día grande de las fiestas de Amorebieta. «Es un día que hay que estar en Larrea», señalaban algunas de ellas.

Más información