«El trabajo en el campo no es considerado oficio»

Jon Bastante exhibió ayer en Amorebieta herramientas que facilitan las arduas labores agrarias a las que se dedica. /NAHIKARI CAYADO
Jon Bastante exhibió ayer en Amorebieta herramientas que facilitan las arduas labores agrarias a las que se dedica. / NAHIKARI CAYADO

El zornotzarra Jon Bastante exhibió ayer en Amorebieta herramientas que ha localizado en otros países para facilitar las duras labores agrarias

NAHIKARI CAYADOAMOREBIETA-ETXANO.

«Si hay sectores que evolucionan como el de los electricistas o los fontaneros, ¿por qué el agrícola sigue igual que hace más de un siglo?». Este es el objetivo que mueve al joven zornotzarra Jon Bastante, de 30 años, a mejorar y facilitar el trabajo en el campo, al que se dedica desde hace una década. Sorprendido de que las herramientas que se utilizan para labrar la tierra son las mismas que se utilizaban hace diez mil años, con todos los lastres que ello conlleva, busca la solución en otros países. Una muestra de las adquisiciones que ha descubierto se exhibían en la feria agrícola que ayer acogió Amorebieta-Etxano dentro de sus fiestas patronales. «Es una pena que este sector no llegue a profesionalizarse. El trabajo en el campo no es considerado como oificio», lamentaba.

Durante su estancia en Suecia durante el periodo de Erasmus mientras estudiaba en la escuela agraria de Derio, comprobó que «tenían otra herramienta para arar la tierra, más eficaz y en la que no es necesario encorvar la espalda», detallaba. Al igual que esta herramienta, llamada 'Laya y Horca de doble mango' que sirve para romper la tierra al comienzo de la temporada, Bastante exhi bió casi una decena de instrumentos que podrían dar un nuevo punto de vista a los trabajos rurales que tan costosos son hoy en día.

Entre ellos se podían ver una azada de rueda de bici que sirve tanto para controlar las hierbas en las líneas de cultivo como para hacer surcos, una sembradora a la que se le pueden montar discos de diferentes tamaños en función de la semilla y el marco de plantación, o incluso una máquina que sirve para escardar la tierra, favoreciendo así que el aire y el agua lleguen hasta las raíces. «Estas máquinas facilitan mucho el trabajo, aunque sigue siendo duro, pero se consigue sacar más rentabilidad», apostilla.

El futuro, en la escuela

Para Jon el campo lo es todo. Trabaja de lunes a domingo en el caserío de Ibarra, donde cuenta con una persona contratada para que le ayude en sus quehaceres. A lo largo del curso, además, realizan excursiones para el alumnado de Primaria. «Son el futuro, tienen que saber cómo funciona la vida rural para que no se eche a perder», matiza.

Este zornotzarra culpa a los 'revendedores' de que los productos ecológicos puedan ser vistos como «algo feo o caro. Claro que una lechuga realmente ecológica puede ser más cara, pero es que no vas a desechar la mitad e incluso te puede durar dos semanas», defiende. Al igual que él, en Amorebieta existen otros ocho productores más que fomentan la producción y el consumo local y forman parte de la asociación Iraunkor, que ayer ocupó nueve de los 26 puestos de la feria.