Un profesor de la UPV muere al despeñarse mientras hacía alpinismo en la sierra del Anboto

La base de operaciones se montó en las faldas del Untzillaitz, donde falleció el montañero. / Luis Calabor

El abadiñarra Iker Garitaonandia, experto en montaña, había salido el sábado de su casa y resbaló en un cresterío

FERMÍN APEZTEGUIA

«La esperanza es lo último que se pierde», confiaba sereno Gregorio Garitaonandia, el padre de la última víctima de la montaña vasca, momentos antes de que el cuerpo sin vida de su hijo fuera descubierto este domingo despeñado en el cresterío de Anboto. Los peores presagios, lo que todos se temían y nadie se atrevía a expresar en voz alta, se confirmaron sobre las cinco y media de la tarde. El cadáver de Iker Garitaonandia, un especializado montañero del barrio de Muntsaratz, en Abadiño, fue localizado sobre una ladera de la peña Untzillaitz por uno de los grupos de voluntarios que participaron en el operativo de búsqueda. «Siempre le decía que al monte hay que ir acompañado, pero a muchos montañeros, como él, gran conocedor del medio, les gusta la soledad», explicaba su padre, de 72 años.

Iker Garitaonandia, profesor de Tecnología de Minas y Energía de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, salió el sábado por la tarde de su casa, con la intención de dar un paseo por las crestas de Astxiki y Alluitz, según comentó a familiares a amigos. «Aprovechaba siempre que podía para ir al monte», explicó Silvia Fernández, amiga del fallecido. Esa noche, como otras muchas, sus padres le esperaban para cenar, pero al ser sábado no dieron mayor importancia a su ausencia.

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Hallazgo de su vehículo

Este domingo por la mañana, la familia se extrañó de seguir sin noticias de él y alertó a SOSDeiak de su desaparición. Las alarmas se encendieron a media mañana al localizarse su vehículo, un Renault Megane gris, en el entorno de las desmanteladas canteras de Atxarte. A sus pies, la Ertzaintza montó la base de operaciones desde donde se coordinó la búsqueda del alpinista.

Unos 150 voluntarios, muchos de ellos amigos de la víctima y miembros de diferentes clubes de montaña del Duranguesado, participaron en el rescate, una operación que contó también con el apoyo de Cruz Roja, la Unidad Especial de Rescate de la DYA, la Unidad Canina de la Ertzaintza, el Grupo de Perros de Salvamento de Euskadi y un helicóptero de la Policía autónoma.

Un amigo «de toda la vida» del montañero desaparecido, Ibon Román, se ocupó de organizar las cuadrillas en grupos de 10 personas con el objetivo de peinar cada rincón y cada ladera del monte. Las labores comenzaron a las cuatro de la tarde y estaba previsto que se prolongaran hasta el anochecer en el caso de que Garitaoinandia no apareciera. «Confiaré hasta el último momento», subrayaba en ese momento el padre, aficionado también a la montaña, que supo de la desaparición de su hijo tras regresar precisamente de una marcha en Legazpia. Su esposa no pudo contener sus emociones y, antes de saberse el desenlace final, tuvo que ser asistida por un equipo sanitario a causa de un ataque de nervios.

«La cosa no pinta bien, pero vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos», afirmaba Iñaki Alberdi, del grupo de montaña Amaraune, de Berriz, en el momento de la partida. Pasaban las cuatro de la tarde. Hora y cuarto después, se cumplieron los peores presagios. La Ertzaintza se había puesto en contacto con Movistar y el juzgado correspondiente para intentar dar con el vecino de Abadiño mediante geolocalización, según informó el coordinador del operativo, Egoitz Abasolo. La familia, además, pidió expresamente a través de los medios de comunicación que no le llamaran por teléfono para que la batería durara el mayor tiempo posible. Pero nada de ello fue necesario.

«No sufrió»

Antes de las cinco y media, uno de los equipos de rastreo descubrió el cuerpo sin vida de Iker Garitaonandia sobre una ladera, en el entorno de la peña Untzillaitz (934 metros), una inmensa mole caliza que forma parte de la sierra de Anboto, en el parque natural de Urkiola. Al parecer, todo apunta a que el alpinista resbaló la misma tarde del sábado, cayó al vacío y murió en el acto. «No sufrió», sentenció un experto. El cadáver se encontraba en una ladera de tan difícil acceso que para su rescate tuvo que ser empleado un helicóptero de la Ertzaintza, que lo trasladó a la base de Iurreta.

A los pies de la cima, donde se levantó el centro de operaciones, la noticia fue recibida con dolor y lógica consternación. Las brigadas de rastreo estaba llenas de allegados de la víctima, como el propio Ibon Román, que lamentaban la confirmación de la noticia. «Somos amigos de toda la vida, desde que éramos críos. Ya sé que no tiene importancia, pero tengo una lesión en el tobillo que me ha impedido ir en su busca. ¡Ojalá hubiera podido!».

Tras conocer la noticia, la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) emitió un breve comunicado en el que lamentó el trágico accidente del profesor, manifestó su pesar a la familia y se puso a su disposición para todo lo que considere oportuno.

Tres Peñas mortales: Untzillaitz, Astxiki y Alluitz

18 de agosto de 2018.
Un grupo de montañeros localiza el cuerpo sin vida de un hombre de 45 años en el Untzillaitz, la misma cima en la que ha perdido la vida este fin de semana el montañero de Abadiño.
27 de febrero de 2010.
Un montañero de 35 años pierde la vida al sufrir una caída mientras bajaba de un monte cercano a las canteras de Atxarte, en el mismo entorno. Alas tres de la tarde llamó a un conocido para informar de que comenzaba el descenso. Ocho horas después, la Ertzaintza desplegó el operativo de rescate. El fallecido fue localizado al día siguiente.
2014.
Un helicóptero de la Ertzaintza rescata a un montañero de 44 años, herido en Untzillaitz mientras practicaba montañismo.
2008.
La Ertzaintza salva a un hombre de 58 años, que se desorientó mientras descendía esta cima. Ese mismo año, un joven de Zarautz de 29 años murió al despeñarse mientras escalaba la colidante cima del Astxiki.
2007.
Un durangués de 57 años pierde la vida cuando intentaba cruzar el 'Paso del Diablo', en Alluitz.Murió al caer despeñado por un precipicio de 300 metros.

 

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