Dos talentos de la música se funden en honor a San Antonio

Vanessa Goikoetxea y Elena Orobiogoikoetxea, en el ensayo de ayer en San Francisco. BORJA AGUDO/
Vanessa Goikoetxea y Elena Orobiogoikoetxea, en el ensayo de ayer en San Francisco. BORJA AGUDO

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YOLANDA RUIZDurango

La pianista Elena Orobiogoikoetxea (Durango, 1963) y la soprano Vanessa Goikoetxea (Estados Unidos, 1980) volvieron ayer al colegio San Antonio en el que se iniciaron en la música y de la que ambas han hecho una profesión, con brillantes trayectorias. El 150 aniversario que celebra el centro de Durango ha logrado fundir a estos dos talentos en un exclusivo concierto que ofrecerán esta tarde, a las 20.00 horas, en la iglesia de San Francisco. El ensayo contó con una invitada de excepción: Sor Teresa Aizpiri. A ella y a su hermana Sor Ana María, que ya falleció, les dedicarán la actuación. Lágrimas de alegría y emoción corrieron por las mejillas de las tres en un emotivo reencuentro.

Hoy será la primera ocasión en la que estas dos brillantes intérpretes actuarán juntas. Y aunque se hayan conocido para la ocasión, sus vidas han permanecido ligadas a través de Amaia Goikoetxea, tía de la soprano y amiga de Elena, que falleció hace un tiempo. La pianista recordó ayer que hace tres años escuchó por primera vez la voz de Vannesa. Y fue curiosamente a través de una alumna que estaba en Munich y que le trajo un cedé «de una chica de tu pueblo», comentaba.

Orobiogoikoetxea, que ejerce como catedrática de piano en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y se declara una entusiasta de la pedagogía instrumental, reconoció ayer sentirse profundamente emocionada por el hecho de actuar por primera vez en la iglesia del colegio en el que comenzó su carrera musical. «El concierto conjuga tantos elementos. Sor Teresa y sor Ana María, que yo la siento que está a quí, nos metieron la droga de la música. Plantaron la semilla, ha ido germinando y aquí estamos», afirmó.

Ejemplo para exportar

La pianista agradeció la enseñanza recibida. «Tuve el privilegio de contar desde pequeñita con cabinas de estudio en el colegio. Sor Ana María nos encerraba en las celdas de las monjas de clausura a María Azurmendi, Amaia Goikoetxea y a mí para grabar las lecciones de solfeo. Y nos las preparabamos como si fueramos a cantar ópera». Como docente alabó la «extraordinaria base del lenguaje musical» que le proporcionaron. «Se podría exportar a cualquier escuela de Europa. Hoy en día vienen con bastantes deficiencias».

La soprano , por su parte, se pronunció en la misma línea. «Aquí aprendí a estudiar la música disfrutando de ella. No había recreos, jugabamos con el acordeón», recordó con cariño Vanessa, quien derramó muchas lágrimas en el encuentro de ayer. A pesar de viajar por todo el mundo con diferentes propuestas musicales, la intérpetre formada en la Escuela Superior de Canto de Madrid asegura que la «cama buena está en Durango».

Pese a que la próxima semana regresará al Liceu de Barcelona con la famosa ópera Don Giovanni de Mozart, el concierto de esta noche lo considera «muy familiar. Ha sido programado para disfrutar y pasar un buen rato. Como venga toda la gente que ha dicho van hacer falta diez iglesias como esta», comentó Vanessa, que ya tiene previsto su debut en Estados Unidos en 2019

En el repertorio de esta tarde, que calificó de «joya», no faltará el Oinezez de Aita Donosti. «Aunque se trata de una canción de dolor, es la preferida de Sor Teresa», comentó la soprano. Ayer, en el ensayo, se la volvió a dedicar a «su monjita». «¡Bravo!, ¡bravo!», e xclamabla emocionada la religiosa de clausura, quien a sus 83 años sigue tocando el órgano en la iglesia de San Francisco.

«Estoy encancatada de lo que van a hacer esta dos dos alumnas», manifestaba feliz. De Elena comentó que cuando cursaba los estudios de tercero de piano «ya nos dijeron los profesores de Bilbao que esta niña iba a ser fantástica». A Vanesa le recriminó que «no sacara la gran voz en el colegio. Lo suyo aquí era el acordeón».

 

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