Una comunidad de gitanos rumanos se asienta en una gran chabola en Durango

Viviendas del barrio de Aramotz, que según los vecinos «es el más degradado» de Durango. /
Viviendas del barrio de Aramotz, que según los vecinos «es el más degradado» de Durango.

Vecinos del barrio de Aramotz advierten que siguen sumando módulos «en condiciones infrahumanas» y urgen al Ayuntamiento a intervenir

MANUELA DÍAZdurango

El camino hasta el lugar es sinuoso. Los zarzales, maleza y material de obra abandonado impiden descifrar el atajo desde Orozketa y lo ocultan si miras desde el colindante barrio de Aramotz en Durango, conocido más popularmente como El matadero por la cercanía con el antiguo centro de sacrificios. Allí, en la trasera de un supermercado, más de una veintena de personas de etnia gitana y nacionalidad rumana viven en una gran chabola desde que hace tres años fueran desalojados de la fábrica de Estancona en el barrio de Tabira. Los vecinos urgen al Ayuntamiento a intervenir contra un asentamiento que crece por momentos y que genera insalubridad y malestar en la zona. «Viven en condiciones infrahumanas sin agua corriente, calefacción ni un váter dónde hacer sus necesidades», lamentan.

Si bien desde la Asociación de Vecinos Herria reconocen que no existe una sensación de inseguridad en la zona porque a este grupo «no le interesa llevarse mal con su entorno más cercano», una pelea entre dos miembros de la comunidad sembró la alarma en el barrio el pasado jueves. La Ertzaintza, alertada por un vecino, se personó en el asentamiento por dos ocasiones, pasadas las dos de la tarde y poco antes de las diez de la noche. En ninguna de las intervenciones hubo detenciones, aunque sí procedieron a identificar a varias personas. «Cuando llegamos nadie sabía nada, no habían visto nada», apuntaron.

Mientras que esta realidad pasa desapercibida para la mayoría de los vecinos de Durango, la desazón de los afectados va en aumento. La chabola en la que «malviven entre 30 y 20 personas» y que se ubica a caballo entre un terreno municipal y otro de propiedad de una empresa constructora es cada vez más grande.

Ratas «como gatos»

«Van añadiendo nuevos módulos», aseguran los residenes en Aramotz. «Suelen coger agua de la fuente del barrio en garrafas para asearse y beber, es una pena», añaden. El Ayuntamiento es consciente del malestar de los vecinos ante esta «comunidad flotante», pero poco pueden hacer.

Para los vecinos este asentamiento es un problema más del barrio «más degradado de Durango». La pasada semana encontraron calcinadas tres ratas, «tan grandes que parecían gatos» , en un cuadro de luz de un inmueble. Hace seis meses una culebra de medio metro se coló en un portal y sembró la alarma en el barrio.

A estos problemas se suma el deterioro que sufren unas viviendas que fueron construidas hace seis décadas en la villa. «El estado de las fachadas y la red de saneamiento es lamentable y la accesibilidad brilla por su ausencia», se lamentan sus vecinos. «Está hecho una calamidad».

Hace tres años el Ayuntamiento de Durango destinó una partida de 35.000 euros para la rehabilitación del barrio, en el que conviven 128 familias repartidas en dieciséis bloques de viviendas. Los inquilinos cada vez son más mayores, aumentan las viviendas vacías y se prodiga el alquiler, un hecho que no juega a favor del barrio. Por ello, Herria ha creado una comisión especial para luchar por sacar adelante este proyecto, a su juicio «vital» para el entorno.