La huella de los primeros vizcaínos

Herramientas de sílex./
Herramientas de sílex.

Seis años de excavaciones confirman que la cueva de Arlanpe, en Lemoa, es la que acoge los asentamientos humanos más antiguos del territorio, junto a Mendieta 1, de Sopela

ALBA CÁRCAMO

La cueva de Arlanpe, en Lemoa, ha dejado boquiabiertos a los investigadores que se han adentrado en su pasado desde 2006. El equipo encargado de estudiar los asentamientos humanos en esta cavidad han hecho mucho más que hallar restos de cuatro épocas prehistóricas diferentes. Han concluido que es el lugar donde perviven los rastros humanos más antiguos descubiertos en Bizkaia hasta el momento junto con Mendieta 1, en Sopela.

Joseba Ríos Garaizar, uno de los tres directores de la excavación, presentará esta tarde en Lemoa los resultados de seis años de trabajo, que han servido para sacar a la luz resquicios de «entre hace 200.000 y 115.000 años», del Paleolítico Medio Antiguo. El proyecto, llevado a cabo con la colaboración de la Fundación Barandiaran, la Diputación, el Gobierno vasco y decenas de voluntarios, ahonda por primera vez en esta cavidad, descubierta en los años sesenta. Ligados a los neandertales, han desenterrado huesos de fauna consumida y de especies carnívoras que convivían con ellos.

Si bien lo más relevante son las herramientas detectadas, «posiblemente el conjunto más interesante con esta antigüedad». De hecho, uno de los tipos, de sílex, descubre que los habitantes de Arlanpe «se desplazaban» por la provincia. «No se encuentra este material en las inmediaciones; hay, por ejemplo, en Treviño, Urbasa y la costa vizcaína», prosigue el experto, miembro del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. A estas puntas para «raspar y cortar» se suman también unos «llamativos bifaces» o hachas de mano, tallados en roca del cauce del río Arratia. A juicio de Ríos Garaizar, «es un tipo de comportamiento bastante característico e interesante para comprender su forma de vida».

En los estratos superiores de la cavidad, los restos que han sobrevivido al paso del tiempo son de asentamientos de homo sapiens. En estos casos, los hallazgos más antiguos datan de hace 17.000 años, cuando era usada por grupos de cazadores del período Solatrense. «Utilizaban la cueva como lugar para preparar la caza», señala Ríos Garaizar, quien desvela que «se han encontrado puntas de flecha y lanza fracturadas». Hace 14.000 años, en el Magdaleniense, se ocupaba también de «manera esporádica». Aunque la sorpresa que se han llevado los investigadores no es menor. En un bloque de unos 70 centímetros de altura de caliza pueden verse «tres representaciones femeninas» que permiten comprender la expansión de esta simbología, apenas inexistente en la Península Ibérica, pero más frecuente en Francia y Alemania.

Los últimos momentos prehistóricos en los que los humanos dieron uso a la cueva se remontan a hace 3.500 años, en la Edad de Bronce. Entonces fue «un lugar de enterramiento», precisa el experto, ya que, además de «bastantes restos humanos», se ha localizado «un pequeño túmulo de piedras y un hito de un metros de altura» que revelan un «comportamiento funerario».