Las Dominicas cumplen 650 años

El obispo Iceta lee un mensaje del Papa en presencia del lehendakari Urkullu y de la priora, María Elena Kortabarria, junto con la diputada Elena Unzueta, la presidenta de las Juntas de Bizkaia, Ana Otadui, el vicepresidente Joseba Gezuruaga, y el alcalde, Koldo Goitia./M. ARTIME
El obispo Iceta lee un mensaje del Papa en presencia del lehendakari Urkullu y de la priora, María Elena Kortabarria, junto con la diputada Elena Unzueta, la presidenta de las Juntas de Bizkaia, Ana Otadui, el vicepresidente Joseba Gezuruaga, y el alcalde, Koldo Goitia. / M. ARTIME

El lehendakari Ukullu y el obispo Iceta presiden el acto conmemorativo en el convento de Lekeitio, donde se plantó un retoño del Árbol de Gernika

MIRARI ARTIME

Las Madres Dominicas de Lekeitio están de celebración. Cumplen este año el 650 aniversario de la apertura del convento de Santo Domingo de Guzmán, situado en pleno casco viejo de la villa marinera. «Ya somos una especie de institución», comentaban las religiosas de la comunidad más antigua de la diócesis. Con motivo de los seis siglos y medio de vida del monasterio, las autoridades vascas, encabezadas por el lehendakari, les regalaron ayer un retoño del Árbol de Gernika a modo de homenaje y reconocimiento a su labor con las personas más pobres y necesitadas.

El simbólico acto contó con una amplia y nutrida representación institucional y eclesiástica. Además de Urkullu, acudieron el obispo de Bilbao, Mario Iceta; la priora -sor María Elena Kortabarria-; la subpriora -sor Benita-; así como la presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia y el vicepresidente, Ana Otadui y Joseba Gezuraga, respectivamente; la diputada de Sostenibilidad y Medio Natural, Elena Unzueta, y el alcalde de Lekeitio, Koldo Goitia.

Antes de la misa oficiada por el obispo, -cantada por la coral Kresala junto a la mezzosoprano Itxaro Mentxaka- tuvo lugar un encuentro privado entre los representantes institucionales y las religiosas. A continuación, durante la homilía, Iceta recalcó el «importante significado» y el «valor» de la vida contemplativa, como el que desarrollan las quince monjas que conforman la comunidad de las Dominicas en el municipio costero.

Sor María Elena y sor Benita se mostraron un poco «abrumadas» por la celebración, pero reconocieron que era una manera de mostrar los seis siglos y medio en los que la orden se ha «sentido muy a gusto, muy querida por el pueblo». El cariño es recíproco: raro es el día en el que no reciban visitas de los convecinos.

«En la celebración del 600 aniversario -recuerdan- había siete monjas nacidas en este municipio. En la actualidad solo vive una de ellas; y la mayoría de nosotras es de origen africano, de Kenia», explicaron las dos responsables del monasterio. Ambas proceden de Elorrio, donde existe otro convento de la misma orden. Llegaron a Lekeitio hace más de cinco décadas.

Hace poco han llegado otras dos nuevas postulantas de África. «Se están integrando en la rutina diaria de la casa con el cariño de la comunidad y la feligresía». Por eso, sor María Elena quería que en la cconmemoración de ayer participasen con la exhibición de música y danzas de sus lugares de origen. Un 'aurresku' interpretado por mujeres cerró la celebración tras echar las primeras paladas de tierra al nuevo ejemplar de un descendiente del mítico roble vasco, plantado en los jardines del monasterio.

Carta del Papa Francisco

«No nos ha resultado fácil elegir el regalo que les queríamos hacer», reconoció el alcalde de Lekeitio, Koldo Goitia. «El Árbol de Gernika simboliza nuestro respeto; y nuestros derechos y libertades más universales», recalcó el primer edil. Entre los presentes que recibieron también las monjas destacó una carta de felicitación enviada desde el Vaticano por el Papa y que el obispo de Bilbao, Mario Iceta, se encargó de leer. En la misiva, Francisco mostró su «agradecimiento» a las Dominicas por la «labor» desempeñada durante tantos siglos.

El de Lekeitio es el único convento del territorio que sigue como tal ininterrumpidamente desde que Don Tello fuera Señor de Bizkaia. Durante la Edad Media era habitual que los municipios contaran con beaterios, casas en las que vivían grupos de mujeres dedicadas a cuidar las capillas y ermitas adyacentes. Por falta de medios económicos no podían construir y mantener un convento. A mediados del siglo XIV. Don Tello cedió un palacio a la fundación dominicana. La Santa Sede obligó luego a que se convirtieran en monasterios y fue la bermeana Juana Ibáñez de Arsuaga quien logró concretar su fundación. Desde entonces, nunca han dejado de rezar por la Iglesia y el mundo. Ayer, tras finalizar el 'ruido' de la efeméride, volvieron al silencio.

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