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«Casi deseo que me detengan, no puedo salir de esto por mí mismo»

Prisioneros del alcohol, politoxicómanos o con enfermedades mentales, 260 indigentes viven al margen de los albergues. «Siempre están llenos y hay demasiadas reglas»

El rumano Valeriu Vladaia, siete meses en las calles de Bilbao, descansa en un cajero automático de Avenida Madariaga./Fotos. Sergio García
El rumano Valeriu Vladaia, siete meses en las calles de Bilbao, descansa en un cajero automático de Avenida Madariaga. / Fotos. Sergio García
Sergio García
SERGIO GARCÍA

Toño Fernández Pastor, bilbaíno de 38 años, se prepara un chino de heroína detrás del Mercado de La Ribera. Son las once y media de la noche y ha levantado un parapeto con cartones que le protegen de la lluvia y el viento, mientras sus compañeros -una decena, tan castigados como él- se arrebujan entre las mantas con la mirada vidriosa y la desesperanza dibujada en el rostro. «Si quieres que te diga la verdad, casi hasta me gustaría que me trincasen, porque por mí mismo soy incapaz de dejar esto», dice señalando el canutillo de papel de aluminio con el que fuma ese elixir líquido y marrón que le dicen caballo y que calienta con la llama del mechero.

 

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