Turan tiene la última palabra

Arda Turan. /
Arda Turan.

Es el jefe de la selección turca, el jugador marca el ritmo en cada partido

F. LASTRA

Cuando fichó por el Barcelona dejó claro cómo le gusta jugar: «Con pelota, jugando fácil, en corto, agresivo cuando es necesario, pero sobre todo con calidad», dijo.

Arda Turan es la estrella de la selección turca. Es el espejo en el que se mira un combinado atestado de jugadores que juegan en una competición doméstica que está en horas bajas. En su país es un auténtico idolo. Sobre el césped es el jefe. Fatih Terim poco tiene que explicarle. El juego turco nacerá y tomará el rumbo que decida Arda. El balón pasará casi siempre por las botas del futbolista del Barcelona.

Centrocampista de gran técnica, potente físico y gran inteligencia, Arda Turan juega y hace jugar. Es un dinamizador en su selección. Todo el fútbol pasa por él. Ha sido internacional en más de ochenta ocasiones anotando trece goles. Su debut se produjo el 16 de agosto de 2006. Fue convocado para participar en la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008, donde disputó tres partidos y marcó dos goles.

Cuando se conoció el resultado del sorteo de la Eurocopa, fue el primer futbolista turco en comentar el grupo en el que había caído su selección. En su cuenta de Twitter escribió: «Sorteo duro. Equipos fuertes. Pero el fútbol es un juego donde 22 hombres corren tras un pelota durante 90 minutos y Turquía tiene la última palabra».

Arda llegó a España en 2011 para jugar en el Atlético de Madrid. Los colchoneros ficharon a una estrella, pero aún no lo sabían. Cuando coincidió con Simeone, entre los dos lograron lo que parecía imposible, pero hicieron mucho más grande al Atleti. El pulmón turco ya vestía de rojiblanco y, de alguna manera, había allanado el camino al técnico argentino. El Cholo encontró a un mago con el balón, a un futbolista que nació con la capacidad innata de proteger el balón bajo cualquier circunstancia, a un deportista capaz de equilibrar las fuerzas de los suyos. En definitiva, a un jugador capaz de casi todo para mantener en pie a su equipo. Sacrificado como pocos, tiene el don de potenciar el juego físico de un equipo, dejando incluso de lado la calidad técnica individual.

Pero si en Madrid tuvo un papel de estrella, en el Barcelona no acaba de mostrar sus virtudes.