Más de cien motoristas despiden en su barrio de Altamira al joven fallecido en accidente
«Me ha enseñado lo que es el amor de verdad», dice la novia de Brais Pampín, cuyos amigos le rindieron un homenaje entre el rugido de motores
«Era el mejor novio y amigo. Daba los mejores consejos y siempre estaba ahí para ayudar. Me ha enseñado lo que es el amor ... de verdad. Le estaré siempre agradecida». Maialen, la novia de Brais Pampín, aún sobrecogida por la tragedia, resume así cómo era el joven de 24 años fallecido en un accidente de moto el pasado lunes por la tarde en la carretera de Lemoiz. Motero y futbolista, su funeral atrajo a más de un centenar de motoristas, que quisieron rendirle un sentido homenaje haciendo rugir los motores antes de la ceremonia religiosa, oficiada en la iglesia de la Santísima Trinidad del barrio alto bilbaíno de Altamira, donde residía con su familia.
La convocatoria por redes pretendía «darle una despedida como se merece y que nos escuche desde el cielo», rezaba el mensaje que acompañaba a una foto del motorista con alas de ángel.
El frontón de Altamira se quedó pequeño para acoger las 'Yamahas', 'Suzukis', 'Bmw' y todo tipo de máquinas de vivos colores que se acercaron a su barrio para darle el último adiós. Muchas motos tuvieron que quedar aparcadas sobre la acera porque no había sitio para todas.
Tampoco la iglesia pudo acoger a todos los conocidos que quisieron mostrar su dolor y unirse al duelo por la muerte de Brais. «Era para mí como un hermano», llora Álex, uno de sus mejores amigos. «Era todo lo bueno que te puedes imaginar y me quedo corto. Se alegraba por los demás más que por sí mismo. Nunca tenía malas palabras para nadie».
El joven, también vecino de Altamira, recibió la noticia de su muerte el día de su cumpleaños. Había marchado de fin de semana para celebrar su aniversario y en cuanto lo supo, regresó a Bilbao «para acompañar a sus padres y hermana, que están destrozados». La carretera ha golpeado duro a esta familia. La abuela paterna de Brais también falleció en accidente de tráfico al poco de sacarse el carné de conducir cuando viajaba en coche con su marido a Galicia, la tierra de sus antepasados. Era una mujer joven y dejó un niño huérfano, el padre de Brais.
Grabando con el móvil
El pasado lunes, la tragedia se repetía, esta vez sobre dos ruedas. Pese a su juventud, el chico había recorrido muchos kilómetros en moto y la manejaba con destreza. Esa tarde había ido a 'hacer unas curvas' en la carretera N-634 con un amigo, que le iba grabando vídeos con el móvil. Cuando atravesaban Lemoiz, sobre las cinco y media de tarde, el joven perdió el control de la 'Yamaha R1' que pilotaba por causas que se desconocen y que investiga la unidad de Atestados de la Ertzaintza. Al parecer, se le fue la rueda trasera y terminó cayendo al asfalto y golpeándose. «Por ahí hemos pasado 20.000 veces y nunca hemos tenido ni un susto. He ido a mirar las marcas de rodadas y frenadas y todavía no me lo explico», se duele su amigo.
Brais había estudiado en el colegio de Basurto y en el instituto Unamuno y en la actualidad trabajaba como almacenero. Aficionado al fútbol, había jugado en los equipos infantil y cadete en el Indautxu y como juvenil en el Leioa. Ambos clubes publicaron mensajes de condolencias en sus redes sociales. Como media punta, Cristiano Ronaldo era su gran ídolo.
El joven bilbaíno planeaba viajar con su novia el año que viene a ver un campeonato de moto GP a Barcelona. «Era 'Rossista' (seguidor de Valentino Rossi) a muerte. Siempre nos chinchábamos porque yo soy de Márquez», recuerda Álex, muy afectado por su pérdida. «Sabía hacerse querer, no tenía maldad. Era muy familiar y nos deja un cachito de él en nuestro corazón», se consuela su novia.
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