Españoles en Berlín

Juanjo Mena./
Juanjo Mena.

Con Juanjo Mena, han sido nueve los directores que han subido al podio de la Filarmónica, para muchos la mejor orquesta del mundo

CÉSAR COCA

Las crónicas ya han hablado del éxito de Juanjo Mena en sus tres conciertos al frente de la Filarmónica de Berlín la pasada semana. El director alavés consiguió que la formación alemana se soltara, que se liberara de algunos corsés (mejor no llamarlos prejuicios) para afrontar obras de marcado carácter latino, sobre todo en la 'Iberia' de Debussy, que esos mismos músicos habían interpretado hacía poco con su titular, Simon Rattle, y una visión bastante diferente de la que Mena tiene de esa partitura. Así lo confesaba él mismo en una entrevista radiofónica de días atrás, en la que aseguraba también que el mejor concierto fue el del sábado, el último del ciclo, cuando el entendimiento entre orquesta y director ya fue completo. Entre los asistentes a los conciertos hubo numerosas personalidades de la cultura en general y la música en particular. Por allí estuvieron Daniel Barenboim, Jesús López Cobos y Mauricio Sotelo, por ejemplo. Y unos cuantos más. Todos vibraron con las obras interpretadas, en especial con 'El sombrero de tres picos', que en palabras de uno de los asistentes al espectáculo, tuvo una versión «extraordinaria».

Mena se ha convertido así, a los 50 años, en el noveno director español en tomar la batuta ante esa orquesta, que para muchos es la mejor del mundo. Los más críticos con la formación alemana aceptan incluso que es una de las tres o cuatro mejores. Pero, ¿quiénes fueron los otros ocho españoles que subieron a ese podio?

El primero fue Joan Lamote de Grignon, el fundador de la Sinfónica de Barcelona. Se puso al frente de la Filarmónica de Berlín en 1913, cuando esta formación llevaba 31 años en activo y su titular era Arthur Nikisch. Lamote de Grignon es más importante por su labor como promotor y agitador cultural que estrictamente como director. De hecho, también creó la Orquesta Municipal de Valencia y aunque no la puso en marcha fue el responsable de dar un gran impulso a la Banda Municipal de Barcelona. Para la carrera de Lamote de Grignon, dirigir la Filarmónica de Berlín no tuvo un significado demasiado grande. Las cosas funcionaban entonces de diferente manera. Eso por un lado, y por otro, nunca pasó de un buen director, sin aspiraciones a una trayectoria internacional relevante.

Bien distinto era el caso de Ataúlfo Argenta, el segundo español en llegar a Berlín. El director cántabro era una fuerza de la naturaleza, un músico con un talento descomunal al que una muerte temprana y estúpida privó de compartir el Olimpo con los Karajan, Solti, Bernstein y demás. Dirigió la Filarmónica, al frente de la cual ya reinaba Herbert von Karajan, en 1957, solo unos meses antes de su muerte.

Rafael Frühbeck de Burgos también debutó en la etapa de Karajan. El director burgalés de origen alemán estuvo muy relacionado con orquestas del aquel país. Fue titular en Düsseldorf y Dresde y responsable máximo de la Deutsche Oper y la orquesta de la Radio de Berlín, de manera que en su caso dirigir a los filarmónicos fue algo completamente natural. Un viaje de un distrito a otro de la ciudad para ponerse al frente de la orquesta vecina.

El vínculo de Cristóbal Halffter con la Filarmónica de Berlín ha sido de naturaleza diferente porque la ha dirigido y además ha compuesto obra por encargo de esa formación. De nuevo, el origen alemán (aunque más lejano que el de Frühbeck) favoreció una relación que resultó fluida. Podría decirse con Halffter algo parecido a lo de Lamote de Grignon: dirigir en Berlín ha tenido una influencia solo relativa en su carrera porque su faceta como compositor es más relevante que la de director. El Halffter autor ya está en la Historia de la Música como una de las figuras imprescindibles de las últimas décadas.

El caso de Antoni Ros-Marbà es diferente: fue invitado por Karajan a ponerse ante los filarmónicos en el año 1978, cuando estaba a punto de cumplir 50 años. La vinculación con los berlineses no pasó de ahí, algo que tampoco es un demérito. Como confesaba un agente musical a elcorreo.com hace unos días, la pelea de todos los que se dedican a la representación de directores por colocar a uno de los suyos en ese podio es tremenda. Tanto que quienes repiten o bien son extraordinarios o tienen una agencia con un poder de persuasión fuera de lo común.

Quien consiguió repetir fue Jesús López Cobos, que no faltó ni una temporada entre 1979 y 1987, los últimos años de Karajan, que fue titular vitalicio de la formación. El director zamorano, que en esos años era director musical de la Deutsche Opera, se convirtió en un asiduo. Ningún otro músico español ha sido capaz de enlazar nueve temporadas seguidas como invitado.

Plácido Domingo se puso al frente de la formación durante el festival de verano de 2001, con Abbado ya de salida y Rattle como titular a la espera de ocupar el puesto. El tenor español empezaba a emplear una parte importante de su tiempo lo ha hecho cada vez más, como es lógico en la dirección y su paso por el podio de los berlineses respondió a esa estrategia aunque se produjo fuera del núcleo de la actividad de la orquesta, que es la temporada de abono.

El octavo ha sido Pablo Heras-Casado, que interpretó un programa con Mendelssohn como compositor central. El granadino se puso al frente de la Filarmónica en 2011, cuando tenía solo 34 años. Es el español más precoz en el podio de Berlín, el más deseado del planeta.

Heras-Casado dirigiendo la Filarmónica de Berlín en la Sinfonía Nº 3 de Mendelssohn

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