Bryan Adams y su viaje en el tiempo: bienvenidos a 1985

Bryan Adams, en pleno concierto./
Bryan Adams, en pleno concierto.

Vino al BEC a presentar 'Get Up' ante 9.500 personas, pero el canadiense tiró más que nunca de su icónico álbum 'Reckless' por su treinta aniversario. Noche de nostalgia, éxitos y rock facilón

EIDER BURGOS

El público llenó (no del todo) el pabellón del BEC de forma casi puntual. Unas 9.500 personas miraban a las 21.30 horas el reloj y el único Bryan Adams que allí se veía era una enorme fotografía que de cuando en cuando seguía una mosca con la mirada o atendía al móvil. Sin avisar, dio un rugido y comenzó el espectáculo. El canadiense salía al escenario, acompañado de una banda impolutamente trajeada y casi quince minutos más tarde de lo esperado. Y aunque Adams ya no es lo que era -se ha quitado de dar saltos y limita sus movimientos a un escaso perímetro alrededor de los tres micros que se reparten por el escenario- ganas no le faltan; éxitos para el recuerdo tampoco.

Abría el bolo al ritmo de Do What You Gotta Do, uno de los trece temas de los que se compone su último trabajo, Get Up; el decimotercero en el currículum de una leyenda con casi cuarenta años sobre los escenarios. Sí, venía a presentar nuevo disco. Pero es que el mítico Reckless acaba de cumplir treinta años. El de Summer Of 69, Heaven, Somebody o Kids Wanna Rock. El que lanzó al rubiales al estrellato y que muchos aún lo recuerdan como lo mejorcito. No podía el artista dejar pasar la oportunidad de hacer repaso de principio a fin, perfectamente consciente del público al que se enfrenta en cada gira. La mayoría entre la treintena y la cuarentena, enfundados en chupas cuero y vaqueros y ansiosos por ponerse un poco nostálgicos.

Y aunque siguió con Cant Stop This Thing We Started, la tercera la dedicó a esta joya treintañera: She Wont Be Happy Until Shes Dancing, con la que el hombre de las baladas se nos puso malote y presumió de rockero con una chica en los visuales bailando a contraluz con shorts de cuero.

Siguió el galán intercalando temas nuevos con los clásicos y de Go Down Rockin pasó a la inigualable, al tema por excelencia de Adams y con el que medio pabellón suspiró: Heaven. Arrancaba fuerte: no llevaba ni cinco canciones y ya se deshacía de una de sus mayores bazas. A nadie pareció importarle, y pronto los móviles, que son los nuevos mecheros -menos para dos o tres vintage-, inundaron el pabellón. Todos cantaron a una, grabaron para enviarlo más tarde por Whatsapp y las parejas (que abundaban) se pusieron melosas.

Sin levantar el pie del acelerador, se puso Adams de un rocker subido con Kids Wanna Rock (¿queríais Reckless? Tomad taza y media), punteo de vértigo y acobracia de su movido guitarrista incluido. De ahí a This Time, y en las pantallas el vídeo que por 1983 acompañó al tema -divertido comparar al polvorín Bryan de 24 añitos con el elegante hombre de 56-. Aparecieron los primeros motivados a hombros de sacrificados compañeros: cuernos, chicas bailando, pancartas -Lets make this night one to remember, pedía una-, You Belong To Me (que Adams ha sacado nuevo disco, ¿recuerdan?) y primera hora concierto.

Llegó el canadiense al ecuador cuando los primeros acordes de su guitarra desató la euforia en la platea. ¡Summer Of 69, y a mitad de espectáculo! El público de las gradas se despegó de sus asientos y coreó con fuerza que como el verano del 69 no habrá igual, ese que parecía que duraría para siempre. Nadie esperaba que la despachara tan pronto, menos aún que momentos después Adams se pusiera tierno con (Everything I Do) I Do It For You, la archiconocida balada que hizo de Robin Hood: Príncipe de los ladrones un héroe romanticón. Dos de los platos fuertes en solo diez minutos. ¡Y aún quedaba una hora!

En medio de una y otra, el canadiense recuperó el tema que interpretara con la Spice Girl Melanie C, alias la deportista. Sin Melanie ni banda, se plantó con una versión acústica de When Youre Gone que a algún espectador le pareció mejor que la original, a la que le siguió Lets Make a Night to Remember, casi en honor a los chicos de la pancarta -no tenía pensado tocarla, dijo Adams, pero como habéis venido con ese cartel-.

Necesito una mujer salvaje

Adams oteó entonces a la masa. Buscaba algo o a alguien. Necesito una mujer. Una mujer salvaje que baile, pidió en inglés. No faltaron voluntarias. Con un gran foco trató de dar con su dama, se hizo de rogar y algunas chicas pelearon por ser la elegida. Pero el premio se lo llevó Susana. Con mucha valentía, bailó al ritmo de la sensual If Ya Wanna Be Bad - Ya Gotta Be Good mientras todo el BEC la observaba en pantalla grande, un espectáculo ya habitual en los bolos del cantante.

La pasión volvía momentos después al son de Have You Ever Really Love a Woman? y el auditorio teñido en luz roja. Tema icónico coreado y bailado en el típico vaivén de una balada, y en el que Adams se hizo de rogar dejando el final de los versos en el aire. Dejó cantar al público a capella en Cuts Like a Knife, para la que giró el micro y se retiró a las sombras. Un par de golpecitos en el micro y una cuenta atrás en castellano bastó para que todos se desgatiñase. Y con el rebufo de aquella energía entró a la oda a la eterna juventud -al menos de espíritu- 18 Till I Die para continuar con la epiléptica -menudos visuales coloridos- The Only Thing That Looks Good On Me Is You.

El espectáculo llegaba a su fin, y tras el clásico saludo y despedida la banda se retiró. Quedó Adams en las tablas, solo acompañado por su guitarra. El adiós sería a su manera, haciendo lo que mejor se le da: las baladas. Y en acústico, nada menos, a riesgo de dormir al personal al final de la actuación. Pero es que en las melodías melosas es el canadiense todo un experto, y supo elegir su repertorio.

Empezando por Brand New Day, uno de los singles de su último trabajo, por fin sacó de la chistera la rockabilly Cmon Everybody, que quedó igual de cañera sin acompañamiento. Con She Knows Me el público hizo temblar las gradas de la emoción con un pisoteo estrepitoso y con Straight to The Heart se metió a todo el mundo en el bolsillo. El público coreaba oe, oe -él se apuntó con un rasgueo a lo zafarrancho-, cuando el cantante pidió que de nuevo todos alzasen los móviles. Una poblada galaxia de flashes iluminaron el BEC regalando una preciosa estampa desde el escenario. All For Love, hit interpretado a medias con Sting y Rod Stewart, dejaba esta vez solo al canadiense ante el peligro. O más bien ante el cariño del público, que ya no se quedaba quieto. Bryan Adams cerró el concierto tal y como empezó: con un rugido, seguido de una poderosa ovación. No como en aquel Reckless de 1985, pero qué bien sienta hacer memoria de vez en cuando.

 

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