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El público en el Primavera Sound.

Primavera Sound para calentar la final de Copa

David López

Lunes, 11 de mayo 2015, 17:59

Tic-tac, tic-tac.. Cambian nuestros gustos, nuestras preferencias. Los hábitos y los modelos de consumo mutan una y otra vez como el virus de la gripe. En un perpetuo viaje de ida y vuelta, regresan el vinilo y el cassette para regocijo de coleccionistas y vehementes entusiastas de la cultura analógica. La economía de mercado y las modas se retroalimentan, fagocitando aquello que se identificó con la rebeldía y la angustia de la adolescencia. Y los festivales de música, por supuesto, evolucionan. Si aspiran a comprender lo que para muchos ha significado en su educación sentimental el devenir del Primavera Sound deberían detenerse en el epílogo de 'Lost in music'. En las últimas páginas de su entrañable y lúcido libro de memorias, Giles Smith aclara que su intención no era otra que describir lo que representa "crecer con el pop como banda sonora de tu vida", ilustrar "cómo el pop te agarra por las solapas y lo que te pasa cuando lo hace". Sí, aunque cueste creerlo, el Primavera Sound celebra este año su décimoquinto aniversario. Y además, coincide con la final de Copa que enfrenta el 30 de mayo a Athletic y Barça en la ciudad condal.

Mucho ha llovido (en un sentido metafórico, también literal) desde que el Primavera Sound nació allá por 2001. Unos orígenes modestos, vinculados al Poble Espanyol, el espacio que acogió el festival durante sus primeras cuatro ediciones, que en la actualidad se recuerdan con cierta morriña, sin duda, aunque atendiendo igualmente a un exceso de épica y mítica. Cualquier tiempo pasado fue mejor, como repiten hasta la extenuación los mismos que rememoran con melancolía los inicios del club Nitsa y la figura de su emblemático maestro de ceremonias, Aleix Vergés, DJ Sideral para la eternidad. Pero, en este caso, la nostalgia está más que justificada. Un estado de ánimo que sus organizadores han sabido explotar concienzudamente gracias a ese videojuego de corte retro (y el 'Enola Gay' de Orchestral Manoeuvres in the Dark como gancho) que sirvió para desvelar su 'line-up' a finales de enero. Márketing del siglo XXI con ropajes de la década de los ochenta.

Hoy, convertido en una marca que trasciende fronteras, puede alardear de sus logros sin titubear, especialmente aquellos que refieren a su crecimiento exponencial (en paralelo al incremento del público foráneo) y a la confección de su programación. Ahora que el indie está ahí para que las masas puedan empaparse de su supuesto espíritu contestatario, hablamos de libertad, independencia y criterio. Como afirma Santi Carrillo, director editorial de la revista Rockdelux, no sería complicado delinear sus carteles como "la suma de nombres con argumentos históricos y de novedades del momento con proyección futura, una amplia selección no sujeta a clichés estilísticos que ha ido abriendo el foco cada vez más hacia cualquier rincón del mundo". El Primavera Sound nunca ha cerrado sus puertas a propuestas que tradicionalmente estaban vetadas en festivales de estas características. Ni a Mayhem, pioneros de la escena black metal en Noruega. Ni a Caetano Veloso, un gigante de la música popular brasileña. ¿Hubiese sido posible que las giras de retorno de Pavement, Slowdive o Neutral Milk Hotel recalasen en nuestro país en otro contexto? ¿Alguien imaginaba que algún día vería en la península a una superestrella del hip hop como Kendrick Lamar?

Claro que siempre habrá quien dedique sus esfuerzos a patalear, a mostrar su disconformidad con el programa. Desde que adoptó la costumbre de Coachella de anunciar el grueso del cartel de una tacada, cada edición se mide por la cantidad de anhelos frustrados que genera. Y el cumpleaños no es una excepción. Sin embargo, ¿quién se atrevería a considerar menor una parrilla que encabezan esas reuniones de The Replacements, Ride y Sleater-Kinney con las que soñábamos sin esperanza alguna de que se materializasen? ¿Irrelevante cuando aglutina actuaciones prácticamente exclusivas como las que ofrecerán The Strokes y Antony and The Johnsons? Hay bastante que festejar: Patti Smith, musa del underground neoyorkino de los setenta, interpretará de forma íntegra 'Horses', el debut que le valió el apelativo de "madrina del punk", y Underworld, una institución de la electrónica británica, que disfrutó de las miles del éxito masivo cortesía de 'Born Slippy', el hit que Danny Boyle incluyó en la banda sonora de 'Trainspotting', hará lo propio con 'dubnobasswithmyheadman', el álbum que terminaría por difuminar la línea divisoria que separaba el techno de club del pop llenaestadios. Vuelve el emo (American Football, Brand New, The Hotelier, Mineral), también el grunge en su versión más cruda (Babes in Toyland). Swans, paradigma de ese rock contemporáneo que entiende el directo como una experiencia física y mental apabullante, prometen tres horas de concierto. Las sombras que arropan el post-punk y el synth-pop de The Soft Moon hermanadas con las melodías luminosas e inmediatas de The New Pornographers, el supergrupo de A.C. Newman y Neko Case. La despedida de Foxygen, el hip hop de guerrilla de Sleaford Mods, las marcianadas de Ariel Pink, el hardcore incendiario de Fucked Up y la flor y nata del indie nacional, con Los Punsetes, Dulce Pájara de Juventud, Sr. Chinarro Nueva Vulcano en liza. Y artistas que poco o nada se prodigan por nuestros escenarios, como Damien Rice y Tori Amos, visitarán la ciudad condal para gozo de aquellos que rara vez se dejan ver en un macroevento de esta magnitud. Belle & Sebastian, Einsturzende Neubauten, alt-J, Spiritualized, Run the Jewels, Caribou, Dan Deacon, Battles, James Blake, DIIV, Jon Hopkins, tUnEyArDs, Movement... Solo la enumeración ya resulta agotadora.

Pero todavía hay más, mucho más: conferencias, sesiones de networking, showcases junto al Mediterráneo, talleres sobre derechos de autor y estrategias comerciales... Como punto de encuentro de los profesionales de la industria musical, PrimaveraPro es, a juicio de sus patronos, un enclave idóneo para estimular "el intercambio cultural entre Europa y el continente americano". Este año, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona cobijará sus actividades diurnas, entre las que despuntan dos congresos con visos de perdurar en ediciones venideras, el de sellos independientes y el de salas de conciertos. Tentadoras son las charlas de Simon Raymonde (bajista y teclista de los seminales Cocteau Twins, acude como fundador de Bella Union, discográfica de formaciones como Fleet Foxes o Beach House) y Steve Albini (aunque ostenta un currículum de impresión, como guiño para neófitos indicaremos que trabajó como ingeniero de sonido para Nirvana y Pixies), la entrevista al legendario Hans-Joachim Roedelius que moderará el periodista Jordi Turtós, o la recepción que dispensará a los acreditados el festival estadounidense South by Southwest. El extenso número de invitados sugiere que no será nada fácil planificar la agenda.

Y, ahora sí, ocho recomendaciones (terriblemente subjetivas) que dignifican la letra pequeña del cartel o subrayan la presencia de algunos grupos empeñados en redefinir el presente y el futuro de la música a base de experimentación, decisiones poco complacientes y respeto por la herencia, no siempre ponderada, que otros dejaron.

Raime

Por segundo año consecutivo, el festival catalán colabora con Bowers & Wilkins, lo que significa que el escenario al que dotará de nombre la prestigiosa firma de altavoces (el ya célebre 'iglú') volverá a contar con un equipo de audio sin parangón. Acaso como signo de nuestro tiempo, la noche del viernes la protagonizarán los sonidos sintéticos que recrean atmósferas densas y opresivas. Aunque no se trate de un directo sino de un dj set, apostamos por la sesión de Raime, un dúo británico que siente predilección por las texturas desasosegantes, próximo a esa electrónica de pesadilla que The Haxan Cloak defendió en el mismo lugar durante la pasada edición.

Kelela

Lo más sencillo habría sido definir a Kelela como 'otro clon de FKA twigs': juventud, una voz sensacional y un talento indiscutible para planear sobre sonoridades metálicas, minimalistas y urbanas. Sin embargo, la de Washington exhibe suficiente personalidad como para escribir su propio capítulo en el relato de la música negra contemporánea. Otro prodigio del R&B y el soul alternativo que ya ha enamorado a la mismísima Björk.

Shabazz Palaces

Secundado por el multiinstrumentista Tendai Maraire, la trayectoria de Ishmael Butler, otrora líder de los influyentes Digable Planets, parece no tocar techo. Shabazz Palaces, el primer grupo de hip hop fichado por SubPop, el sello que apostó por Nirvana o Soundgarden en plena eclosión del sonido Seattle, ha canalizado como pocos el malestar de la sociedad de consumo, aportando al diálogo entre lo viejo y lo nuevo una lectura vanguardista: psicodelia, acid jazz y sonidos del espacio exterior con un envoltorio retrofuturista.

HEALTH

Seis años después de publicar 'Get color', HEALTH ultiman los detalles de su tercer trabajo, cuyo primer adelanto, 'New coke', llegó acompañado de un vídeo que, fiel a su filosofía audiovisual, no es apto para almas sensibles. Como nuevos profetas del noise, los estadounidenses combinan murallas de distorsión, percusiones brutales y electrónica ruidista, capas y capas de sonido sobre las que se deslizan las voces frágiles y melódicas de Jake Duzsik y John Famiglietti.

Ought

Piensen en Television, Violent Femmes, The Feelies, Wire... y acertarán. Formados tras la revuelta estudiantil que los alumnos de la universidad de Quebec promovieron en 2012 para protestar por la subida de las tasas, Ought es un cuarteto que factura un post-punk infeccioso y repleto de aristas. Aun con cierto regusto arty, seducen con facilidad por los singulares fraseados de Tim Beeler, una reencarnación acelerada del David Byrne de los primeros Talking Heads.

Pharmakon

Si asistieron al concierto que Swans ofreció en el Kafe Antzokia de Durango el pasado mes de octubre, sobran los motivos para defender el proyecto de Margaret Chardiet, entonces telonera de excepción de la banda de Michael Gira. Aterrador. Golpeando sin concesiones los salvajes alaridos de la artista neoyorkina, los ritmos maquinales ásperos y sofocantes de Pharmakon nos guían hasta las entrañas del infierno. Noise industrial en modo extremo.

Panda Bear

Ya sea junto a sus compañeros de Animal Collective o en solitario, bajo la máscara de Panda Bear, Noah Lennox sigue reimaginando la historia de la música popular, especialmente en lo que respecta a la década de los sesenta, desde una perspectiva rabiosamente contemporánea. Como buen alquimista, en su quinto LP, además de elevar a la categoría de arte el uso del sample clásico, apropiándose con suma elegancia de piezas compuestas por Debussy y Tchaikovsky, perfecciona su fórmula hasta alcanzar la excelencia: pop ensoñador e hipnótico, coqueteos con el tropicalismo y la psicodelia, armonías atemporales y experimentos no exentos de riesgo. Imprescindible entre los imprescindibles.

Sun Kil Moon

Con Mark Kozelek sucede lo mismo que con el filósofo Martin Heidegger: mejor separar al artista de la persona. Pero 'Benji', su último LP, coronado por unanimidad como uno de los mejores discos de la pasada temporada, aúna folk apesadumbrado, deferencia a la gran tradición americana y toda la acritud que cabría esperar del diario personal de un tipo con un carácter tan peculiar. Su concierto en el Auditori puede ser histórico.

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